En el marco del Día Mundial de la Seguridad Vial, el Observatorio de Seguridad Vial (OSV) emitió un balance de alerta ante la persistente situación de riesgo en las carreteras del país. La organización hizo un llamado urgente a las autoridades y a la ciudadanía para abordar lo que califican como una «epidemia silenciosa», poniendo el foco en un factor alarmante e invisibilizado: el devastador impacto social de los siniestros de tránsito en la población femenina.
La periodista Rosibel González, coordinadora del OSV, enfatizó que esta fecha no debe asumirse como una efeméride rutinaria, sino como un espacio de profunda reflexión técnica.
«Siempre insistimos en una premisa fundamental: los siniestros viales no son ‘accidentes’; son hechos prevenibles en un 90% de los casos. No se trata de una fatalidad del destino, sino de consecuencias directas de decisiones al volante o al caminar», declaró González.
Las tres principales causas de siniestralidad
El monitoreo estadístico de la organización identifica tres factores recurrentes que lideran la accidentalidad en el país:
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El exceso de velocidad.
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La imprudencia vial (especialmente el uso distractor del teléfono celular).
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El consumo de bebidas alcohólicas.
Asimismo, el balance subraya que el parque automotor de dos ruedas (motocicletas) sigue siendo el sector más vulnerable, registrando el mayor índice de lesionados y fatalidades en las estadísticas mensuales.
El impacto de género: Destrucción del tejido familiar
González centró la atención en una realidad que suele quedar fuera de los esquemas tradicionales de información: la radiografía de género en las vías. Aunque históricamente se asocia al hombre como el principal afectado, los análisis detallados del OSV muestran un panorama preocupante para las mujeres.
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El rol en el siniestro: Las mujeres sufren gravemente la violencia vial actuando, en la mayoría de los casos documentados, como acompañantes en motocicletas o como usuarias del transporte público.
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La consecuencia social: «Cuando una mujer fallece o sufre una lesión invalidante, el impacto desestructura por completo al núcleo familiar. Hablamos de madres y jefas de hogar cuya ausencia deja en la vulnerabilidad absoluta a niños y ancianos. La siniestralidad vial destruye el tejido social desde la base de los hogares venezolanos», advirtió la coordinadora.
Urgen políticas públicas y conciencia ciudadana
Ante este escenario, el Observatorio de Seguridad Vial reiteró la necesidad de implementar y sostener políticas públicas robustas enfocadas en la educación vial continua y en el mantenimiento urgente de la infraestructura vial del país.
González concluyó recordando que la prevención es la única vacuna efectiva, un cambio que requiere la decisión consciente de cada ciudadano de usar correctamente el casco, abrocharse el cinturón, respetar los semáforos y reducir la velocidad.









