César Pérez Vivas: Civilizar a los militares

Comparte esta noticia:

César Pérez Vivas: Civilizar a los militares

Hemos leído con interés el artículo aparecido en el Diario El Nacional intitulado “Civilizar a los militares” escrito ´por el doctor en Derecho Constitucional y Procesal de la Universidad de Salamanca, Rodrigo Rivera Morales, quien es además investigador iudicium en España, profesor titular, autor y colaborador de obras y de artículos para diversos medios de comunicación, a quien obviamente resaltamos, porque es colega de quien escribe, quien es militar venezolano, doctor en Ciencias de la Educación. Magister en Administración Publica, Seguridad y Defensa, profesor titular en varias asignaturas en universidades nacionales, entre ellas el Derecho y la Justicia Militar en Venezuela; es Director Ejecutivo del Foro Militar Venezolano; también dedicado como autor de libros y artículos especializados desde hace más de cuarenta años, quien en esta oportunidad se ve en la necesidad de hacer una crítica constructiva al colega escritor, toda vez que queriéndolo o no, con su expresión de civilizar a los militares que, aunque en el contexto pudo ser o no intencional, se equivoca en su percepción, incluyéndome de paso en su deseo civilista, que abarca a la mayoría de los militares que, no solamente son civilizados, sino también civilistas en diferentes grados y versiones.

En nuestra condición de docente, queremos aprovechar esta oportunidad para criticar la costumbre de muchos escritores políticos o aficionados, quienes atacan a la institución de la Fuerza Armada Nacional con vehemencia, por acciones, hechos y circunstancias no de agrado cometidos por algunos de su miembros o integrantes, culpándola de hechos y actos delictivos o contra las buenas costumbres, como si la institución tuviera responsabilidad de los actos de sus integrantes. Lo más grave es que usan el colectivo de “militares”, para degradar a la institución sin nominarla.

Sobre el tema hemos escrito muchos artículos cuyo fundamento lo hemos fijado en lo que hemos llamado “en defensa de las Fuerzas Armadas, también en defensa de los militares”. Valga el momento para recordar la prohibición constitucional que hace a los militares activos de participar en campañas y proselitismo político (Art 330). Hemos dicho que para algunos legos, hablar de militar en las Fuerzas Armadas es redundante, sin embargo, nuestro interés es aclarar lo que nosotros interpretamos del uso del vocablo militar, que puede usarse como sustantivo, adjetivo o verbo, y en cada caso denota significado diferente. El desconocer esto es lo que hace a muchos errar en sus opiniones y acciones jurídicas, como ha ocurrido con la supuesta inscripción o pertenencia de miembros de la FAN en partidos políticos.

Para algunos legos, hablar de militar en las Fuerzas Armadas es redundante, sin embargo, nuestro interés es aclarar lo que nosotros interpretamos del uso del vocablo militar, que puede usarse como sustantivo, adjetivo o verbo, y en cada caso denota significado diferente. El desconocer esto es lo que hace a muchos errar en sus opiniones y acciones jurídicas, como ha ocurrido con la supuesta inscripción o pertenencia de miembros de la FAN en partidos políticos.

Expresa el doctor Rivero Morales que “…Parece extraño este título, pero hemos vivido 27 años de dictadura cívico-militar, período en el cual se ha producido permanente y sistemáticamente violación de los derechos fundamentales. En estas han participado directamente militares como jefes y/o ejecutores. Son militares los que han estado al frente de los recintos del horror, fueron militares quienes comandaban los cuerpos represivos que asesinaron estudiantes, que secuestraban a mujeres, adolescentes y a quienes se opusieran al infame régimen. 70% de los cargos importantes del gobierno han estado en manos de militares…”. Esta apreciación del Dr. Rivero puede ser cierta, pero es ilógico pensar que esta puede ser la conducta de todos los militares per se. Antes lo dijimos, desde que a un militar se le ocurrió entender, que las armas de la República servían para el mantenimiento del régimen de gobierno y para imponer su mando como director supremo del Estado, en lo que con interés pleonástico se denominó cívico-militar, un poder político venezolano que diezmó su carácter cívico, logrado con la independencia sellada en Carabobo en 1821; luego, aturdida con los emblemáticos poderes militares surgidos en 1830, al iniciarse Venezuela como república independiente de la Nueva Granada, cuando vimos germinar el rancio militarismo en el país, que con pocos y muy cortos lucidos momentos, ha dejado de ser una república verdaderamente cívica.

El fracaso cívico-militar ha sido funesto; cuando comenzó este gobierno, utilizamos la cognición platónica de democracia cuando inferíamos, sin ser adivino ni lector de oráculos, que al no darse cuenta los políticos dedicados exclusivamente al partidismo y al clientelismo en los tres poderes, estaban dejando la carga de evitar nuevos golpes de Estado solo a las Fuerzas Armadas; y que, los militares eran entes racionales capaces de entender el juego sucio que los líderes políticos le hacían al país, solo en beneficio de sus partidos en trance de muerte. Decíamos también, que aun cuando los militares en servicio activo no participaban del juego político, si pensaban en él, deseando, al igual que todos los venezolanos, que se hicieran las reformas que todo el país venía planteando. Entonces, los militares defendían la democracia, porque tenían confianza en la racionalidad del liderazgo político para impulsar y colaborar en dichos cambios, ya que lo contrario era jugar con candela y el fuego militar era y sigue siendo peligroso, cuando no existen bomberos especializados en tal fuego. Siguiendo a Platón, pensábamos que no avanzaríamos a una «timocracia» como forma de gobierno, porque sería nefasto volver a caer en un nuevo gobierno, que sin pretenderlo calificar de oligárquico, si lo había sido de unos pocos, que bajo el carisma de «democracia», como es nuestra cultura partidista, se fue transformando en gobiernos de cúpulas impenetrables y de cogollos alternativos. Pero tampoco quisimos avanzar hacia una «tiranía», partiendo de una «nueva democracia» que solo defendiera a los más necesitados.

Desafortunadamente, siguiendo una metodología cartesiana fundamentada en Platón, estuvimos trajinando en una equivocada percepción de la realidad venezolana, por cuanto siempre se ha utilizado una metodología política sin cabeza, que marcha solo sobre los pies, al son del bombo y los platillos, pero al ritmo del redoblante. Es, para ser preciso, una política presuntamente militarista, que veía a algunos y no a todos los hombre y mujeres de uniforme. Desde un comienzo, así fue percibido a pesar de la destemplanza que asomaba el llamado “polo patriótico”, esperando que no nos condujera al exceso o desviación tiránica como fue asomada como corolario. Desafortunadamente, ocurrió lo que no queríamos, se montó en Venezuela una trampa oportunista, que es el único calificativo que se puede dar a la mezcolanza o pegamento de algunos de los movimientos, grupos y personajes que lo integraron. Era también, por demás evidente, que poco a poco se iría acabando la simbiosis, en la medida que algunos de los factores reclamaran el liderazgo base del agrupamiento. El resultado: la balanza para pesar el movimiento cívico-militar y no militar-cívico solo condujo al fracaso. Cada partido asomaba sus candidatos, pero lamentablemente de una parte, que es la de mayor peso, estuvieron los militares del partido y los compañeros también militares, que para el balance, no importaba que fueran activos o retirados del servicio activo. He aquí la participación de los militares en el gobierno. ¡No es por falta de civilidad en los militares!

@Enriqueprietos

Las opiniones emitidas por los articulistas  son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de Confirmado.com.ve