El calvario de la familia Castillo: El precio de la disidencia militar pagado por una madre desde el exilio

El calvario de la familia Castillo: El precio de la disidencia militar pagado por una madre desde el exilio

La historia de Ámbar Castillo (44 años) es el retrato vivo de la fractura familiar en la Venezuela actual: un cruce entre la resistencia inquebrantable y el alcance del castigo institucional contra los familiares de militares disidentes.

Desde Ciudad de Panamá, Ámbar trabaja sin descanso en un puesto de comida vendiendo empanadas y tisanas. Su objetivo va más allá de la supervivencia: desde allí sostiene económicamente a su familia en Caracas, fragmentada por la prisión política.

El entorno de Ámbar ha sido sistemáticamente judicializado. Su hijo mayor, Christian —un teniente rebelde exiliado tras participar en la «Operación Aurora» (2019) y vinculado a la reciente «Operación Oro» (2024)—, es el objetivo principal de una presión que ha alcanzado a todo su núcleo elemental:

  • Samantha (16 años): Acaba de ser excarcelada bajo medidas cautelares tras pasar seis meses en prisión.

  • Aranza (20 años): Permanece tras las rejas y acaba de cumplir años en reclusión.

  • Su hermano y su primo: También se encuentran privados de libertad bajo acusaciones de terrorismo.

  • Su nieto Cristopher: Vivió sus primeros meses de vida en una celda, luego de que la pareja de su hijo mayor fuera detenida con un embarazo de dos meses.

La reciente fotografía de Samantha, visiblemente deteriorada junto a sus abuelos tras obtener la libertad condicional, ha encendido las alarmas sobre el estado de las menores detenidas en el país.

Entrevista con Ámbar Castillo: «Mi hija se memorizó la Constitución en la celda»

¿Cómo se encuentra Samantha tras recibir la medida humanitaria de excarcelación? Mi hija ahorita está en un proceso difícil de adaptación. Recibió muchos tratos crueles y una fuerte tortura psicológica; todavía no puede dormir. Ya estamos empezando el tratamiento con psicólogos y su pediatra la está evaluando. Samantha perdió 16 kilos en prisión. Ella era una niña sana, pero la depresión y la ansiedad severa provocadas por todo lo que vivió la hicieron perder peso de forma alarmante.

¿Tiene planeado sacarla del país y llevarla con usted a Panamá? Sí, es lo que más quiero, sacarla de Venezuela lo antes posible. Temo profundamente por su integridad física. Ella ahora mismo está en el ojo del huracán: me la persiguen, la tienen vigilada. Ella misma me dice: “Mamá, me da miedo salir”. No quiere cruzar la puerta. Pero a la vez es una niña muy decidida; se memorizó la Constitución completa estando presa porque dice que quiere defender a su familia y a todos los venezolanos de tanta injusticia.

Recientemente, el diputado Jorge Rodríguez la señaló directamente en la Asamblea Nacional vinculándola con explosivos. ¿Qué responde a esto?

«Hizo una declaración pública sin ningún tipo de sustento, violando la presunción de inocencia cuando hay un juicio que todavía sigue abierto.»

Dijo que mi hija Samantha y la señora Merys (de 72 años, madre del capitán Antonio Sequea) eran las personas que transportaban las bombas de la supuesta operación. Es totalmente falso. En todas las actas y supuestas pruebas que ha evacuado el tribunal, Samantha no aparece. No hay una sola prueba, ni testigos, ni fotos, ni audios que la involucren. Al contrario: los propios policías, testigos y expertos que la fiscalía llevó a declarar han dicho ante el juez que jamás en su vida habían visto a mi hija.

Con información de El Mundo

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