Lo que para el calendario litúrgico es el fin de la Semana Santa, para la calle venezolana es la culminación de una catarsis colectiva. Este domingo, la tradicional Quema de Judas dejó de ser un simple acto folclórico para convertirse en un crudo despliegue de sátira política y un recordatorio de las fracturas sociales que persisten en el país.
La creatividad ciudadana no conoce fronteras ideológicas. En Los Ruices, la comunidad optó por la ironía transcultural al personificar al «traidor» como el Capitán América, una elección que refleja la compleja relación de la psique venezolana con las influencias externas y las promesas incumplidas.