De la tragedia natural que agobia a Venezuela recuperaremos, sin duda, como alentadora, la constatación una vez más de la capacidad del venezolano para la generosidad, la solidaridad, la fortaleza, la empatía, la disposición a enfrentar la realidad, el dolor y el duelo, la voluntad de colaborar, de unirse, de convocar brazos y voluntades.
Entre las incontables iniciativas constatadas en estas difíciles circunstancias son de aplaudir, por ejemplo, las muchas conducidas con dedicación, entrega y sistema de trabajo ejemplares para atender a nuestros compatriotas en esta hora de tragedia y duelo colectivo. El esfuerzo de muchos ha contado, además, con el aporte orientador de muchas voces, avaladas por su formación o su experiencia, ocupadas en recordar las mejores líneas de acción para una mayor eficacia y mejores resultados, para convertir la solidaridad en ayuda efectiva, el deseo de participar en aprendizaje del servir.
Si algo hay que lamentar no ha sido, desde luego, la magnitud del empeño ciudadano, sino el retraso impuesto, el desgaste de esfuerzo y las pérdidas sufridas por la incomprensión de quienes por su función deberían facilitar, no impedir ni estorbar. Para el cumplimiento de este propósito se tendría que contar con el sobresfuerzo exigido por la urgencia, la aglomeración, la inevitable improvisación, la debilidad de la estructura para la distribución de tareas y la delegación de responsabilidades. Para quienes fueron parte de ese empeño queda siempre la pregunta sobre cómo hacer más eficaz, más efectiva, más productiva esa fuerza del voluntariado, ese deseo de contribuir y de participar en una acción percibida por todos como apremiante, necesaria, con hondo sentido humanista.
En el mundo empresarial, la reflexión sobre el país no ha sido nunca ajena a la institución, pero en condiciones de crisis esta obligatoriedad no solo se acrecienta, sino que añade un nuevo compromiso: inspirar o ser parte de una política de prevención y educación ciudadana. Una forma de su inserción en la vida nacional al servicio de los ciudadanos, es aplicar en estos momentos su conocimiento y su experiencia a una condición muy especial del país. Se impone una disposición a ser parte de las soluciones, no como un simple buen propósito, sino como una propuesta ejecutable, la de ayudar al voluntariado, darle instrumentos para ganar en eficacia, canalizar mejor su esfuerzo, multiplicar los resultados de su generosidad y entrega. Para dar eficacia al voluntariado es fundamental alinear los objetivos de la organización con las motivaciones de los participantes. El éxito radica en ofrecer capacitación adecuada, un modelo de gestión flexible, una política de estímulo y reconocimiento constante y canales de comunicación transparentes que mantengan el compromiso a largo plazo.
Si algún aporte especial cabe esperar del mundo gerencial para situaciones como las que estamos viviendo es precisamente el modelaje y la difusión de una filosofía o un modo de actuación que valore la planificación, la formulación de objetivos, el balance de necesidades y recursos, la anticipación, la oportuna formulación de estrategias, es decir, todo un conjunto de respuestas gerenciales necesarias para enfrentar condiciones de catástrofe. La gerencia y sus valores no son exclusivos del mundo empresarial o gerencial. Las virtudes gerenciales trascienden las empresas. Un nuevo compromiso del mundo gerencial tendría que ver precisamente con la posibilidad de contar con un voluntariado eficaz, orientado a la efectividad mediante la coordinación de recursos, la planificación estratégica y la logística.
Para decirlo de manera simple, se espera una actuación con sentido de gerencia, planificación, orden, distribución de responsabilidades, liderazgo, condiciones que no son de ninguna manera privativas ni exclusivas del mundo gerencial, pero que multiplican los buenos resultados en cualquier momento y más en un situaciones de emergencia, una emergencia que, a decir de la Directora adjunta de Amnistía Internacional Venezuela “no cayó sobre una normalidad que se rompe, sino sobre una emergencia humanitaria compleja que ya existía”.
Venezuela demostrará, sin duda, su capacidad de levantarse. El compromiso de hacerlo, y de que sea durable se afirma en la voluntad de sus ciudadanos.
Gustavo Roosen
nesoor10@gmail.com







