Introducción: No es el petróleo el problema, sino lo que sistemáticamente hicimos de él.
La historia económica contemporánea de Venezuela se resume en petróleo, caudillismo, gasto público [insaciable y devorador], inversión [frustrada o confiscada], populismo, fragmentación y derroche. Historia recurrente de desmantelamiento republicano, acompañada de una sensible borrachera de petrodólares.
El sólo estudio de la proporción que representó la renta petrolera respecto al PIB y qué parte se transformó en capital físico [ahorro], inversión real [transferencia de tecnología] diversificación, infraestructura y talento humano, desnuda una evidencia alarmante: las bondades del crudo fueron convertidas en cenizas.
Petróleo en chorros.
El Banco Mundial estima que la renta petrolera llegó a representar 33,3% del PIB [1974], 35,9% [1979], 33,6% [1980] y 28,1% [1990]. En el período chavista alcanzó 28,1% del PIB en 2006 y 26,8% en 2008. Aisladamente este factor no dice mucho. Pero históricamente revela un vicio muy poderoso: tanto hemos sido dependientes del Petróleo, como poco ha servido para generar un estado diversificado y próspero. Noruega-con un aporte del petróleo del 23% del PIB y 1.7 MBD-acumula ahorros por el orden de los 700 billones de dólares con sólo 5 millones de habitantes. De ese monto 550 billones están colocados en renta fija.
En otras palabras, Noruega convirtió el ingreso petrolero en patrimonio financiero internacional, mientras nosotros lo convertimos en populismo, reparto, endeudamiento y corrupción. Así será de ‘noble’ el llamado minotauro, que con todo y su mal uso, ha becado familias enteras en el exterior [gran mariscal], generado empresas básicas e importantes infraestructuras; urbanidad, educación, vivienda y vialidad, más generaciones enteras de inmigrantes felices. Pero una voracidad incontenible vació la tesorería y quebró los cimientos de un país portátil, rico y pobre.
Cuando el administrador de un recurso-que ha significado un tercio del PIB- es un Estado archipiélago y corsario, el crudo pasa de ser un milagro en tierra de gracia a escremento del diablo [Dixit Juan Pablo Pérez Alfonzo]. Venezuela tuvo más de una época de extraordinaria renta petrolera. La diferencia estuvo en cómo se utilizó. Los acuerdos petroleros no son per se el punto crítico. Es el destino del recurso.
Entre 1958 y 1972, el PIB no-petrolero creció en promedio 6,8% anual y la manufactura—excluyendo refinación—7,8%. El Banco Mundial atribuye parte de ese crecimiento a inversión extranjera y sustitución de importaciones. Sin embargo-como veremos más adelante con Pérez I [1974-79]- el crecimiento de industrialización no petrolera se dispara a un 122% [Empresas básicas]. Betancourt y Leoni, experimentaron crecimientos estables del 6% tanto en producción como en PIB no petrolero. Lectura: Crecimiento sostenido con diversificación en el sector público, controlado por el Estado, pero poca inversion privada real.
Durante la gran bonanza de 1999–2013 [Chávez] aumentaron considerablemente las transferencias sociales y el consumo. La dependencia de importaciones y la utilización política de PDVSA fue a ritmo de caja chica. El PIB no petrolero se desplomó [exprópiese]. Un reparto social inagotable [de millardito en millardito] en medio de una política de confiscación e ideología, convirtieron la economía de azul efímero a rojo, rojita.
El estancamiento industrial acumulado-no consolidado-en 15 años promedió+2-3% anual, en medio de la mayor borrachera petrolera de nuestra historia. Ingresos por el orden de los 800 billones de dólares en la era Chávez [1999-2013], fueron dos veces y medio superiores a lo ingresado en 41 años de democracia [1958-1998]. Casi un trillón de dólares se consumieron en misiones, tratados con Cuba, Alba y Petrocaribe [que le han costado a la nación al menos 75 billones de dólares]; desfalco, chatarra militar, subsidios, ideologización, obras inconclusas, viviendas desechabes, saqueo de oro y petróleo y milicias [de cualquier nacionalidad].
Con Maduro llegó el colapso total. 70% de desindustrialización severa, caída de un 80% del PIB; pérdida del cono monetario [1$ =87 billones de bolívares anteriores], hambruna y desplazamiento, sin luz, agua, papel, lápiz ni ni medicamentos.
La pregunta frente al acuerdo petrolero Trump-Venezuela sería: ¿La nueva inversión petrolera permitirá convertir renta en infraestructura, productividad [privada], capital humano y crecimiento per cápita o simplemente generará rentismo, populismo, corrupción, violencia y miseria?
De Gómez a Medina, Pérez Jiménez y la nacionalización.
Cualquier comparable con la era Gómez, no es relevante por tratarse de un país [Venezuela] muy distinto en población, vialidad, educación y modelo político. Hablamos de un país que era una hacienda más que un estado, que salía de un siglo de montoneras y de caudillos a caballo.
Entre 1927 y 1935 la producción petrolera [en un país de 3-4 millones de habitantes] creció en un 146% y el PIB 66%. Pero seguimos siendo un país rural e iletrado bajo la dictadura del sable y el grillete. Con Medina la producción baja al 43% y el PIB no petrolero crece 60% [registrando desarrollo y diversificación]. El país se desruralizó. Con Pérez Jiménez se repite la ecuación: auge urbano, importantes obras públicas e infraestructura.
Con Pérez I 1974-1979-decíamos-el aumento de los precios del petróleo no generó un incremento de la producción [decrece un 21%: 2.3 MBD después de la nacionalización] pero aumenta 122% el proceso de industrialización no-petrolero. Chávez experimentó una caída de la producción [1999-2013] de un 13%, pero un crecimiento no petrolero del 57% acumulado, no reflejado en obras públicas sino en gasto social, rentismo y colaboración a tratados extranjeros [up supra]. La atrofia del Estado-Leviatán petrolero se acentuó.
Con Gómez cualquier comparable no mueve la aguja. Con Medina y Pérez Jiménez el crecimiento urbano y la movilización social es palmaria. Betancourt y Leoni establecieron importantes aportes de infraestructura, luz y agua. Carlos Andrés I, faraónico en términos de crecimiento no petrolero, embriagante en términos de botija. Lo común y sistémico: El petróleo-en el papel y en la constitución pertenece a todos los venezolanos, pero quién dispone, administra [o mal-administra] es sólo el estado convertido en un hombre. Surge una clase media fugaz, se acrecienta el culto al mesías. Un país rico termina en casas muertas.
Durante Juan Vicente Gómez Venezuela comenzó a transformarse estructuralmente de una economía agrícola en una economía petrolera. La explotación estuvo dominada por compañías extranjeras bajo régimen de concesiones. El Estado fue incrementando progresivamente su participación fiscal [15-16%: 1920-1922] Pero la escala poblacional era todavía corta. Venezuela tenía aproximadamente 3 millones de habitantes hacia 1930 y unos 6 millones al comenzar la década de 1950.
El petróleo permitió financiar carreteras, puertos, infraestructura urbana y administración pública, pero la cobertura social seguía siendo limitada. Privilegió el tamaño y las funciones del Estado antes que Venezuela pudiera construir y consolidar un sistema universal de educación, salud, agua y electricidad. Llegamos al periodo 1958–73: democracia, industrialización y capitalización.
Después de 1958 comienza una etapa diferente. La población pasó de aproximadamente 7 millones a 12,5 millones en 1973. El país crecía y se urbanizaba rápidamente. La política económica combinó petróleo, inversión pública, capital extranjero y sustitución de importaciones. En el periodo 1958-1972 las importaciones llegaron a representar sólo alrededor de 3% del consumo privado [1970] frente a 30% a finales de los años cincuenta.
Con Chávez importamos 1 de cada 4 dólares del PIB [soberanía alimentaria-sic-]. En 2012 importamos 62.000 millones de dólares y exportamos 97.000 millones de dólares. Cuánto de esas importaciones se fue por la cañería de CADIVI?: incalculable. Justo subrayar que Caldera I, Luis Herrera y Lusinchi, se mantuvo un récord elevado de importaciones. Recadi fue otro pésimo recuerdo. Sólo con Medina, Pérez Jimenez, Betancourt, Leoni y Pérez II, registramos una política real de sustitución de importaciones y una brecha de exportación, amplia.
Esto es importante porque muestra que la Venezuela anterior al primer gran boom petrolero sí estaba construyendo una base productiva interna. La inversión pública se tradujo en obras concretas. En 1959 comenzó el aprovechamiento hidroeléctrico del Caroní con Macagua I. Se creó EDELCA. Se expandió CADAFE. Se desarrollaron sistemas de riego […] En 1960 comenzó a operar SIDOR y se desarrolló la industria siderúrgica. También se expandieron cemento, petroquímica, automóviles, fertilizantes, electricidad, telecomunicaciones y manufactura.
La educación superior se expandió rápidamente: UCV, ULA, LUZ, Universidad de Carabobo, Universidad de Oriente y posteriormente la Universidad Simón Bolívar ampliaron las carreras de ingeniería. La idea central de esta etapa no es que todo fuese eficiente. Es que la renta petrolera estaba financiando una infraestructura productiva que aumentaba la capacidad futura del país, pero sin vocación de diversificación ni ahorro. Y llega Carlos Andrés Pérez I: el salto petrolero y la expansión del Estado.
La guerra de Yom Kippur [1973] y el embargo petrolero árabe, produjeron el primer gran salto moderno del precio del petróleo. La renta petrolera venezolana pasó a niveles extraordinarios. Los ingresos fiscales aumentaron abruptamente. El Departamento de Estado estadounidense estimaba que los ingresos petroleros del gobierno venezolano alcanzaron unos US$9.000 millones en 1974. Pertinente compararlo con la era Chávez: 89.000 Millones 2008 y 93,6 Mil Millones 2012 [23% y 16.4% del PIB].
Con CAP I esos ingresos se reflejaron en el V plan de la Nación: Industrialización pesada; expansión de la infraestructura; nacionalización del petróleo; diversificación y desarrollo regional. Con Chávez pasamos a una feroz distribución de la renta, llegando al colapso con Maduro por falta de auditoría fiscal, consumo indiscriminado de las reservas, endeudamiento y desfalco.
En otras palabras en 41 años de Democracia se recibieron unos 350 mil millones de dólares y en la era Chávez-Maduro unos 900.000 Millones de Dólares. Aunque en ambos periodos la incidencia del ingreso petrolero en el PIB fue alta [de un 9% a un 36%] al aporte fiscal del petróleo al estado promedió un 85%, es decir, más de 3 de cada 4 dólares de los venezolanos era administrado, controlado, repartido (usufructuado y bebido) por sus gobernantes.
La población de los 70’ era de unos 12,8 millones. Ahora unos 30 millones. En la era de ‘vacas gordas’ de CAP I, el ingreso petrolero trajo inversión, control del déficit fiscal, moneda estable, tasas de interés reguladas, infraestructuras, sustitución de importaciones. Le faltó generar ahorro. Con el boom Chávez, se exacerba el gasto social, las políticas de consumo masivo [misiones], infraestructuras no culminadas, políticas expropiadoras, caída de la inversión, caída de la producción, endeudamiento descomunal, cero ahorro.
La bonanza petrolera en los tiempos de Gómez, Medina, Pérez Jimenez, CAP I y Chávez, aparecieron y repercutieron en tiempos muy distintos, con consecuencias igualmente muy disimiles. En esencia el problema no fueron las concesiones petroleras o los sistemas/acuerdos de reparto. Fuel el control petrolero por el estado. Aquí reposa el estado de la cuestión: el justo medio entro lo público y lo privado.
El eterno problema fiscal.
La expansión del gasto creó compromisos permanentes sobre los ingresos extraordinarios. El Banco Mundial estima que el windfall petrolero [1974–82] fue equivalente aproximadamente a dos años de PIB. Y llega Herrera Campins. Represa el gasto, favorece el desembolso de divisas-RECADI, devalúa la moneda por primera vez de 4,30 a 7,50 Bs/$ [Gómez=3,90 Bs/$], Pérez Jiménez [3.60 Bs/$] y Betancourt, Leoni, Caldera, Lusinchi [4,30 Bs/$].
Cuando murió Chávez llegamos a una tasa de cambio de 6,3 ‘Bolívares Fuertes’ o 6,300 Bolívares (si le ponemos los 3 ceros eliminados). Chávez recibió la tasa de cambio a 500 Bs/Dólar, es decir, una devaluación de 12 veces respecto a la tasa de cambio recibida, con ingresos que significaron-hemos dicho-casi el triple de todo lo recibido en 41 años de democracia.
Con Maduro 1$ pasará a costar 80,7 Billones de Bolívares de la unidad anterior. El problema no fue explotar el petróleo sino expoliar y convertir los ingresos extraordinarios en gasto y deuda permanente sin respaldo. Regresemos al ejemplo Noruega. Con una producción de 1.7 mbd, ha logrado un ahorro de casi un trillón de dólares. ¿Cuánto deberíamos atesorar hoy en nuestras arcas? ¿Dónde están nuestros dólares? ¿Quién ha sido el verdadero beneficiado? ¿Por qué? ¿Por un contrato, una concesión o una regalía? El petróleo no es problema, como no lo es el sofá-sic-.
No es un acuerdo leonino o “transparente” en términos de garantizar inversión lo que nos favorecerá. Es un manejo desconcentrado y diversificado del ingreso capaz de viabilizar una inversión distributiva real y aliviar la carga de los riesgos del inversionista. Menos Estado más ciudadanos. Chevron no invierte estrictamente por seguridad jurídica o de reservas reales [que igual lo valora]. Lo que realmente asegura su inversión es sentirse [o no] en capacidad de superar el riesgo político que significa el modelo de estado concedente. En este sentido un Estado tutelado por EEUU [donde además es socio operativo] mueve la aguja.
La cifra “petróleo/PIB” oculta la verdadera enfermedad. El colapso no es el aporte petrolero al fisco, sino su estancamiento en manos del Estado. Noruega lo convirtió en un instrumento financiero de rentabilidad transparente. Esta es la claridad que necesitamos. Venezuela lo convirtió en un proyecto persona, oscuro y pesado.
Gasto social indiscriminado e inauditable [Chávez] vs. la inversión pública concentrada y faraónica [CAP I], comportan un hábito común letal: el petróleo en manos de un estado que monopoliza el reparto. ¿Privatizar es la solución? Tampoco. Si no resolvemos la cultura del arpa o ‘todo para mi donde el estado soy yo”, privatizar será un pase de manos.
EL problema no es nominal: Trump, Delcy o Betancourt; Chávez o Pérez; Gómez, Pérez Jimenez o Medina. Es un uso perverso y morboso por reservado, de un regalo de la naturaleza que “perteneciendo a los venezolanos’” convierte el oro negro en excremento.
Cuando hubo menos dependencia y más inversión en infraestructura más producción de capital humano [Gran Mariscal], cuando hubo prosperidad y ascenso social [agua, luz, vivienda y educación, Medina, Gallegos, Pérez Jiménez, Betancourt, Leoni, CAP I] agotamos una etapa necesaria pero prescindible. Pero llegó el consumo populista, el subsidio embriagador, el gasto desmedido, con lo cual perdimos del cono monetario, la tierra, el rumbo y la vida misma. Este es el verdadero atuendo que asalta la historia. No la reedición de un «Valladares»
Porque las historias no se solapan, se tergiversan.
[Continuará]: De Luis Herrera a nuestros días…Lo que tiene que venir , llegará.
Orlando Viera-Blanco
Abogado. Ex Embajador.
@ovierablanco. vierablanco@gmail.com









