Orlando Viera-Blanco: Una segunda ola: ¿un accidente improbable?

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Orlando Viera-Blanco: Una segunda ola: ¿un accidente improbable?

La presencia militar en el Caribe evoca viejos dilemas de soberanía y poder en la región. Washington mantiene una fuerza significativa en alerta para evitar que cualquier actor interrumpa sus objetivos estratégicosLos venezolanos a lo interno y a lo externo de Venezuela vivimos con sentimientos encontrados. El país necesita encarar un proceso de reinstitucionalización urgente para que vuelva la normalidad. No es solo vivir en democracia. Es vivir sin miedo, sin incertidumbre, sin la amenaza de la indefinición.

La viabilidad y conveniencia de una segunda incursión en Venezuela—para capturar a nuevos acusados de narcotráfico y terrorismo— y la posibilidad de que regrese María Corina Machado, es un análisis que merece compostura. Veamos.

¿Una nueva ola geopolítica?

Venezuela se encuentra en una encrucijada histórica. Después de décadas de crisis económica, colapso institucional y profunda conflictividad política, el status quo ha cambiado en los primeros días de 2026. No todos sus actores pero sí su actitud y su narrativa. Y sabemos que no es honesta sino condicionada y vigilada.

La operación militar de EEUU resultó en la captura de Nicolás Maduro y su esposa, acusados de narcotraficantes y otros delitos internacionales vinculados al terrorismo, posesión de armas, facilitadores de las instituciones del estado para delinquir. Fueron trasladados a Nueva York para enfrentar los cargos federales, un momento sin precedentes en las relaciones hemisféricas del siglo XXI. Es este el destino que muchos militares y funcionarios del régimen podrían tener.
¿Basta la amenaza de captura para obedecer las órdenes de la Casa Blanca? ¿Una segunda intervención es viable y conveniente para capturar a otros miembros de la cadena de mando señalados por la justicia norteamericana como parte de redes de narcotráfico y terrorismo, incluída Delcy Rodríguez? ¿O sería contra–productivo desde una perspectiva estratégica, política y geopolítica? ¿Y qué rol podría jugar en el futuro inmediato una figura como María Corina Machado? ¿Es momento de acometer el restablecimiento de la justicia para juzgar a los culpables en Venezuela? ¿Seríauna segunda incursión un accidente improbable [Dixit H.Kissinger] o acaso necesario?

Exploremos estos cuestionamientos o escenarios desde lo jurídico, militar, diplomático, político interno en EEUU y en Venezuela, así como sus implicaciones para la estabilidad regional.

La incursión 3-01-26. ¿La estabilización puede conducir a la desestabilización?

La operación militar estadounidense—que incluyó fuerzas especiales, apoyo aéreo y naval fue una incursión poderosa, inédita por la contundencia del arsenal utilizado, infalible y sin duda, traumática. La Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York acusó a los capturados de los referidos delitos vinculados con el narcotráfico y conspiración internacional para introducir cocaína a EEUU [acusaciones que datan de 2020].

Tras esta operación, Delcy Rodríguez quien hacía las veces de vicepresidenta, juró como ‘presidenta encargada de Venezuela’. Sobre la legitimidad de esta designación, no corresponde el análisis en este ensayo. La ecuación es simple. Si Maduro no era un mandatario legítimo tampoco lo es su cadena de mando. El tema es que ‘el diseño de Washington’ supone una suerte de transición de la transición coexistiendo con el antiguo régimen ‘como colaborador sumiso’. El efecto post traumático de la incursión 3/1/26, genera una extrema e indoblegable obediencia. ¿Pero seguirá siendo así? ¿Habrá otros dispuestos a rebelarse?

Rodríguez ha asegurado que “enfrenta estos eventos con dolor”. Washington busca estabilizar la situación [con ella y otros miembros del gabinete] para avanzar a una fase de recuperación y por último a una transición democrática. ¿Cuánto tiempo puede durar una fase inicial “de estabilización” sin un restablecimiento real de la república en términos de estado de derecho, justicia, libertad y muy importante, regreso a casa? ¿La estabilización es sostenible sin reconstrucción de un Estado ausente?

La presencia militar en el Caribe evoca viejos dilemas de soberanía y poder en la región. Washington mantiene una fuerza significativa en alerta para evitar que cualquier actor interrumpa sus objetivos estratégicos en Caracas o en la región. ¿Esta presencia es indefinida en el tiempo?

Este nuevo escenario crea dinámicas inéditas: una administración estadounidense actuando en otro país para procurar un cambio de régimen y retorno a la democracia. Una suerte de protectorado que sugiere obedecer a cuenta de “sufrir las mismas consecuencias”. La variables que podrían irrumpir en la estrategia de estabilización son las propias disidencias internas contra Delcy et al, un levantamiento de las fuerzas militares que no avizoran impunidad o viabilidad en la transición o del propio pueblo, hastiado de silencios forzados, persecución y hambre.

Delcy Rodríguez: ¿Una aliada útil o frágil?

Delcy Rodríguez aunque no figura formalmente en las acusaciones penales estadounidenses que llevaron a prisión a Maduro y su esposa, si ha estado en el radar de la justicia estadounidense desde antes de 2026. Investigaciones la ubican como “objetivo prioritario” debido a vínculos con lavado de dinero y estructuras de poder dentro del chavismo.

Esto plantea un primer dilema: ¿Es Delcy una aliada útil para Washington en términos de transición y estabilidad, o un objetivo legítimo de captura si se busca erradicar las redes criminales en Venezuela?

La narrativa oficial estadounidense sostiene que Maduro lideró un sistema de narcotráfico y corrupción que actuó como una organización terrorista, designada también como tal por el Departamento de Estado en 2025. Si esa lógica se extiende a otros actores de la élite chavista implicados en narcotráfico o violaciones a DDHH, EEUU podría argumentar que arrestarlos o enfrentarlos a cargos judiciales en cortes federales constituye una continuación de un esfuerzo legítimo legal, no sólo político, para combatir el crimen transnacional. Desde ese ángulo, una segunda captura[s] podría ser presentada como una extensión de la guerra contra las drogas y el terrorismo.

Más allá de los cargos legales, existiría una narrativa de justificación de seguridad hemisférica: reducir las capacidades de redes que conectan el poder político con organizaciones criminales en América Latina. La designación de redes como el Cartel de los Soles como organización terrorista por parte de EEUU y varios países latinoamericanos, refleja una preocupación más amplia sobre cómo estos flujos afectan tanto la seguridad regional como la doméstica estadounidense.

En contra de una segunda operación militar, también existen argumentos a considerar. El riesgo de comprensión y legitimación de una intervención externa, es un acto de diplomacia de fuerza siempre cuestionable y difícil de digerir. Además otras naciones poderosas podrían verse tentadas a aplicar la misma fórmula. Vale la pena mencionar que la nueva Junta de la Paz del presidente Donald Trump podría ser el prólogo de una muerte anunciada de las Naciones Unidas. Un club de amigos diferentes por recurrir a elementos estructurales distintivos para resolver conflictos armados: i.-Establecer gobiernos legítimos en zonas de posguerras; ii.-Asegurar una paz duradera; Extensión del ámbito de competencia a conflictos globales.

La Junta de Paz es un nuevo instrumento de soberanía supra territorial La integran—por ahora—: Argentina, Hungría, Marruecos, Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Turquía, Egipto, y Pakistán. Ellos representan al menos un tercio de las exportaciones mundiales de crudo. Sumar a Venezuela en situación de recuperación sostenible, es un tema geopolítico clave en el hemisferio. ¿Puede añadirse Venezuela estando gobernada por un régimen sub judice? ¿Lo haría otro actor de investidura democrática, sabiendo los compromisos de admisión y alineamiento que la Junta de Paz solicita?

Traemos el tema a colación porque la Junta de Paz resume la doctrina que enmarca la política exterior de hoy de la Casa Blanca. Entonces, ¿es plausible una segunda ola de capturas en Venezuela?

Una II operación de enforcement consolida la percepción internacional de EEUU como un actor de fuerza en otros estados calificados como enemigos por ser narcoterrorista. Esto aliena sectores importantes de la comunidad internacional—incluyendo socios de la OTAN y países latinoamericanos—y alimenta narrativas ‘anti imperiales’ que fortalecen a regímenes autoritarios aliados de Caracas como Cuba o Rusia. Además pone sobre la mesa, ‘pagar con la misma moneda’, intereses de países rivales sobre otros territorios, a cuenta de ‘“asegurar la paz duradera”. ¿Un factor desencadenante?

La experiencia histórica nos dice que incursiones de esta naturaleza, aun siendo contundentes, podrían convertirse en un teatro de insurgencia prolongada. No es bueno emerger como adalid de una ocupación de facto. Ello también conduce a consecuencias impredecibles para la seguridad regional.

En el caso Venezuela, nuevas capturas podrían derrumbar aún más la ya frágil administración estatal venezolana, conduciendo a un vacío de poder y al colapso de servicios básicos esenciales. Esto elevaría el riesgo de un Estado fallido con repuntes en migración, tráfico ilícito, violencia interna y redes criminales más descentralizadas. A partir de estos escenarios, la ruta de enforcement, debe ir de puntillas.

EEUU: ¿Conveniencia o trampa estratégica?. El rol de Maria Corina Machado.

La conveniencia para EEUU de una segunda ola debe medirse en términos de objetivos geoestratégicos concretos, costos políticos internos y externos, y alternativas no militares.

En el capítulo de los intereses estratégicos explícitos tenemos i.-Seguridad interior y lucha contra el narcotráfico y ii.-Control de recursos energéticos. En los costos políticos domésticos para EEUU la opinión pública y la memoria histórica, esto es, electores y compromiso prolongado de intervenciones en el exterior, es un terreno ineludible y minado.

Una pieza crucial del análisis es la oposición política venezolana, con figuras como María Corina Machado, líder opositora histórica al chavismo. Machado ha denunciado a Rodríguez como parte de una estructura criminal y ha pedido apoyo internacional—incluida la intervención—para desmantelarlo.

Un retorno de Machado al escenario político venezolano tras un escenario post–Maduro podría depender de varios factores: i.-Condiciones de seguridad y legalidad […] Sin seguridad física y garantías legales, su regreso sería extremadamente riesgoso. La lección reciente de Caracas es que las acciones militares no garantizan automáticamente la estabilidad política interna. Machado podría ser blanco de represalias si no existe un marco de reconstrucción constitucional y de seguridad que la proteja.

ii.-Apoyo internacional vs. apoyo interno. Machado ha liderado esfuerzos desde el extranjero para destacar la situación venezolana. Sin embargo, su eficacia se mide no sólo por el respaldo internacional sino por su capacidad para articular un frente político interno cohesivo e incluyente una vez que se abran espacios electorales y de participación.

iii.-Las tensiones con la administración estadounidense. Aunque el Presidente Donald Trump ha expresado apoyo retórico a Machado—e incluso resaltado su “fantasticidad e impresionante talante” como mujer y líder—, la política oficial de Washington es pragmática: trabajar con el gobierno transicional existente, mientras se mantiene la presión mediante sanciones y levers diplomáticos.

La incorporación de Machado como parte de una Junta de Gobierno podría ser la bisagra de solapamientos entre fases, es decir, el pulmón necesario para evitar un colapso interno por el factor hastío de la gente, combinado por las tensiones que generan en todos los planos sociales, políticos y militares, un estado ausente.

¿Viene una segunda ola?

Un escenario favorable de transición negociada con presión multilateral donde Delcy Rodríguez y la nueva administración venezolana aceptan avanzar hacia elecciones libres, reformas institucionales y cooperación judicial que da lugar a una transición sostenible, es abonar el camino a desenlaces diplomáticos no coercitivos que eviten ‘nuevas olas’.

El aislamiento de los núcleos criminales sin intervención militar es una ruta más plausible. El restablecimiento del estado de derecho unido a la inteligencia conjunta regional y presión judicial internacional para desarticular redes clave de narcotráfico sin operaciones militares de gran escala, luce un camino más sostenible. Esto requeriría alianzas con países de la región y cooperación técnica que reduzca el espacio para que estos actores sigan operando. Esas alianzas son más viables con autoridades legítimas y un sistema judicial reformado, y no con un régimen de facto.

Una segunda intervención podría desencadenar resistencia armada, fragmentación política, y la consolidación de grupos irregulares. Esto tendría costos humanos, económicos y de legitimidad para EEUU y sus aliados. Sin embargo, un caos latentepor desobediencia de régimen, brote de la persecución, violación de DDHH, anclaje de los presos políticos y resurgimiento del crimen internacional, pulsaría nuevas incursiones.

En conclusión la idea de una segunda ola de capturas en Venezuela plantea un dilema profundo entre objetivos de seguridad y realidades geopolíticas complejas. Aunque existe una base legal y estratégica para perseguir estructuras de crimen transnacional, una nueva operación militar de gran escala conlleva riesgos significativos desde la legitimidad internacional hasta la estabilidad interna de Venezuela y las relaciones regionales.

En paralelo, figuras como María Corina Machado simbolizan una esperanza para sectores democráticos, pero su papel futuro depende tanto de su capacidad para consolidar apoyo interno, que no se mide sólo en encuestas [que lo tiene] sino con capacidades reales de lograr obediencia de los agentes de orden público interno y reorganización de una sociedad civil libre. La voluntad de actores internacionales de respaldar procesos institucionales más que soluciones militares, es siempre preferible.

Una segunda ola puede estar sobre la mesa, pero es un tsunami que debe manejarse con extremo cuidado. No una inevitabilidad histórica pero tampoco como una variable que pueda ignorarse en el nuevo contexto geopolítico.

Parafraseando a Kissinger: ¿Un accidente improbable o necesario?. La historia está por escribirse…esperemos que en sana paz.

Orlando Viera-Blanco

*Abogado. Ex Embajador de Venezuela en Canadá. Profesor de Cultura Política.
@ovierablanco
vieraboanco@gmail.com

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