Nelson Chitty La Roche: Algunas observaciones sobre Alex Saab y el fin del madurismo

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Nelson Chitty La Roche: Algunas observaciones sobre Alex Saab y el fin del madurismo

“El amor y el interés se fueron al campo un día, y más pudo el interés que el amor que le tenía”.
— Refranero popular español

¿Qué buscan los norteamericanos llevando a Alex Saab de nuevo a su sistema judicial, en cuerpo y alma, podría decirse? Más difícil aún cabe otra pregunta: ¿qué pudo mover a la presidenta encargada para ceder o proponerles a los administradores del protectorado ese movimiento?

Saab fue y es un hombre clave para Nicolás Maduro, quien recibió del régimen —que incluye a los dignatarios Rodríguez— apoyo y solidaridad en extremo. Se movió cielo y tierra para recuperarlo; hubo fanfarrias y jolgorios para celebrarlo, y ahora se encuentra en una condición más que compleja y difícil, si no seriamente precaria y comprometida.

El ciudadano colombiano Saab —menciona el Saren cuando informa de su deportación—, pero ¿no era venezolano? Más aún: ¿no era portador de pasaporte diplomático venezolano? ¿No fue ministro plenipotenciario? ¿No era ministro de Industria y Producción y, desde luego, miembro hasta hace poco del gabinete nacional?

Las respuestas conducen a la evidencia de que se obvió el cumplimiento de la Constitución y se impuso, con la anuencia de todos los miembros del gobierno de Maduro —incluido el ministro de la Defensa—, a un extranjero por encima de coterráneos seguramente más dotados. Además, se le concedieron todas las prerrogativas y la confianza, aun en áreas delicadas donde estaba involucrada la soberanía nacional.

Igual pasó con los cubanos, rusos, chinos, iraníes y bielorrusos, con quienes la revolución chavomaduristamilitaristacastristaideologista negoció ampliamente y sin ningún miramiento. Nada dijeron tampoco cuando Hugo Chávez declaró, en su ignorancia y compulsión demagógica, que Guyana podría explorar en el Esequibo, y ya vimos lo que pasó después.

Empero, lo que en este momento despierta curiosidad apunta a lo que Saab sabe de los manejos del gobierno, de las transacciones, comisiones, sobornos y, en suma, del esquema depredador con que se manejó la compra de alimentos para los sectores más desfavorecidos, así como el desembolso, tránsito y manipulación de ingentes cantidades de dinero y todo género de servicios financieros.

El temor que alcanza a muchos de los que han desempeñado cargos en ese deletéreo lapso de 1999 a 2026 —el período de mayor corrupción y desorden administrativo de la historia patria— consiste en que se les exija rendir cuentas, ya sea por la vía tributaria, debido a sus opulentos balances inexplicables racionalmente, o por las incursiones regulares en el intento de lavado de dinero y ocultamiento de pingües capitales en los más variados destinos del planeta.

Saab es una claraboya, un tragaluz, un lucernario apenas; pero puede, a través de él, empezarse a despejar, aclarar y soltar el ovillo de la mayor organización criminal que haya gobernado país alguno de América Latina.

Debe hacérsele un estudio forense al postrado Estado venezolano, que anda de rodillas y silente, pasivo, manso, enajenado ante quienes, dentro y fuera, cual vampiros, le chupan y le bebieron la sangre y, por si fuera poco, brotan de todas partes los hechos para legitimar, en cualquier caso y circunstancia, una justicia transicional.

La muerte de la compatriota Carmen Navas, madre de Víctor Hugo Quero, ha impactado al país entero y mostrado apenas una señal de lo que hay detrás de esta red de corrupción y crímenes de Estado con la que se gobernó durante 27 años.

Salieron a soltar 300 presos políticos más, y quedan muchos otros. Por cierto, no estamos contando los acusados y presos, condenados o enjuiciados por la aplicación de la Ley contra el Odio y otras normas punitivas y discriminatorias que se sancionaron para perseguir y criminalizar a los ciudadanos que pensaron y piensan distinto.

En paralelo, se advierte cómo paulatinamente se va apagando el madurismo, sustituido por los camaradas que gozan del favor de la nueva encarnación del poder. Lo único que faltaría sería declarar la falta absoluta de quien no estará de vuelta por estos predios en mucho tiempo; si acaso, alguna vez regresa.

El grosero fracaso en la gestión de los servicios públicos, por otra parte, no puede seguir obviándose con el argumento de que es necesario, para evitar desorden y asegurar la paz social, que los demás dignatarios del gobierno del chavomadurismomilitarismoideologismo continúen a cargo. Ello, siendo que los militares respetan a esos funcionarios y no a quien escogió —o escoja— la soberanía nacional en elecciones libres. ¿No es eso el non plus ultra de la sinvergüenzura?

¿A cuál estabilidad se referirán Donald Trump, Marco Rubio y la patota del MAGA?

 

Nelson Chitty La Roche

nchittylaroche@gmail.com
@nchittylaroche

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