Pánfilo Masciangioli: Terremotos en Venezuela

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Pánfilo Masciangioli: Terremotos en Venezuela

¿Qué fue lo que pasó?
Una mirada al riesgo, la vulnerabilidad y los daños

Un país sísmico sin información confiable

¿Por qué el mundo supo más del terremoto de Venezuela por el USGS que por FUNVISIS?
El terremoto del 24 de junio de 2026 dejó al descubierto una realidad incómoda: Venezuela depende más de organismos internacionales que de su propia institución sismológica para entender lo que ocurre bajo sus pies. FUNVISIS, que durante décadas fue un referente regional, hoy opera con una marcada falta de transparencia. No publica el estado de su red instrumental, no informa cuántas estaciones están activas o inactivas y no emite boletines técnicos detallados. En un país altamente sísmico, esta ausencia de información no es solo un problema administrativo: es un riesgo directo para la población.

Frente a este vacío, el USGS —el Servicio Geológico de Estados Unidos— se ha convertido en la fuente principal de datos confiables. Gracias a su red global de sismógrafos, distribuida en todos los continentes, puede detectar, localizar y caracterizar grandes sismos en Venezuela con precisión, incluso sin tener estaciones dentro del país. Por eso, cuando ocurrió el terremoto de Morón, el mundo supo primero lo que había pasado gracias al USGS, no a FUNVISIS.

Un doblete sísmico: dos rupturas mayores en menos de un minuto

Según el USGS, Venezuela experimentó un doblete sísmico, un fenómeno poco común en el que dos rupturas grandes ocurren casi simultáneamente en fallas cercanas.

·       El primer evento, de magnitud 7.2, ocurrió apenas 39 segundos antes del segundo.
·       El segundo, de magnitud 7.5, fue el verdadero sismo principal.
·       Ambos se originaron en la compleja zona de interacción entre la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana.

Este tipo de doblete ocurre cuando la primera ruptura altera el campo de esfuerzos en un segmento vecino, dejándolo listo para fallar de inmediato. En términos simples: no fue un sismo con réplica, sino dos terremotos mayores, independientes pero encadenados.

Para dimensionar la magnitud del evento, basta recordar que un sismo de 7.5 es aproximadamente 10 veces más intenso que uno de 6.6, como el de Caracas en 1967. La escala sísmica es logarítmica: cada grado adicional implica unas 10 veces más amplitud de las ondas y alrededor de 32 veces más energía liberada. Aunque las cifras parezcan cercanas, la diferencia física es enorme.

El riesgo sísmico: una ecuación que Venezuela no puede ignorar

El riesgo sísmico no depende solo de la magnitud de un terremoto. Es una relación matemática:
Riesgo = Amenaza × Exposición × Vulnerabilidad × Consecuencia

Amenaza:

El norte del país es sísmico por naturaleza. La historia lo demuestra: 1641, 1766, 1812, 1900, 1967, 2026. Toda la franja norte está atravesada por fallas activas —San Sebastián, Boconó, El Pilar— capaces de generar sismos de magnitud 7 o superior.

Exposición:

Más población, más infraestructura, más densidad urbana. Caracas, Valencia, Maracay, La Guaira y Barcelona–Puerto La Cruz concentran millones de personas y gran parte de la infraestructura crítica del país. A mayor concentración humana y económica, mayor es el impacto potencial de un terremoto.
Vulnerabilidad:

El punto más débil de la ecuación. Aquí es donde Venezuela enfrenta su mayor desafío. La vulnerabilidad depende de cómo están construidas las edificaciones, dónde están ubicadas y qué tan bien pueden soportar la intensidad del movimiento sísmico. Ha aumentado por desigualdad constructiva, construcciones recientes de calidad variable y expansión urbana desordenada.

Consecuencia:

El impacto final en vidas, economía y funcionamiento del país. Es el resultado tangible del terremoto: pérdidas humanas, destrucción de viviendas, interrupción de servicios esenciales, daños en hospitales, escuelas, puentes y refinerías, impacto económico prolongado y desplazamiento de familias. En Venezuela las consecuencias tienden a ser más graves porque los sistemas de respuesta están debilitados.
 
Normas sismorresistentes y calidad constructiva

Tras el terremoto de Caracas de 1967, Venezuela adoptó normas sismorresistentes modernas. Durante tres décadas, estas normas se aplicaron con rigor, y las edificaciones formales construidas entre 1970 y 2000 muestran un desempeño notablemente sólido.

Pero la existencia de una norma no garantiza por sí sola la seguridad estructural. Su efectividad depende de un diseño adecuado, calidad de materiales, supervisión técnica y control de obra.

El giro del siglo: programas masivos de vivienda

A partir de los años 2000, el país impulsó grandes programas de vivienda social. Aunque permitieron reducir el déficit habitacional, surgieron dudas sobre el cumplimiento estricto de normas, calidad de materiales, supervisión independiente y la presión política por construir rápido.

Los daños observados en varios urbanismos recientes sugerirían una mayor vulnerabilidad estructural. Será indispensable comparar el desempeño de edificaciones pre Chávez y post Chávez para obtener conclusiones técnicas, no políticas.

La vulnerabilidad invisible: los barrios en laderas
Desde hace décadas, en numerosos barrios populares se construyen viviendas de varios niveles sin diseño estructural, sin ingenieros y sin control municipal. Muchas están ubicadas en laderas con suelos débiles y pendientes pronunciadas.

Estas estructuras presentan una vulnerabilidad extrema incluso ante sismos moderados y representan uno de los mayores riesgos humanos del país.

Daños del terremoto: un país expuesto

Los reportes preliminares muestran:

·       Colapsos parciales en urbanismos recientes.
·       Daños severos en fachadas y elementos no estructurales.
·       Fallas en edificaciones informales en laderas.
·       Interrupciones de servicios básicos.
·       Afectación de vías y puentes en zonas costeras.
·       Riesgo industrial en áreas con refinerías y plantas petroquímicas.

La magnitud del daño real aún no se conoce, en parte porque no existe una institución nacional capaz de cuantificarlo rápidamente.

Conclusión: un país sísmico que necesita información, normas y transparencia

El norte de Venezuela es sísmico por naturaleza. No es una opinión: es geología, historia y evidencia. El terremoto de 2026 no fue una sorpresa; fue un recordatorio.

Para reducir el riesgo, Venezuela necesita:

·       Una red sismológica funcional y transparente.
·       Normas sismorresistentes aplicadas sin excepciones.
·       Supervisión técnica independiente.
·       Planificación urbana realista.

· Una evaluación honesta de la vulnerabilidad acumulada.

Mientras eso no ocurra, cada gran sismo seguirá siendo una tragedia anunciada.

 

Pánfilo Masciangioli: Físico venezolano con una trayectoria de más de cuatro décadas dedicada al estudio del mar, la atmósfera, el agua y los riesgos naturales. Formado en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y posteriormente en Texas A&M University, donde obtuvo un doctorado en Ingeniería Civil con énfasis en recursos hídricos y medio ambiente.

 

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