David Coggins: Nadie quiere verte en pantalones cortos en la oficina

David Coggins: Nadie quiere verte en pantalones cortos en la oficina

Credit…Gwendal Le Bec

El largo y caluroso verano puede llevar a los hombres a lugares extraños. El clima sofocante pone a prueba nuestra capacidad colectiva de razonar, así como los aires acondicionados sobrecargan la red eléctrica. La última ocurrencia, que horrorizaría a Oscar Wilde, George Plimpton o a tu abuelo, es que los hombres usen pantalones cortos en la oficina. Sí, las generaciones informales ven con malos ojos los códigos de vestimenta, pero ¿de verdad quieres verle las rodillas a tu jefe?

El verano en la ciudad es intenso. Te despiertas un lunes por la mañana y observas un índice de calor diabólico que solo va a empeorar. Puede que te consuman sentimientos de insubordinación profesional cuando se requiere tu presencia en la oficina, sobre todo si tu jefe llama desde su casa de campo. Un correo electrónico que le enviaste a una colega europea rebota indicando que está de vacaciones por otras cuatro semanas.

Tu traje luce especialmente poco atractivo. Tal vez renunciaste al traje hace años, pero incluso tus monótonas opciones de estilo “casual de negocios” se sienten opresivas. En lugar de un agotador viaje diario al trabajo, quieres libertad, circulación de aire y alivio térmico. Quieres, en otras palabras, usar pantalones cortos en la oficina.

Por supuesto que sí. Los pantalones cortos son ocio, los pantalones cortos son liberación, los pantalones cortos son placer. Los pantalones cortos no tienen plazos de entrega, no hacen transacciones bursátiles ni redactan informes trimestrales.

Pero el hombre que usa pantalones cortos en la oficina le está diciendo a todo el mundo que quiere estar en otro lugar. El hecho de que realmente quiera estar en otro lugar no lo justifica. Sé que estos son tiempos de sudorosa necesidad, pero por favor, reconsidéralo.

¿Sabes quién usa pantalones cortos para trabajar? Los árbitros de la Copa del Mundo. Su trabajo es muy diferente al tuyo. Corren a toda velocidad junto a atletas de élite solo para que sus decisiones erróneas sean anuladas por los árbitros de video cómodamente sentados, vestidos con pantalones largos, en un estudio con clima controlado. ¿Sabes quién no usa pantalones cortos para trabajar? Nadie que esté en una posición de autoridad. Por eso, supuestamente un capo de la mafia llamó a James Gandolfini y elogió su actuación en Los Soprano, pero le ofreció un consejo: los capos no usan pantalones cortos. ¡Salute!

Ahora bien, para aquellas almas inquietas que no se dedican a actividades delictivas (los dóciles asistentes a las reuniones, los que publican en Slack, cualquiera que se pase el día mirando hojas de Excel), por favor mantengan las piernas cubiertas con pantalones, chinos, caquis, pantalones de vestir, llámenlos como quieran. Pero un hombre en pantalones cortos no dirige una reunión, no presenta una moción ni inspira confianza. Los pantalones cortos son para esos policías en las Bermudas o para los consejeros de campamento en una película de Wes Anderson.

¿Usaba pantalones cortos en la oficina Don Draper, el ejemplo de la elegancia de mediados de siglo del Midtown? Por supuesto que no. ¿Llevaba Gordon Gekko, el tiburón corporativo que nunca desayunaba, pantalones cortos a las reuniones con las empresas que estaba a punto de liquidar? No, él se peinaba el cabello hacia atrás, se ajustaba los tirantes de un chasquido y se daba un festín con información privilegiada. ¿Qué hay de un habitante de la oficina más amable, Jack Lemmon en El apartamento? Traje estilo Brooks Brothers, camisa y corbata, y una sonrisa para Shirley MacLaine.

La oficina ha cambiado desde entonces. No bebes whisky en Sterling Cooper; te hidratas con tu termo Yeti como si estuvieras entrenando para un maratón. No almuerzas en el 21; pides una ensalada en una aplicación. Sí, todo es más informal ahora. Estamos en Zoom. Trabajamos de manera remota. Cuando me presento deberían estar contentos con lo que sea que lleve puesto.Bueno, parte de la vida de oficina es aceptar cierta dosis de conformidad, por muy triste que suene. No, no es justo, pero eso ya lo sabías.

¿Es esta una forma de pensar superficial y anticuada? ¿Crees que la ropa es simple autoexpresión y que todo esto es arbitrario? Entonces pregúntate si contratarías a un abogado que usa pantalones cortos de licra en la sala del tribunal. ¿A un contador o agente que se presentara a una reunión luciendo como si acabara de salir de una cabaña de piscina? La ropa todavía tiene el poder de transmitir competencia y de brindar seguridad. Por eso los pilotos usan uniformes. Y te darías media vuelta en la pasarela de embarque si, al asomarte a la cabina, vieras tela de madras, piernas al aire y chanclas.

Pero espera, dirás, estos son unos pantalones cortos elegantes, de lino color tabaco, fabricados por una empresa que fotografió su catálogo en Isquia. Bueno, eso es genial: guárdalos para cuando uses alpargatas, saborees un Negroni y almuerces a las tres de la tarde lejos de los imperativos de la empresa capitalista. Pero hoy estamos en la ciudad, sacando el trabajo adelante y posiblemente odiando nuestras vidas. Al menos llevamos pantalones largos.

Este problema ha cruzado a Japón, tierra de oficinistas y conformidad corporativa, donde la iniciativa “Cool Biz” tiene como objetivo hacer más informal la oficina y ahorrar en aire acondicionado. A los hombres ahora se les permite mostrar la rodilla. Como era de esperar, esto no ha transcurrido sin problemas. Los medios de comunicación japoneses describen a mujeres que se ven abrumadas por un sentimiento de “sune-hara” (o “acoso del vello de las piernas”) al ver las frondosas extremidades de sus compañeros de trabajo masculinos.

Lo que usamos puede disminuir nuestra reputación, y por eso es vergonzoso cuando los hombres mayores que deberían ser más sensatos intentan vestirse como adolescentes. No los hace lucir más jóvenes: los hace lucir desesperados. Si eres Picasso produciendo obras maestras en el sur de Francia preparándote para tu retrospectiva, entonces, por supuesto, usa pantalones cortos. Incluso puedes quitarte la camisa, como el viejo Pablo, ya que es parte de tu arte sin concesiones. Pero piénsalo de nuevo si tienes una reunión de presentación.

Podrías señalar a ese eterno adolescente de Silicon Valley que lleva con orgullo una camiseta y jeans mal ajustados, y utiliza una mesa de ping-pong como escritorio. Esta anti-ropa funciona para él. ¿Por qué no puede funcionar para mí?, te preguntarás. Bueno, si diriges una empresa y se te conoce por un solo nombre, entonces puedes usar pantalones cortos en tu oficina. Pero recuerda, cuando estos reyes del algoritmo tienen que testificar ante el Congreso, todavía se presentan y niegan cualquier irregularidad usando saco y corbata.

Sí, la ropa todavía importa. Ese es un trato a la antigua, pero, por otra parte, también lo son los pantalones largos.

 

The New York Times en español

David Coggins es el autor de Men and Style y escribe el boletín The Contender.

 

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