Claudio Nazoa: Europa empeñada en morir

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Claudio Nazoa: Europa empeñada en morir

Advierto que hoy escribiré sobre un tema delicado, casi tabú, que muchos dejan pasar para que no los tilden de fascistas, homofóbicos, islamofóbicos, machistas, misóginos, derechistas, racistas o de cualquier otra cosa.

Acepto todo lo que algunos dirán de mí por escribir sobre el tema que destruye a Europa. Quiero dejar claro a los acusadores de oficio que tengo grandes amigos de religión musulmana, quienes viven en España y que son gente decente, estudiosa y trabajadora. Lo que hoy leerán no es en contra de seres como ellos. Esto es una denuncia contra los malandros, los delincuentes y contra los terroristas, destructores de cualquier nacionalidad.

No soy un loco que combate a las personas por sus preferencias sexuales. Simplemente estoy en contra de cualquier acto delictivo y aclaro, antes de proseguir, algo tan evidente como que la inclinación sexual no tiene que ver con la delincuencia. Esto lo digo porque es incongruente, por ejemplo, ver en esas manifestaciones destructivas a supuestos homosexuales ondeando la bandera de Palestina, país donde son perseguidos y corren peligro de muerte.

Estos vándalos, sin importar género, nacionalidad ni edad, se creen con derecho a destruir ciudades, apuñalar a quien se le ponga al frente, quemar iglesias y saquear o cometer cualquier otro delito. Es absurdo que, si alguien intenta reprimir a esos delincuentes, lo llamen fascista, homofóbico, islamofóbico, machista, misógino, derechista, racista y cualquier otra cosa.

Todo país tiene el deber de proteger a sus ciudadanos. Tiene el deber de impedir la entrada masiva y descontrolada de personas que no cumplan con los requisitos migratorios y documentación exigidas por la ley, como lo son el pasaporte vigente, la visa, los antecedentes penales y otros documentos. Es inaudito lo que está ocurriendo en Europa, sobre todo en España, donde a diario y por diferentes fronteras entran miles de personas, en su mayoría hombres jóvenes en edad militar y totalmente indocumentados. Lo peor e insólito es que el gobierno español, en lugar de repatriarlos, les da casa —si no, ellos la toman a la fuerza (okupas)—, también les asegura comida, teléfonos, servicios médicos y si llegaran a tener hijos, los mantiene otorgándoles regalías a los padres.

Los europeos dicen que no quieren tener hijos porque no pueden mantenerlos, mientras que los invasores musulmanes tienen muchos hijos para que los europeos se los mantengan.

¡Qué horrible y triste ver la destrucción de obras de arte y mueseos a manos de jóvenes europeos “ecologistas”, quienes con acciones vandálicas pretenden denunciar el calentamiento global! ¡Qué falta hace una legislación muy fuerte en contra de estos delincuentes juveniles!

¡Qué horrible y triste ver cómo destruyen, queman y saquean ciudades que son legendarias por su belleza y antigüedad, como Madrid, Barcelona, Roma, París, Londres y Bilbao, entre otras! Todo por la blandenguería de las autoridades, quienes, al verse abrumadas por estos terroristas, los combaten con bombas lacrimógenas y regaños. Creo que llegó la hora de sacar al Ejército para crear conciencia y para que quienes destruyan ciudades, monumentos y museos, sepan a qué atenerse.

Diré algo horrible: están en peligro el Museo de Louvre, La catedral de la Sagrada Familia, La Torre Eiffel y el Coliseo Romano, por nombrar solo algunos de los que grupos de vándalos ya han amenazado con destruir.

Dan tristeza, asombro y asco los malandros acampados en Madrid en La Puerta del Sol y en la Plaza Cataluña de Barcelona. ¿Cómo es posible que se tolere esto? Allí hay una extraña liga de movimientos izquierdistas extremistas con supuestos miembros LGBTIQ+ que dicen apoyar a Palestina. Allí hay de todo, aparte del peligro sanitario, mendicidad y hedor a heces, orina y marihuana.

Lo peor de estos movimientos es que, por equivocados que estén, no poseen ideología alguna que sustente la anarquía desatada e inconsciente. Sin embargo, detrás de esos malandros se encuentra la ultraizquierda mundial aliada al islamismo radical, empeñada en destruir la cultura occidental.

Si Europa no logra parar esto, no tendría nada de raro que en Venezuela tengamos otra vez una migración de europeos huyendo de la destrucción y de la miseria. Espero que, repito, si esto llegara a pasar, vengan los mejores ciudadanos; personas iguales o parecidas a quienes arribaron a Venezuela en el siglo XX, como mi abuelo italiano y mi abuela canaria.

Qué irónica es la vida: Europa ahogándose y Venezuela con un respirito.

 

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