La acumulación de temblores y terremotos en los últimos meses en América Latina desató especulaciones y nerviosismo en una región de gran actividad sísmica, con los temores de que cualquier movimiento de la tierra sea el comienzo de una nueva tragedia.
“Tenemos un registro de más eventos, como que hay una seguidilla, una mayor percepción”, dijo a CNN Andrés Richard, doctor en ciencias geológicas e investigador del Conicet (Argentina). “La Tierra es un sistema dinámico que todo el tiempo está en movimiento. En ciertos límites particulares hay acumulaciones de esfuerzos que cuando superan la resistencia de la roca generan estos sismos. Por las distancias y distintos contextos tectónicos, no podemos establecer una conexión directa” entre ellos, explicó.
Cerca del 90 % de los terremotos del planeta ocurren en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, que abarca desde Japón y Oceanía hasta varias zonas de América Latina (como los Andes y la costa oeste de México). De este lado del Cinturón hay varias placas tectónicas (como Nazca, Caribe y Sudamericana), por lo que la región está expuesta a sus movimientos y su interacción.
¿Si la Tierra tiembla en Colombia, el movimiento de la plataforma puede causar un temblor días después en Costa Rica? No es así como funciona, explicó Richard. Aunque un sismo potente puede quedar “dando vueltas hasta por varias semanas”, no es que genere otro movimiento, más allá de las réplicas. “Para que haya una vinculación directa, tenemos que esperar una separación de minutos o segundos. Existen sismos que desencadenan otros, pero tienen que ser casi al instante, como pasó en Venezuela (en junio). Si pasan días o semanas entre un evento y otro, no hay una influencia directa”, afirmó.
De todas formas existe una falsa sensación de “efecto dominó” que causa nerviosismo, en especial por los antecedentes de algunas regiones y las noticias que muestran la vulnerabilidad de las zonas sin construcciones resistentes adecuadas a las normas.
En 2010, hubo un ciclo muy fuerte que incluyó un terremoto de Puerto Príncipe en enero, aunque moderado en magnitud (7,0), fue devastador; en febrero, el terremoto de Maule en Chile, 8,8, uno de los más potentes registrados en la historia; y en abril, el terremoto de Mexicali, a lo largo de la península de Baja California. Pero corresponden a fallas independientes que acumulan tensión en paralelo y rompen por coincidencia en la misma época.
“En lugares donde históricamente ha habido eventos se genera una preocupación. Pero no es posible, a partir de vincular eventos aislados, determinar cuándo será el próximo o si algún lugar aumentó sus probabilidades en ese período, basándonos solamente en esos datos”, aseguró el investigador.
La región que rodea a Colombia es de fuerte actividad sísmica
El terremoto de magnitud 7,4 es el más fuerte registrado en el país en la última década, según las autoridades.

Cada región, además de las correspondientes placas, también tiene sus particularidades.








