Erasmo Bolívar, Héctor Rovaín y Luis Molina: prisión sin justicia ni clemencia
Los presos de abril son los tres ex policías metropolitanos Erasmo Bolívar, Héctor Rovaín y Luis Molina que llevan 23 años encarcelados, desde abril de 2003 cuando se presentaron voluntariamente ante las autoridades.
El 3 de abril de 2009 -en el juicio más largo de la historia del país- la juez Marjorie Calderón del Juzgado 4o. de Maracay los condenó a 30 años de presidio. Por homicidio calificado frustrado en complicidad correspectiva en contra de nueve personas y por lesiones leves en complicidad correspectiva a otras seis más, como recoge con precisión la periodista y escritora Mirtha Rivero en su reciente y voluminosa obra La oscuridad no llego sola. En el capítulo 61, Rivero hace una reconstrucción detallada hora a hora de lo que ocurrió el 11 de abril de 2002 en la marcha que se dirigía Miraflores que concluyó con la pérdida del poder de Hugo Chávez por menos de 72 horas, tras una refriega de balas nunca esclarecida que dejó 17 cadáveres sobre el pavimento.
Todo el país -o casi todo- vio en vivo y en directo disparar a los “pistoleros de Puente Llaguno” mientras un gentío se movilizaba, sin arma alguna, hacia el centro de la ciudad. Bolívar, Rovaín y Molina, cuya defensa presentó numerosas pruebas a su favor, han proclamado su inocencia desde el primer día pero parecen condenados a cumplir su pena hasta el último minuto de los 30 años de la sentencia. Hasta se les negó su solicitud de amnistía.
Los abogados de los ex policías metropolitanas recibieron el jueves de esta semana la decisión de la Corte de Apelaciones del estado Aragua. La solicitud fue negada el mismo día que se recibió, pero comunicada dos semanas después, de acuerdo a Theresly Malavé, de la ONG Justicia y Proceso. La corte justifica su decisión, en palabras de los defensores de los exfuncionarios, en la “la necesidad de preservar la democracia y la seguridad”. Todos los venezolanos -o casi todos- sabemos que en este país no hay democracia, dudamos de la sinceridad de la reconciliación que se pregona y la seguridad solo la han disfrutado los que se apertrechan tras las armas.
El caso de estos policías metropolitanos configura un patrón de ensañamiento y de negación de justicia. Se les han negado, además, los beneficios procesales contenidos en el Código Procesal Penal , que les hubiera permitido desde hace años al cumplir la mitad de la pena salir a trabajar y regresar al centro de reclusión en la noche, y también trabajar y pernoctar en un centro de tratamiento comunitario de lunes a viernes con los dos tercios de la pena, que también ya cumplieron.
Jorge Arreaza, el diputado chavista que dirige la comisión de seguimiento de la Ley de Amnistía descartó que los tres exfuncionarios policiales pudieran recibir la amnistía al estar sentenciados por homicidio. Arreaza, formal para lo que le conviene, ni un por un instante recuerda las muertes del 4 de febrero de 1992, cuando el comandante Hugo Chávez ordenó usar las armas de la república para atacar por sorpresa y en nocturnidad a soldados y civiles. Dos años escasos estuvo en prisión y luego se pudo incorporar a la vida política del país.
Aquella democracia, a pesar de sus desaciertos, no estaba fundamentada en la venganza.
Editorial de El Nacional