Antonio José Monagas: Un adiós que abre nuevos caminos

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Antonio José Monagas: Un adiós que abre nuevos caminos

Los finales más improbables, pueden ser los comienzos más hermosos. Es lo que mejor se ha dicho, aunque no siempre alcanza a ser una escena corriente de la vida. Sin embargo, vale así dejarlo saber puesto que las vueltas de la vida, son capaces de hacer que las ocasiones conduzcan las realidades a comportarse según la paradoja arriba señalada.

Más aún, estas escenas bien podrían darse, siempre y cuando las circunstancias procedan a brindar momentos en que los tiempos logren alinearse con las situaciones siguientes. Aunque cualquiera podría pensar en las dificultades que tan inverosímiles causas se articulen a comprometidas y hasta crudas situaciones. A pesar que las mismas, bien podrían convertirse en probables y constructivas realidades.

Tiempos confusos 

No hay duda de que los tiempos suelen ser engañosos. Lo que habría comenzado con un suceso regido por la desesperación toda vez que incita equívocos, incluso apremios, muchas veces infundados, sin razón alguna o sin una lógica determinada, muchas veces llegan a convertirse en las mayores bendiciones. Además, nunca imaginadas. Es así como se hace posible dar con el éxito, algún momento esperado.

Sin embargo, cabe considerar que la vida tiende a comportarse cual vulgar ruleta de casino. Donde la suerte pareciera ser la razón dominante ante las oportunidades. Y es ahí, donde podría inferirse, sin mayor lugar, a errar la jugada.  O donde la llamada “suerte”, resulta desplazada. A pesar que pueda provenir de una mezcla fortuita de capacidad creativa combinada con cierta valentía que la lleva directamente a actuar.

La suerte pareciera ser cierta

Aunque se diga que la suerte es una especie de loable energía mezclada con la fe que debe tenerse en todo instante. Siempre que se entienda la posibilidad de ser atendido por las realidades anfitrionas. De manera que así podría alcanzarse de cada momento vivido, lo mejor que del mismo puede ofrecer o brindar. Aun cuando, así no suceda consecutiva. Ni mucho menos, frecuentemente

No obstante, todo individuo, consciente de sus limitaciones y potencialidades, de sus errores y trechos ganados al infortunio, debería empeñarse en resguardar las razones en las que descansa la verdad. Así como la justicia, el respeto, la dignidad y el honor, términos estos que no pueden estar encasillados o fortalecerse a expensas de lo establecido por ideología alguna. Ya que dichos valores son infalibles componentes del lenguaje humano.

Persistencia 

Aún así, sigue el ser humano viéndose atrapado por afecciones abrumadas por la excesiva información proveniente de los medios. Aunque finalmente los contenidos se repitan pues acuden a mostrar los mismos, pero comentados con base en distintos enfoques. Y esta sucesión de eventos, sin duda alguna coadyuvan a que de los mismos emerjan contradicciones que repercuten en la calidad de vida. O sea, en el ansiado bienestar.

Precisamente, ahí surge el problema que traba las libertades y derechos. Tales dificultades no permiten el escape de imposiciones que buscan -groseramente- el control del pensamiento y de la expresión. Ello obliga a vivir según las imposiciones que poderes de gruesas y finas proporciones políticas o económicas, acuerdan. Y así tiende a suceder la vida. Con mucha pena y poca gloria. Opacada -enredadamente- por circunstancias controladas.

Pero la vida no es tampoco algo que pueda parecer una “camisa de fuerza” A pesar de todo, siempre las oportunidades se topan con el individuo. Por más que huya del azoramiento que inducen las circunstancias. Siempre se halla cerca la ocasión que permite el retorno. Siempre se vuelve a aquellos sitios que crecieron en el ideario de toda persona. Es decir, el retorno configura la vida de todo ser humano cuyos sentimientos busquen en los recuerdos, motivos de crecimiento personal.

A modo de epílogo 

Vale traer a colación, el sabio aforismo que dicta: “la vida se mide en momentos, no en respiros” frase ésta que se le atribuye a la escritora, poeta y activista por los derechos civiles, Marguerite Annie Johnson más conocida como Maya Angelou. Así que tan sentida expresión intenta destacar el significado de momentos intensos, de gran emoción que dan sentido a la vida y que dejan “sin respiración” a cualquiera.

De manera que, de cara al inicio de una nueva anualidad (2026) y de despedida a un tiempo que recién ha completado su ciclo natural (2025), no hay otra forma de seguir motivando la vida que la de convidar a volver a demostrarse a sí mismo, el valor de la vida, propio en toda persona. Por eso valió intitular esta disertación de reflexión: un adiós que abre nuevos caminos.

 

Antonio José Monagas

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