Iván Yánez recorrió prácticamente todo el bulevar de Sabana Grande buscando agua mineral y no la encontró. Hace días le pasó lo mismo en un centro comercial. El Universal visitó ayer 15 establecimientos del casco central y Candelaria y en ninguno había agua embotellada. En algunos se encontró agua gasificada (Bs 170) o saborizada (Bs 100 a 140).
El agua en presentaciones de 5 litros o menos desapareció de las neveras de los comercios desde hace meses. Ilidio Beltrán, empleado de una red de farmacias, informó que casi no la traen. «Cuando llega son apenas dos cajas y se acaba en menos de dos horas».
«No están mandando agua por falta de envases», dijo Sergio da Silva, encargado de un comercio en la avenida Urdaneta. La Cámara Venezolana de Envases anunció recientemente que no se está produciendo suficiente resina plástica para las necesidades del mercado. Y la resina que se importaba no está llegando por el retraso en la liquidación de las divisas.
Sin embargo, la mayoría de los comerciantes coinciden en que la causa de la desaparición del producto es la regulación del precio. Las presentaciones pequeñas y de un litro están reguladas desde 2011 y, en cuatro años, solo hubo un ajuste de precios en mayo de 2014. La tarifa, según informaron trabajadores de una empresa embotelladora de agua, no permite cubrir los incrementos en los costos de producción (empaque y etiqueta, mano de obra, manufactura). En quioscos, restaurantes o en manos de la economía informal, cuando se encuentra, el agua embotellada se vende hasta cuatro veces el precio que marca. La de Bs 15 a Bs 40 y hasta a Bs 70.
Por su parte, el precio de los botellones de agua de 18 litros que reparten los camiones ha aumentado varias veces en los últimos meses. En marzo pasado, Mario Alfonso, vecino del casco de Chacao, compraba cada uno por Bs 60, ayer pagó Bs 200. En este municipio las familias compran hasta cuatro botellones por los problemas de racionamiento de agua. A los que quieren adquirir otro envase les cobran Bs 2.000.
«Por lo caro que están los botellones cada vez vienen más personas aquí», dice Hugo Arrieta, encargado desde hace 12 años del mantenimiento de los chorritos de agua que están a la altura de la Cota Mil. A Carlos Villegas no le importa perder toda la mañana en el llenadero pues asegura que se lleva agua de calidad. «Desde hace un tiempo siento que la que despachan los camiones es de dudosa procedencia. Cuando empiezas a ver residuos y partículas en los botellones eso ya no te genera confianza. Además ya no traen el precinto de seguridad. Si la dejas por mucho tiempo, el fondo de la botella se pone amarillo». Arrieta solicita a las autoridades que se le haga mantenimiento a este espacio. «Los chorros se han ido tapando con el tiempo y es necesario destaparlos».
Ante la escasez, la pediatra Carmen Elena Vásquez recomienda a sus pacientes hervir el agua. «Una vez que empiecen las burbujas grandes se deja hervir un minuto completo».
Fuente: El Universal










