En un giro estratégico determinante para el tablero político venezolano, la líder opositora María Corina Machado encabezó una cumbre histórica en Panamá que logró sentar en la misma mesa a una treintena de dirigentes de todo el arco ideológico. El encuentro, que trascendió los límites de la Plataforma Unitaria al incluir a liberales, chavistas disidentes, socialdemócratas y ex presos políticos, selló una hoja de ruta unánime: la exigencia innegociable de elecciones presidenciales libres y el rechazo absoluto a cualquier maniobra de distracción regional por parte del régimen.
Esta demostración de fuerza eclesiástica coincide con el peor momento internacional para el entorno de los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez, sacudidos por la reciente imputación en España del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en el caso Plus Ultra. Tras una década de advertencias desoídas, el tiempo y la justicia parecen haberle dado la razón a Machado.
Unanimidad total: No habrá distracción con regionales
Ante los rumores de que el Palacio de Miraflores sopesa convocar a elecciones de gobernadores para ganar tiempo y fracturar la unidad, la cumbre de Panamá sirvió para trazar una línea roja infranqueable. Machado confirmó que existe consenso absoluto entre todas las fuerzas para desconocer ese escenario.
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La prioridad es la Presidencia: La oposición concibe la elección presidencial como el único inicio real para la reinstitucionalización del país.
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Rechazo a las «maniobras comunistas»: El bloque democrático catalogó el intento de priorizar gobernaciones como un calmante inútil y una burla a la soberanía popular.
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Cronograma exigido: La ruta técnica diseñada por los equipos técnicos en el exilio estima que un proceso electoral limpio (con nuevo CNE constitucional y apertura del registro electoral) tomaría entre 7 y 9 meses una vez que se fije el arranque.
El desplome de la red de Zapatero
El trasfondo de la cumbre estuvo marcado por el terremoto judicial en Madrid, donde Zapatero se convirtió en el primer expresidente del Gobierno español imputado por organización criminal, tráfico de influencias y blanqueo de capitales. Al ser consultada sobre el descalabro de quien durante años operó como supuesto «mediador» en Caracas, Machado se mostró tajante.
«Lamentablemente, todas estas investigaciones y escándalos terminan llevando a Venezuela. Son parte del saqueo más cruel de la historia de la Humanidad. Es una estructura de corrupción en la que se sentían intocables, pero los ha alcanzado la historia», afirmó la líder opositora, recordando que el desfalco de la revolución ya se calcula en 500.000 millones de dólares.
Para la oposición, los autos del juez español —que revelan cómo los operadores de la aerolínea Plus Ultra se mofaban de la labor de Zapatero como «vigilante» de los comicios fake de 2020 bajo la consigna de «Zapatero manda aquí»— confirman el carácter sesgado de su intervención histórica.
La doble realidad venezolana y el factor Washington
El encuentro de Panamá también sirvió para analizar la compleja «fase de tutelaje» que ejerce la Casa Blanca sobre el régimen de Maduro, evidenciada en recientes concesiones energéticas y diplomáticas. Machado advirtió sobre el peligro de comprar la narrativa de normalización económica que el oficialismo intenta vender al exterior.
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La burbuja de los bodegones: La dirigencia alertó sobre el contraste de «hoteles carísimos» y estantes repletos de comida importada frente a una población que padece sueldos de hambre y no puede costear la canasta básica.
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La sombra de Alex Saab: El reciente flujo de información sobre los millonarios fraudes del operador financiero con la importación de alimentos descompuestos para los programas sociales sigue alimentando la indignación popular.
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Presión internacional efectiva: La oposición aclaró que las recientes liberaciones de presos políticos no obedecen a un cambio de conciencia del régimen, sino a las estrictas advertencias de Washington.
Finalmente, Machado aseguró que la aparente calma que se vive en las calles venezolanas no es sumisión, sino una «energía contenida» por la certeza de un cambio inminente. El mensaje enviado desde Panamá a la comunidad internacional y a la Casa Blanca es nítido: la sociedad civil no aceptará que se descarrile la ruta electoral a cambio de concesiones económicas particulares. Las elecciones presidenciales, concluyó, son inevitables.
Con información de El Mundo










