Lo que comenzó como un proyecto universitario en Ecuador terminó en Europa, en uno de los congresos académicos y tecnológicos más importantes del mundo en su área: el prototipo de un robot-peluche con aspecto de chigüire creado para apoyar procesos de interacción y acompañamiento terapéutico de niños con trastorno del espectro autista (TEA).
La idea nació cuando un niño con autismo y dificultades para relacionarse se acercó a un perro que Mateo Fabara, estudiante de mecatrónica de la Universidad UTE, paseaba.
La tierna escena impulsó hace dos años a Mateo, Josué Espín e Israel Robayo a crear el Capibot, en alusión a capibara, como se le conoce al roedor en otros países. Se trata de un prototipo que mezcla la tecnología del robot con la graciosa figura de un chigüire con una pantalla, que sirve para que el menor interactúe con el terapeuta a través de estímulos visuales.
Los tres jóvenes cumplieron así el reto académico de lograr una tecnología de apoyo en favor de algún grupo vulnerable de la sociedad.
El peluche tiene un dispositivo que incluye una pantalla, un cerebro (SP32, que integra conectividad inalámbrica), un módulo regulador y otro de carga. El equipo es extraíble para facilitar la limpieza del peluche.
Se conecta con un ordenador, tableta o teléfono móvil a través de un programa, para que el terapeuta envíe estímulos al niño y reciba respuestas positivas, negativas o neutras. Estas luego las puede analizar y almacenar en una base de datos para avanzar con el tratamiento.
Al momento el prototipo tiene estímulos visuales, pero analizan incluir a futuro impulsos auditivos y vibraciones, comentó a EFE Wilson Pavón, profesor e investigador de la carrera de Mecatrónica de la UTE.
«Adicionalmente podría utilizarse como una herramienta de regulación porque es un peluche, es abrazable», afirmó. Se aclaró que el Capibot no intenta diagnosticar, tratar ni evaluar y tampoco reemplazar al terapeuta, sino que es un vínculo, un medio de comunicación entre las partes en un ambiente controlado.
De Ecuador al mundo
Capibot, que está en fase de desarrollo y validación como prototipo, alcanzó proyección internacional con su presentación en el IEEE Smart World Congress 2026, realizado en la Universidad de Calabria (Italia). Allí despertó el interés de investigadores y recibió observaciones y aportes para fortalecer las siguientes etapas del proyecto.
A sus 23 años, Josué dijo a EFE que los seleccionaron entre más de 400 proyectos. Se diferenciaron de otras iniciativas porque al software incluyeron el peluche como mecanismo de interacción.
En el Congreso tendieron lazos académicos con España, Italia, Canadá y Rusia para avanzar en el prototipo al que también analizan incluir inteligencia artificial. De esta forma el proyecto será un poco más autónomo y analizará ciertos comportamientos. También podrá dar avisos o estímulos para que el niño pueda autorregularse, detalló.
Con máscara del Diablo Huma
Como el diseño modular permite intercambiar peluches y facilita su uso en distintos contextos, el Capibot presentado en Italia portaba una máscara del ‘Diablo Huma’. Se trata de uno de los símbolos culturales y folclóricos más representativos de la región andina de Ecuador. Está especialmente ligado a la festividad del Inti Raymi (Fiesta del Sol y la Cosecha).
Representa la fuerza, la energía del cosmos y la resistencia de las comunidades indígenas. «Queríamos ser bastante representativos con nuestro país», explicó Josué.
El proyecto -agregó- está pensado para una interacción lo más fácil posible tanto del niño como del terapeuta. Por ello, todo está hecho en una sola interfaz», de sencilla modificación y consulta.
Aunque el camino de desarrollo aún requiere protocolos éticos y pruebas controladas, la visión es clara: reafirmar que la tecnología puede ser transformadora e inclusiva en favor de personas vulnerables.
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