En un movimiento que redefine la estrategia de Venezuela ante la comunidad internacional, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, anunció este miércoles el relevo de Samuel Moncada como representante permanente ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En su lugar, ha sido designada la embajadora de carrera Coromoto Godoy.
El fin de una era: El legado de Moncada
Samuel Moncada, historiador y una de las figuras más combativas del chavismo en el exterior, cierra un ciclo que inició en diciembre de 2017. Durante casi una década, Moncada fue el arquitecto de la defensa narrativa del Gobierno en Nueva York, especialmente en los momentos de mayor tensión con el Consejo de Seguridad y la Asamblea General.
Su salida marca un hito, pues Moncada no solo fue embajador, sino un «operador político de alto nivel» que anteriormente ocupó la Cancillería y diversos puestos clave en el servicio exterior. Rodríguez agradeció su gestión a través de sus canales oficiales, reconociendo su labor en años de alta confrontación diplomática.
¿Quién es Coromoto Godoy?
La nueva representante ante la ONU es una diplomática de carrera con un perfil técnico y político que genera confianza en el círculo íntimo de Delcy Rodríguez. Godoy ha escalado posiciones dentro del aparato internacional del Estado, destacando por:
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Trayectoria: Cargos de alta responsabilidad en la Cancillería y embajadas estratégicas (recientemente en España).
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Perfil: Se le asocia con una diplomacia más institucional pero de absoluta lealtad al Ejecutivo actual.
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Misión: «Consolidar la presencia de Venezuela en el Sistema de Naciones Unidas», según palabras de la propia mandataria.
«Confiamos en su experiencia y amplia trayectoria diplomática para afrontar los desafíos actuales de nuestra nación en el organismo multilateral», escribió Rodríguez.
Reacomodo tras la crisis de enero
Este cambio no es un evento aislado. Analistas coinciden en que la remoción de Moncada forma parte de la reconfiguración del gabinete tras los sucesos del pasado 3 de enero. La administración de Rodríguez parece estar buscando perfiles que, aunque leales, puedan navegar con mayor flexibilidad el nuevo escenario de presiones externas y la necesidad de reconocimiento ante organismos internacionales.
La llegada de Godoy a Nueva York sugiere una posible transición hacia una diplomacia de «puentes» o, al menos, una renovación de las caras que representan al país en un momento donde el reconocimiento institucional es el objetivo prioritario del Palacio de Miraflores.
La salida de Moncada podría interpretarse como el cierre de la etapa de «confrontación ideológica pura» para dar paso a una gestión más pragmática bajo el mando de Rodríguez.










