¡Perdónanos Tío Simón!

¡Perdónanos Tío Simón!

Asesinan y, ahora también matan, a quienes reclaman esos crímenes

 

El mundo entero habla ahora de Venezuela. Jóvenes ejercen un derecho, que el opresor cree desobediencia y, decidió convertir en tragedia. Ni Cher ni Juanes ni usted ni yo, nos pusimos un cartelito en el pecho para orar por los 25 mil venezolanos asesinados el año pasado. Es tan insensato que estos últimos, murieran en protestas que comenzaron por el reclamo de más seguridad.

 

El papá del joven asesinado en Chacao, me dijo que si su hijo iba a morir igual en manos de un delincuente, era mejor que se fuera luchando. Es estremecedor sentir que los secuestros disminuyeron estas dos semanas por sospechar que quienes los perpetran, estén ocupados en lesionar manifestantes o despacharlos para siempre.

 

Que tengamos años clamando protección y aparezcan, ahora, cientos de uniformados para cuidar sólo a quien les dio la orden. A veces cuestiono si en verdad nos importa cada víctima o si nuestros nuevos muertos, solapan a los que ya no son noticia. Quisiera pensar que nos cansamos de acumular listas de bajas que parecen drenarse en una furia fugaz, que merma por la llegada de un nuevo dolor.

 

Asesinan y, ahora también matan, a quienes reclaman esos crímenes. Y ahora es cuándo el mundo voltea y se horroriza por el exterminio. Aquí tenemos una verdad malograda por incontables mentiras y un vergonzoso silencio de medios, de cómplices, de un continente. Los rojos usaron piedras contra la cuarta pero les resulta inmoral si las recibe la quinta. No queremos piedras.

 

Mucho menos, que el gobierno se desentienda de sus balas. Para tapar la muerte y la culpa, no es suficiente un collarín. El gobierno tiene 15 años acumulando poder y el ciudadano tiene el mismo tiempo apilando indignación.

 

Aquí no había resignación, había demasiada nobleza en unas venas que también saben arder. Es la valentía que impulsa el hastío, frente a la cobardía propia de una inmerecida autoridad. Ya mataban a los venezolanos en su rutina y ahora los aniquilan por rebelarse contra lo que jamás debió ser costumbre.

 

Es tan injusto, que reunimos desconsuelo suficiente como para olvidar honrar a lo más puro y honesto de nuestra venezolanidad. A nuestro Sol de los Vena’os. Nuestro lucero de la mañana se levantó de su hamaca y sus sobrinos estaban ocupados como para verlo partir entre los maizales. Dejaste una Venezuela con demasiada gana junta Tío.

@piedraangolar / @carlaangola

 

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