Antonio de la Cruz: Colombia ya decidió, pero el verdadero desafío comienza ahora

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Antonio de la Cruz: Colombia ya decidió, pero el verdadero desafío comienza ahora

Abelardo de la Espriella ganó. Iván Cepeda remontó. El país quedó dividido en dos mitades casi perfectas. Ahora la pregunta ya no es quién ganó las elecciones. La pregunta es si Colombia tendrá estadistas o pirómanos.

Y es que el pueblo habló. Pero no fue una victoria aplastante. No fue una derrota humillante. Fue una decisión quirúrgica de una nación partida en dos que decidió resolver sus diferencias con votos y no con balas. Y eso, en América Latina, ya es una victoria histórica.

De la Espriella ganó. Cepeda remontó más de 2 millones de votos en las últimas 2 semanas. Uno ganó la Presidencia. El otro demostró que representa a la mitad del país. Las urnas produjeron un vencedor. La democracia produjo dos actores inevitables.

La verdadera noticia no es quién ganó. La verdadera noticia es que Colombia evitó convertirse en otra nación donde cada elección termina convertida en una batalla existencial.

Las democracias maduras cuentan votos. Las democracias débiles cuentan enemigos.

Cuando una elección termina 50-50, el mensaje es simple: nadie recibió un cheque en blanco. La mitad del país exige cambio. La otra mitad exige límites. Gobernar ahora será más difícil que ganar.

La primera prueba de De la Espriella no será económica. Será moral. Demostrar que puede gobernar para quienes votaron por él y para quienes votaron contra él. Los presidentes ganan elecciones. Los estadistas construyen naciones.

La primera prueba de Iván Cepeda tampoco será política. Será histórica: reconocer la voluntad popular cuando el resultado duele. Las derrotas bien administradas suelen construir liderazgos más sólidos que muchas victorias.

El poder es efímero. La legitimidad es permanente. Si Cepeda reconoce el resultado, conserva intacto un capital político gigantesco para el futuro. Si desconoce las reglas, puede destruir en una noche lo que construyó durante años.

Lo que está en juego ya no es una candidatura. Es la confianza de millones de colombianos en que el voto sigue siendo más fuerte que la calle, más fuerte que la presión y más fuerte que la violencia.

Las instituciones colombianas son las llamadas a garantizar lo expresado en las urnas, la voz del pueblo.

Los países no se destruyen cuando existen diferencias. Se destruyen cuando las diferencias dejan de resolverse dentro de las instituciones.

La democracia no consiste en que gane nuestro candidato. Consiste en aceptar que también puede ganar el otro.

Hoy Colombia enfrenta una decisión más importante que la elección misma, como es convertir una victoria estrecha en gobernabilidad. Convertir una derrota estrecha en oposición democrática.

Las urnas hablaron. Ahora les corresponde a los líderes demostrar que están a la altura de la República.

 

Antonio de la Cruz

@antdelacruz

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