Editorial de El Tiempo: Atrocidad en línea

Editorial de El Tiempo: Atrocidad en línea

El informe de HRW obliga a las redes sociales a dar mejores respuestas al macabro reclutamiento de niños para delinquir.
El reciente informe presentado por Human Rights Watch (HRW) sobre el reclutamiento criminal de niños, niñas y adolescentes por grupos armados en Colombia contiene una cifra que debería encender todas las alarmas: el 44 por ciento de los menores reclutados en 2025 fueron captados a través de redes sociales. No es un fenómeno marginal. HRW documentó al menos 1.500 casos de reclutamiento desde 2021 y encontró 52 cuentas en TikTok, con más de 85.000 seguidores, que alentaban la vinculación a grupos armados mediante contenidos que glorificaban esa vida. También identificó cuentas en Facebook y ofertas de trabajo engañosas utilizadas como carnada.
Este mecanismo lleva años siendo advertido y ha adquirido una dimensión que exige mucha más atención. Los grupos criminales han entendido el alcance de las redes y las utilizan para llegar hasta niños y adolescentes vulnerables, seducirlos con dinero, ropa, teléfonos, prestigio o una falsa promesa de futuro. Las imágenes de armas, fajos de billetes, uniformes y una vida aparentemente emocionante esconden el macabro destino que espera al otro lado de la pantalla.
Se trata de una forma particularmente perversa de sometimiento, mediante la mentira y la manipulación. Los ofrecimientos son cantos de sirena dirigidos precisamente a quienes, por su edad, carecen de herramientas para advertir el engaño. Después vienen las armas, la violencia, el desarraigo y, demasiadas veces, una vida de la que resulta difícil en extremo regresar.
La pobreza, las barreras para acceder a la educación, la violencia familiar y la ausencia estatal son terreno fértil para los criminales.

Meta y TikTok han respondido al informe explicando sus políticas de prevención y las cuentas y los contenidos que han eliminado. Justo es reconocer esos esfuerzos, pero los propios hallazgos de HRW demuestran que no bastan. TikTok retiró las 35 cuentas que le fueron reportadas, y Meta hizo lo mismo con 16 perfiles de Facebook. Sin embargo, entre julio y agosto aparecieron nuevas cuentas con contenidos sustancialmente similares.
Precisamente por eso, la responsabilidad de estas plataformas es cada vez mayor. No pueden limitarse a reaccionar, deben invertir más recursos, perfeccionar sus sistemas de detección y reforzar la vigilancia humana y tecnológica. Es muy preocupante el hallazgo según el cual los propios algoritmos llegaron a recomendar contenido y perfiles vinculados con grupos armados.
Pero tampoco puede el Estado descargar su responsabilidad sobre empresas cuya sede se encuentra en el exterior. El tamaño del daño que se causa en Colombia a través de sus plataformas obliga a las autoridades a estar mucho más encima, exigir resultados, establecer canales permanentes de cooperación y hacer seguimiento a la velocidad con la que aparecen nuevas formas de captación.
Y, por supuesto, combatir el reclutamiento requiere mucho más. La pobreza, la exclusión, las barreras para acceder a la educación, la violencia familiar y la ausencia estatal son terreno fértil para estos criminales. Atender esas causas es indispensable. Pero ninguna explicación sobre la complejidad del fenómeno puede convertirse en excusa para tolerar que un canal de comunicación masiva sea utilizado para poner la manipulación al servicio de la criminalidad. Ya son demasiadas las vidas perdidas por ese camino.

El Tiempo

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