Para muchos es un asesino sin escrúpulos, pero en Sinaloa hay quienes lo ven como un benefactor que llevó prosperidad al estado
Despuntaba una plomiza mañana en Culiacán cuando la noticia corrió como un reguero de pólvora por las calles, a bordo de los camiones, en los cafés. Incluso el cura que oficiaba la misa de ocho en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario detuvo la lectura del Evangelio cuando el monaguillo tiró de su casulla y le susurró unas palabras al oído, que el sacerdote repitió por sorpresa en voz alta:
Agarraron a «El Chapo»!
Las viejas se santiguaron en los bancos, y los hombres fruncieron el ceño con preocupación. Muy pocos en Sinaloa se engañan sobre qué es lo que hace fluir el dinero por las calles, qué permite que una región con escasa productividad mantenga un sector servicios tan fuerte e infraestructuras que incluyen un aeropuerto internacional en una ciudad de 733.000 habitantes.
—Cayó en Mazatlán. Le agarraron los gringos —añade el monaguillo, y un murmullo de incredulidad se extiende entre los feligreses, antes de que el cura salga desde detrás del púlpito, alce los brazos para pedir silencio y reclame una oración por la pronta liberación del «Chapo».
—Dios nos lo devolverá pronto. Ninguna cárcel podrá retenerle mucho tiempo.
Fuente: ABC










