A una semana del último reporte, el gobierno mantiene silencio sobre la cifra de víctimas y desaparecidos por el terremoto

A una semana del último reporte, el gobierno mantiene silencio sobre la cifra de víctimas y desaparecidos por el terremoto

Transcurrida una semana desde la última actualización oficial, las autoridades del régimen venezolano mantienen un silencio informativo sobre el balance de víctimas tras los devastadores terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el país el pasado 24 de junio.

La falta de nuevos partes oficiales ocurre mientras en las zonas más castigadas del estado La Guaira continúan los trabajos de remoción de escombros y búsqueda de personas atrapadas en las estructuras colapsadas.

Cifras congeladas y opacidad en los desaparecidos

El último reporte divulgado por el Ejecutivo fue publicado el pasado 24 de julio por Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional controlada por el chavismo, a través de sus redes sociales. Desde esa fecha, el número de fallecidos oficiales permanece estancado en 5.546 personas.

Uno de los aspectos más cuestionados por organizaciones independientes e investigadores es la omisión sistemática del renglón de personas desaparecidas en las vocerías gubernamentales de la administración de Delcy Rodríguez.

  • Balance oficial estancado (24 de julio):

    • Fallecidos: 5.546

    • Heridos: 16.740

    • Rescatados: 6.462

    • Edificaciones colapsadas: 190

    • Edificios afectados: 856

    • Personas en refugios: 23.811 (distribuidas en 107 campamentos)

 

  • Brecha con plataformas independientes: Frente al vacío oficial en el conteo de desaparecidos, portales de búsqueda independientes llegaron a sistematizar cerca de 60.000 reportes en los días posteriores a los sismos. A un mes de la catástrofe, tras labores de verificación y reencuentro de sobrevivientes, el registro de personas aún sin contacto se sitúa cerca de los 30.000 casos.

Especialistas e informes de monitoreo advierten que la falta de transparencia sobre la magnitud real del desastre entorpece la coordinación de la ayuda humanitaria, obstaculiza los planes de reconstrucción a largo plazo y prolonga la incertidumbre de miles de familias que continúan exigiendo respuestas sobre el paradero de sus allegados.

 

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