Rumbo al desarrollo

Pensando en el Panteón Nacional

Rumbo al desarrollo

Los venezolanos son reconocidos por su capacidad para inventar soluciones temporales ante cualquier situación apremiante. Para muchos esta habilidad es una gran ventaja, aunque también existe la visión cuestionadora: al final Venezuela se ha convertido en el país de la temporalidad y del cortísimo plazo. Es en lo laboral y económico donde aflora con más fuerza este instinto de sobrevivencia, de sacar partido a cualquier problema e incluso hasta obtener beneficios; mientras que la mayoría está atrapada en la desgracia. Es el caso de las válvulas de escape.

 

¿Qué es una válvula de escape desde el punto de vista social y económico? Para los expertos es la única opción que tiene un gobierno para evitar un conflicto social sin caerle a plomo y palos a la gente. Es, además, el camino típico de las fuerzas laborales desocupadas en países pobres, subdesarrollados o incapaces de poner a andar sus aparatos productivos. Veamos un ejemplo. Si una persona se queda sin trabajo en Alemania o Suiza, entre otras opciones, puede probar con nuevas búsquedas de ocupación, intentar como emprendedor serio o, en el peor de los casos, refugiarse en la seguridad social.

 

La vía de la válvula de escape no existe. No es posible imaginar a un suizo vendiendo empanadas de cazón en las calles o a un alemán preparando chicha en el centro de Berlín. La buhonería, el trabajo informal, la piratería laboral siempre han sido opciones válidas en países como Venezuela sin importar que el país atravesara una etapa de bonanza o se encontrara en medio del más ruinoso de los socialismos. Siempre, para muchos venezolanos, tirar una sábana al piso y vender cachivaches ha sido una forma de sobrevivir. Y más, como dicen por ahí, sin jefes ni horarios. Por la libre.

 

Alo sumo bregar con la policía y la matraca y el infaltable atracador. Por mucho tiempo proliferaron los chicheros, los empanaderos, los vendedores de perros calientes, fruteros. Mucha comida sin control ni higiene con la vista gorda de un gobierno conciente de que se trata de válvulas de escape.

 

Y así se construyeron muchas historias de vida. Que fulanito crió e hizo profesionales a sus cinco hijos vendiendo pastelitos a las puertas de las iglesias o que Josefa salió adelante haciendo tortas para sus vecinos en La Pastora después que su marido la dejó por una haitiana. Historias ligadas a la vieja Venezuela. Ahora. En tiempos de socialismo parejo, la cosa es distinta. Primero que nada, la situación está realmente complicada en todo sentido. Se oyen los gritos en lo económico, en la seguridad y especialmente en el horizonte que para los jóvenes simplemente no existe. De allí que esa capacidad para resolver y sobrevivir en estos días se encuentre en etapa de especialización y mejoramiento. No hay trabajo de calidad más allá de las estadísticas del gobierno ni nuevas inversiones.

 

Por eso es normal ver a la gente ejerciendo esa cosa que llaman bachaqueo, que vine a ser la sofisticación de la buhonería, la informalidad llevada a escala de estafa colectiva. Es parte de la gama de nuevos oficios nacidos mientras Venezuela se convierte en potencia mundial. Machaqueo, payaso de semáforo, vendedor de baterías, limpiador de parabrisas, distribuidor de películas y música pirateadas, cargador y escolta de mercados, cuidador de puestos en cola, arrendador de bancos y sillas para colas, gestor de cualquiera de las alcabalas creadas por el gobierno para dólares, permisos o certificados. Hay de todo en estos tiempos de discursos y firmas.

 

Rumbo al desarrollo. Sin duda.

 

erojas@eluniversal.com 

@ejrl

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