Beatriz de Majo: Paradojas del viaje de Marco Rubio

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Beatriz de Majo: Paradojas del viaje de Marco Rubio

Marco Rubio se fue esta semana en viaje de trabajo a atender los intereses estadounidenses en Suramérica y escogió bien a donde dirigirse. Venezuela, país bajo tutela norteamericana, no formaba parte del periplo. No era necesario y veremos por qué.

El Jefe de la Diplomacia de Donald Trump tuvo buen cuidado de aclarar antes de su partida su doble condición de Secretario de Estado y de Asesor de Seguridad de la Casa Blanca. Y es que buena parte de la agenda de los Estados Unidos en estos encuentros con los gobiernos más alineados con sus intereses en este momento, estuvo dedicada al tratamiento de los temas de la seguridad hemisférica. La cooperación económica en principio también, pero para más tarde.

El viaje estaba previsto para anudar lo que hay que bueno en la coyuntura actual entre Colombia, Perú y Ecuador. Un elemento es común a estas tres democracias es la crisis interna de seguridad que están enfrentando y que manejan muy ineficientemente. Las operaciones de De la Espriella en contra del terrorismo y el crimen organizado, en la que la participación activa de los Estados Unidos ha asegurado buenos éxitos y éxitos tempranos, había sido ampliamente publicitada para que sirviera de decorado para la oferta de ayuda que Washington llevaba en la manga para ofrecer a los otros dos países, Ecuador y Perú.

De allí que la iniciativa del Escudo de las Americas y la oferta de cooperación económica a los países que se sumen al proyecto, fue el plato fuerte de la visita del ex senador republicano. Estados Unidos dio a conocer a los gobiernos de los países visitados y al resto que 52 millones de dólares provenientes de programas de financiación militar extranjera de los EEUU habían ya sido transferidos para fortalecer a gobiernos alineados con USA.

En Colombia y Ecuador dieron una bienvenida entusiasta a un esquema de cooperación militar y de seguridad y ya se encuentran dentro de las filas del Escudo. Keiko Fujimori también abrió los brazos tibiamente a un mayor acercamiento en seguridad, siempre que Washington ofrezca un mejor soporte económico y no exija a Lima un divorcio de Pekin que Perú no está dispuesto a asumir. El tema de la colosal gravitación que hoy tiene China en sectores claves de la economía peruana no fué planteado por Rubio, pero la recién nombrada presidenta si hizo un punto de honor el mencionar la importancia que tiene para su país las estrechas relaciones económicas que han conseguido labrar con la región de Asia- Pacifico.

Y hasta allí. Se esperaba mucho mas de la visita del Jefe de la Diplomacia gringa que armó sus bártulos para visitar los tres mejores amigos de Norteamérica con el deseo de reparar el olvido y la inacción histórica de los Estados Unidos en materia de acercamiento real y cooperación con el desarrollo de Latinoamérica. Fue claro que, de nuevo, el interés norteamericano es el de exhibir un liderazgo regional en el que claramente la consigna es continuar “arrimando la brasa para su sardina”.

Mientras tanto, en estas mismas fechas del periplo de Rubio, Donald Trump ha exhibido con gran fanfarria y con frases elogiosas y altisonantes, sus ejecutorias en la Venezuela tutelada por Washington y presidida interinamente por quien ha sido enemiga histórica acérrima de los Estados Unidos.

Allí el gobierno americano se llena la boca de explicitar como el gobierno de Delcy Rodríguez será el destinatario de una cooperación en inversiones de proporciones épicas y de legalidad dudosa al sector petrolero, mientras los aranceles a los productos de Ecuador, Perú y la misma Colombia liquidan los esfuerzos de exportación de cada una de etas economías. Colombia, el más cercano a Washington de los tres, hoy enfrenta un arancel estadounidense de 12,5%, justo cuando la Casa Blanca y el departamento de Estado dicen querer tender lazos de ayuda económica.

Tal incongruencia no se trató de manera abierta por ninguna de los países visitados, pero el interrogante sobre la intención real de una interacción sostenida y beneficiosa para los países suramericanos quedó en suspenso. La política exterior de Trump y explicitada por su Secretario de Estado no parece organizada alrededor de quién es amigo o enemigo ideológico de Washington, sino alrededor de qué puede aportar cada país a los intereses estadounidenses.

 

Beatriz de Majo

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