Las expropiaciones impulsadas por Hugo Chávez, incluyendo hatos y empresas agropecuarias, resultaron en ruinas y en un declive económico profundo en Venezuela, esta política intervencionista no solo destruyó patrimonios productivos, sino que aceleró la crisis alimentaria nacional, en este contexto de fracaso estatal, el Hato El Frío en Apure emerge como el caso más emblemático y doloroso, que destruyó el campo venezolano, minando la economía agropecuaria de corrupción en múltiples operaciones de importaciones de ganado y otros rubros, cuando toda la carne que consumen los venezolanos debería producirse en nuestro suelo, porque definitivamente el futuro está en nuestra tierra.
Dolorosamente un referente ganadero, fue convertido en ruinas, intervenido en 2009 tras un anuncio en cadena nacional por Hugo Chávez, el Hato El Frío pasó de ser un gigante ganadero a un símbolo de fracaso estatal, sus 78.000 hectáreas en los llanos inundables, entre los ríos Apure y Arauca, siendo también el tercer humedal más importante de Sudamérica, lamentablemente se vio colapsar su producción bajo control gubernamental, además, han persistido denuncias históricas de presencia de grupos irregulares en estas tierras, pistas clandestinas y actividades ilegales vinculadas al narcotráfico, contrastando brutalmente con su misión histórica de producción ganadera sostenible.
Por ello, resulta imperativo reconocer que esta devastación no fue casual, sino el resultado directo de una ideología que priorizó el control sobre la eficiencia, la familia de dueños legítimos, que persiste hoy en la figura Alonso Samuel Maldonado Blaubach y su familia, herederos no solo de las tierras, sino de un modo de producción ecológica, y de compromiso con el campo venezolano, desde su abuelo, Samuel Maldonado y su Padre Iván Dario Maldonado, representando un ejemplo vivo de constancia, trabajo incansable y visión a largo plazo, aun en tiempos adversos, con el ánimo constante de ayudar a la recuperación del país.
Legado histórico y destrucción patrimonial.
Desde 1824, el Libertador Simón Bolívar otorgó el hato al general José Antonio Páez en pago por sus servicios independentistas, fue sitio clave de batallas como Mucuritas en 1817 y hogar de su casa histórica, declarada patrimonio nacional, pero demolida durante la expropiación por órdenes de Elías Jaua Milano (ministro de Tierras), con ejecución de Aníbal Espejo y respaldo de Juan Carlos Loyo del INTI.
El Hato fue adquirido en 1911 por Samuel Darío Maldonado Blaunink y gestionado por generaciones como Iván Darío Maldonado, el hato mantuvo una tradición centenaria de ganadería ecológica, en 2009, albergaba 42.000 cabezas de ganado vacuno y unos 45.000 chigüires, reducidos hoy a menos de 1.000 reses tras saqueos y caza ilegal, pese a que sus legítimos dueños prohibían estrictamente la caza y pesca excesiva, priorizando la preservación en sus 78.000 hectáreas, esta labor no solo honró un ineludible compromiso con sus antepasados, sino que impulsó el desarrollo histórico del Hato El Frío, del estado Apure y del país entero, conectando este patrimonio con su rol moderno, el hato demostró cómo la iniciativa privada puede equilibrar producción y conservación, así, su expropiación no solo borró un modelo exitoso, sino que abrió la puerta a la desidia y el crimen organizado.
Biodiversidad y ciencia arrasadas.
El Hato El Frío albergó la Estación Biológica El Frío desde 1974, fundada por Javier Castroviejo (biólogo español de la Estación Biológica de Doñana) con apoyo de la familia Maldonado Blaubach y colaboradores como José Ayarzagüena (herpetólogo y director por 32 años), Juhani Ojasti (experto en chigüire), la Asociación Amigos de Doñana y el Instituto Smithsoniano.
Se hace necesario remarcar que se generaron más de 150 publicaciones sobre humedales, peces, anfibios, aves (319 especies), mamíferos (más de 80), reptiles y la recuperación pionera del caimán del Orinoco (Crocodylus intermedius), reconocida por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN, estos trabajos, quemados tras la invasión, posicionaron a Venezuela como líder en sostenibilidad, atrayendo turismo académico y cultural, la pérdida de este acervo científico agravó el abandono, permitiendo que actividades ilícitas suplantaran el legado de innovación.
Hoy, con el país aspirando a libertades, democracia y respeto absoluto a la propiedad privada, restituir El Frío a la familia Maldonado Blaubach, quienes jamás recibieron pago estatal, marcaría un hito simbólico y práctico para revivir la producción agroalimentaria, este hato no solo alimentó al ejército independentista, sino que demostró cómo la iniciativa privada genera soberanía alimentaria, conservación y ciencia, contrastando con fracasos como cultivos de arroz en suelos inundables post-expropiación.
Su recuperación impulsaría ganadería ecológica, biodiversidad, empleo en Apure y el fin de actividades ilegales, reafirmando el valor de la producción venezolana como pilar de prosperidad, los dueños legítimos, con su constancia histórica, deberían estar listos para honrar ese legado y contribuir al renacer nacional.
En conclusión, restituir el Hato El Frío no es un acto de justicia aislado, sino un mensaje contundente al mundo: Venezuela rechaza la destrucción y abraza la libertad productiva, es hora de devolver la tierra a quienes la hicieron grande, cerrando el ciclo de ruina e inaugurando uno de esperanza, desarrollo y soberanía para las generaciones venideras.
@jufraga12











