Disolución opositora y elecciones en 2004 y 2005
Se pueden escoger diversas rutas para contar lo ocurrido durante los últimos veintisiete años en Venezuela. Aprovechando las ranuras e intersticios que nos deja la «realidad» política actual, yo escogí explicar lo ocurrido a partir de los resultados de los procesos electorales y cómo impactaron en dos mitos que se fueron desarrollando simultáneamente: el mito de la «mayoría» gubernamental y el mito de la «unidad» opositora y sus dificultades.
Los efectos
La semana pasada analicé el resultado nefasto del «Referendo Revocatorio» del 15 de agosto de 2004, que no fue únicamente que se mantuviera Chávez Frías en el poder y su gobierno hasta el día de hoy; tuvo otras perversas consecuencias que afectaron la participación en los siguientes procesos electorales, las elecciones regionales de 2004 y, sobre todo, la elección parlamentaria de 2005. Pero previo a eso, analizaré algunos efectos, particularmente sobre la unidad de la oposición que tanto trabajo costó lograr.
Tres fueron los efectos más graves y resaltantes del fracaso opositor en el Referendo Revocatorio de 2004 (RR2004), algunos de los cuales —sus secuelas y residuos— persisten hasta hoy:
El surgimiento de ese mito del «fraude electrónico», que ni en aquella ocasión ni nunca se ha podido demostrar, tal como ya he analizado en artículos anteriores y que no repetiré.
El desconcierto y la desmoralización del pueblo opositor venezolano respecto de los procesos electorales como vía de expresión política; nadie sabe exactamente en qué otra vía comenzó a creer ese pueblo venezolano, pero ciertamente —al menos en lo inmediato— no era la vía electoral.
Y el de mayor impacto inmediato: la disolución de la unidad política opositora, especialmente la de los partidos políticos, que afectó su participación en los procesos electorales de 2004 y 2005.
La disolución de la Unidad
Para la oposición, el primer efecto negativo e inmediato del resultado electoral del RR2004 fue la disolución de la unidad opositora que precariamente se venía logrando. No hay una fecha precisa ni un anuncio oficial de la disolución de la Coordinadora Democrática (CD); pero, de hecho, se disolvió a partir de los resultados del referendo del 15 de agosto.
Más de treinta partidos y grupos políticos y de electores integraban esta coalición; pero de ellos, cinco de los grupos que venían participando o cercanos a la CD, y algunas figuras individuales, se distanciaron definitivamente: Alianza Bravo Pueblo (ABP), La Causa R (LCR), Visión Emergente (VE), Fuerza Liberal (FL) y Un Solo Pueblo (USP); y de manera individual, un empresario que había sido integrante por la oposición en la «Mesa de Negociación y Acuerdos». De hecho, tanto ABP como LCR ya habían manifestado su desacuerdo en participar en la consulta del RR2004, por lo que su distanciamiento no fue nada extraño.
Dirigentes del grupo de los partidos que se escindieron de la CD continuaron con la denuncia del «fraude»; y algunos, como VE, propiciaban la creación de un «movimiento de resistencia nacional» y llamar a la «abstención activa» en las elecciones regionales. Ciertamente la «abstención» ocurrió, pero no fue nada «activa».
Entre los partidos más importantes que continuaron o no rompieron con la coalición opositora se encontraban: Acción Democrática (AD), COPEI, Primero Justicia (PJ), Proyecto Venezuela (PV), Un Nuevo Tiempo (UNT) y el MAS, cuyo líder, Pompeyo Márquez (1922-2017), quedó encabezando esa coalición; sin embargo, la decisión de participar o no en las elecciones regionales de octubre de 2004 fue una decisión individual de cada partido. Intentaron, sin lograrlo completamente, unirse en algunos estados para presentar candidatos únicos a las elecciones de gobernadores y alcaldes.
La postura crítica o de ruptura con la CD de algunas de las organizaciones mencionadas no quiere decir que esos grupos políticos o partidos no participaran en las elecciones regionales de 2004; de hecho, lo hicieron, aunque sin contar con la página web del CNE no es posible obtener información precisa de los que lo hicieron. Otras fuentes consultadas, distintas al CNE, señalan que prácticamente todos esos grupos políticos participaron en el proceso electoral regional de 2004.
Solamente algunas ONG —como Gente del Petróleo, agrupación formada por ejecutivos y empleados despedidos de Pdvsa tras el paro de 2002-2003— se negaron a participar con el CNE que organizaba ese evento y que había organizado el RR2004. Súmate, la asociación civil que había organizado toda la actividad con relación al RR2004, formalmente mantuvo su papel técnico y electoral, pero sus denuncias de irregularidades en el proceso, en el Registro Electoral Permanente (REP) y en los cuadernos de votación probablemente tuvieron impacto en el ánimo de los votantes. Lo mismo hicieron algunas individualidades, periodistas, empresarios, formadores de opinión, analistas, políticos, etcétera, que llamaron a abstenerse o no participar; prefiero omitir o reducir al mínimo la mención de nombres para no personalizar el tema y, sobre todo, para no ser injusto con los que incluya o excluya.
Retiros y «comando de campaña»
Los partidos opositores participantes en esas elecciones anunciaron muy tardíamente su decisión de hacerlo, y algunos lo hicieron bajo protesta, desconfiando del CNE; además, varios candidatos importantes a alcaldías —Alfredo Peña (1944-2006), en la Alcaldía Metropolitana de Caracas, por ejemplo— se retiraron pocos días antes de la contienda alegando que se «preparaba un fraude», con lo cual se dispersó aún más el voto opositor. No obstante, para esa elección se logró constituir un cierto «comando de campaña» que condujo las negociaciones con el CNE en materia electoral y que algunos consideran el antecesor de la coalición opositora que sustituyó a la CD. Pero, de hecho, la unidad opositora estuvo «descabezada» desde la disolución de la CD en agosto o septiembre de 2004 hasta que formalmente se constituyó, el 23 de enero de 2008, como un «Acuerdo Nacional» que adoptó su forma y nombre definitivo de «Mesa de la Unidad Democrática» (MUD) el 8 de junio de 2009. La MUD ha sido, hasta el momento, una de las fórmulas más exitosas de alianza política —básicamente electoral— y la más duradera, pues se extinguió en octubre de 2018.
Resultado de las Elecciones Regionales de 2004
Las elecciones regionales de 2004 se llevaron a cabo el 31 de octubre. Se disputaban 22 gobernaciones y 332 alcaldías y sus concejales, además de las alcaldías mayores de los distritos Capital y del Alto Apure. Tomando siempre las cifras oficiales del CNE —no hay otra fuente de datos electorales en Venezuela—, la población estimada de Venezuela en ese momento era de 23.054.210 habitantes, el número de registrados para votar fue de 14.218.064 y el número de votantes fue de 6.499.077. Es decir, el 54,3% de los electores, más de 7,5 millones, no pasaron por las mesas electorales, constituyéndose en la segunda abstención más alta en elecciones de este tipo; la primera sería la de las elecciones regionales de 2021, con 57,7%.
En 2004 el oficialismo obtuvo 3.761.129 votos, que representó 57,87% del total de los electores que efectivamente votaron, y la oposición obtuvo 2.536.560 votos, 32,86% (otras opciones y nulos obtuvieron unos 201 mil votos). Así, el oficialismo obtuvo 20 de las 22 gobernaciones en disputa y 270 de las 332 alcaldías. La oposición solo mantuvo dos gobernaciones, Zulia y Nueva Esparta, y 62 alcaldías de las 220 que tuvo en el periodo anterior. El resultado fue catastrófico para la oposición; pero lo que significaría, por el contrario, un rutilante triunfo del oficialismo, no fue tal, pues con ese porcentaje de abstención los resultados para ambas opciones —oficialismo y oposición— fueron pésimos, al menos en cuanto al volumen y apoyo de los electores, aunque sin duda alguna el oficialismo lo consideró un «triunfo».
«Morochas» engañosas
El resultado, con tan alta abstención, también denota cómo se manejó el sistema electoral, la campaña y la forma de votación, pues únicamente con el 26,45% de los más de 14 millones de electores, los partidarios de Chávez Frías ocuparon el 81% de los 354 cargos en disputa. Obviamente eso fue posible mediante la técnica fraudulenta de «las morochas», que consistía —o consiste— en presentar listas idénticas de candidatos, pero en dos partidos diferentes —por eso lo de «morochas»—: en uno «candidatos nominales» y en el otro «candidatos por lista», aprovechando el vacío de la ley para burlar la fórmula matemática de asignación por representación proporcional de minorías y lograr así que una sola fuerza política obtenga casi la totalidad de los escaños. Triunfó, una vez más, la eficacia política sobre la verdadera representación.
Elecciones Parlamentarias de 2005
El impacto negativo en el ánimo de los electores de oposición del resultado del RR2004 se extendió y se hizo crítico en la «elección parlamentaria» de 2005, no solo porque la oposición dejó de participar —uno de los peores errores políticos cometidos por la oposición y su dirigencia—, sino porque se entregó la Asamblea Nacional al gobierno y, sobre todo, por la forma en que ocurrió, lo que incrementó el escepticismo sobre los procesos electorales. Si para las «elecciones regionales» de 2004 hubo dudas por parte de los partidos opositores en cuanto a participar o no en procesos electorales, dados los resultados mencionados —poca participación, bajo porcentaje de votos por el oficialismo y abultado número de cargos obtenidos—, la mayoría de esas «dudas» se disiparon para las elecciones parlamentarias convocadas para el 4 de diciembre de 2005.
En 2005 persistió la falta de unidad organizativa de los partidos que conformaban la oposición democrática. Ya no existía una organización formal opositora. La oposición estaba «descabezada» tras la disolución de la CD, y el esfuerzo de constituir un «comando de campaña» para las elecciones regionales no fue suficiente, ni siquiera para cubrir esas elecciones, mucho menos para organizar a una dispersa y desalentada oposición. Para las elecciones parlamentarias de 2005, el bloque más radical abstencionista impuso su criterio de no participación. Los partidos por momentos mantuvieron una intensa discusión interna —y a veces públicamente— acerca de la participación, pero nuevamente se fueron adoptando decisiones de manera individual y retirándose por separado de la contienda. A última hora, el 29 de noviembre, lo hizo AD, y acto seguido Copei, PJ y PV, mientras que se mantuvieron el MAS y LCR (esta última ya se había distanciado de la unidad durante el proceso de las elecciones regionales). Bien sea participando en una contienda o negándose a formar «bloque» en el retiro de ella, el resultado es el mismo: fractura de la unidad. No hay ni que mencionar el efecto desmoralizador que en la población opositora produjeron los avances y retrocesos en la discusión —y el tono de esta— acerca de si participar o no en el proceso electoral.
El debate abstencionista
El debate sobre la participación o la abstención siempre es el mismo: ¿cómo diferenciamos la abstención como posición política de la mera apatía o indiferencia? Obviamente eso solo se puede notar en la organización de la población, su movilización y las actividades que se desarrollen para convencer a los votantes de la «justicia» de esa posición frente a un proceso amañado y ventajista por parte del gobierno. ¿La de 2005 fue realmente una abstención organizada por parte de la oposición democrática ante un proceso que consideraban ilegítimo, o fue una consecuencia de la frustración que se arrastraba del RR2004 y las regionales de ese año? Aunque al final el resultado en números —entre abstención por posición política o por indiferencia— sea el mismo, su significado es muy diferente. No encuentro ningún argumento para afirmar que la posición «abstencionista» de 2004 y 2005 —y posteriores— haya sido una estrategia que haya tenido un impacto «movilizador» en la población.
Como ejemplo, la abstención más alta en Venezuela fue la del «Referéndum para la Convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente» de 1999, que fue de 62,35%; con la exigua minoría de unos 3,6 millones de votos, un tercio del país impuso a los dos tercios restantes la convocatoria a elegir una Asamblea Nacional Constituyente que ya de por sí era de dudosa legitimidad, tan solo avalada por una sentencia de la Corte Suprema de la época, de la cual posteriormente se arrepintieron algunos de sus ponentes.
Conclusión
El mefistofélico efecto del referendo de 2004 fue desapareciendo gradualmente, y aunque aún hoy quedan «rescoldos» —el mito del fraude electrónico, por ejemplo—, la posición de no participar en procesos electorales fue cediendo poco a poco, y para las elecciones presidenciales de 2006 encontramos a una oposición más organizada, bajo una especie de comando o consigna denominada «Unidad Nacional», que participó —al menos parcialmente— en ese proceso electoral y los subsiguientes, que analizaremos en la próxima entrega.
Ismael Pérez Vigi
https://ismaelperezvigil.wordpress.com








