EL BCV anunció el 14 de septiembre un conjunto de medidas en materia de tasas de interés y encaje bancario cuyo objetivo, en palabras del comunicado del ente emisor, se expresa como sigue: “La medida busca fortalecer la efectividad de la política monetaria y estimular, de manera progresiva, que personas naturales y jurídicas mantengan una mayor proporción de sus saldos en bolívares, en lugar de buscar refugio en otras opciones. El BCV considera que las tasas de interés constituyen un instrumento activo de política monetaria y, por lo tanto, se tomarán acciones en esta materia para fortalecer su papel como canal estratégico en el proceso de estabilización de precios”.
Las medidas son las siguientes: 1. Remunerar los depósitos a la vista, los cuales constituyen más del 95% de los depósitos totales en el sistema bancario con una tasa de 10% anual. 2. Aumentar la tasa de interés de los depósitos a plazo de 36% a 46%. 3. Incrementar la tasa de interés de los depósitos de ahorro de 32% a 42%. 4. Mantener la tasa activa mínima en 16%. 5. Prohibir el cobro de nuevas comisiones bancarias. 6. Aumentar la tasa cobrada por el BCV a los bancos por déficit de encaje a un mínimo de 192%, a partir del saldo de encaje mantenido el 15 de septiembre.
Si se trata de recomponer las tenencias de activos de los venezolanos en favor del bolívar para quitarle ponderación al dólar o a cualquier otro instrumento que sirva de cobertura, la medida carece de cualquier sentido porque la remuneración a los depósitos de ahorro y a plazo cuya tasa tasa máxima es 46% no compite ni con la tasa de depreciación del bolívar respecto al dólar ni menos con la tasa de inflación, ubicada esta última en 535% anual en agosto. Tampoco con los rendimientos que se obtienen en la Bolsa de Valores de Caracas. No existe una tasa de interés razonable que no liquide al deteriorado sistema financiero que dispute en retorno a la inversión realizada, con una tasa esperada de devaluación como la que actualmente mantiene Venezuela, la cual excede el 200%, por lo menos.
Se entiende que el BCV busca contener la demanda de dólares y con ello evitar una mayor depreciación del tipo de cambio y en consecuencia, como dice el BCV emplear la tasa de interés ”para fortalecer su papel como canal estratégico en el proceso de estabilización de precios”. Esto tampoco tiene fundamento. Ello supondría que el BCV tiene un estudio econométrico sobre el mecanismo de transmisión de la política monetaria y ello no es cierto.
En una economía como la venezolana, caracterizada por el bimonetarismo con una inflación técnicamente definida como muy alta, es decir, con tasas de aumento de los precios durante doce meses superiores al 100% anual, la estabilización de lo precios no se alcanza con un movimiento tenue de las tasas de interés sino más bien con una estabilización dura del tipo de cambio, lo que significa la aplicación de un programa económico con apoyo financiero internacional de consolidación fiscal, que corte las expectativas de inflación y de la devaluación, que es donde radica el problema, debido a la falta de credibilidad generada por un desajuste fiscal financiado con emisión monetaria.
En el fondo lo más cuestionable del enfoque del BCV es que puede inducir a una desaceleración de la economía por la elevación del encaje bancario y con ello la afectación a una actividad crediticia ya muy debilitada. El BCV está pagando muy caro la política que ha seguido de congelar las tasas de interés en medio de una elevada inflación y ahora cuando quiere compensar a quienes no tienen confianza en el bolívar y se corrieron hacia el dólar buscando preservar su patrimonio, lo hace mal y tarde.
José Guerra







