Trino Márquez: Cogobierno: El final del primer ciclo 

Trino Márquez: Cogobierno: El final del primer ciclo 

El pasado 12 de agosto finalizó el primer ciclo de negociaciones y acuerdos entre algunos miembros de la Asamblea Nacional electa en 2015 (AN2015) y los representantes designados por el gobierno presidido de forma interina por Delcy Rodríguez. Durante el lapso que duró la ronda inicial de conversaciones y a lo largo de los ciclos que vendrán, en la práctica, habrá un cogobierno: un grupo de oficialistas y opositores que tomarán decisiones en torno a temas que son atribuciones del Gobierno.

Los acuerdos anunciados no estuvieron a la altura de las expectativas de un país que ha luchado durante décadas por librarse del yugo de un régimen autoritario, inepto y corrupto como el instalado en Miraflores desde febrero de 1999. Del comunicado firmado por el Gobierno y ese sector de la oposición, solo queda claro que va a ser renovado totalmente el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y se aplicarán políticas orientadas a auxiliar a las miles de familias afectadas por los terremotos del 24 de junio, para lo cual se requieren los lingotes de oro depositados en el Banco de Londres, valorados en unos seis mil millones de dólares.

La mesura del comunicado podría explicarse porque, de acuerdo con Estados Unidos —tutor del país— Venezuela no debe vivir un precipitado proceso de transformaciones, reverso de la moneda de los intempestivos cambios iniciados en 1999, cuando comenzó la “refundación” de la república. Según esa visión tan conservadora, la respuesta a los desmanes del chavismo debe estar guiada por la sensatez y la prudencia. El rescate de la institucionalidad democrática tiene que ser lento, aunque constante. La cordura la recomiendan el sentido común y la experiencia histórica de numerosos países que vivieron espirales de violencia y desintegración luego del desgaste y caída de gobiernos autoritarios que permanecieron mucho tiempo en el poder.

Está muy bien que el primer paso acordado por la comisión consista en renovar todo el TSJ. La cúpula del Poder Judicial debe ser modificada en su totalidad para que ese poder, fundamental en toda democracia, comience a dejar de ser la oficina judicial de Miraflores y del PSUV. También comparto la idea de que el Comité de Postulaciones debe ampliarse, de modo que se encuentre integrado por personas con capacidad e independencia para elegir los candidatos con las credenciales más solventes.

Lo que no comparto es que el ritmo del grupo de trabajo sea tan lento. Los anuncios no se compadecen con la urgencia de los cambios que Venezuela demanda. Esta parsimonia la explico porque, tanto los representantes del Gobierno como los de la oposición, carecen del poder y legitimidad para alcanzar acuerdos de mayor impacto. Ambos dependen de la aprobación de Estados Unidos. Es la Casa Blanca la que dicta la pauta. La que fija los límites dentro de los cuales hay que moverse.

Los ciudadanos están esperando con impaciencia que se fije la fecha de las elecciones presidenciales lo más pronto posible, ya que los resultados del 28 de julio de 2024 fueron ignorados y la gente quiere votar de nuevo. Desea volver a elegir. El descontento con Delcy Rodríguez y lo que ella representa crece. Su gobierno no se encuentra en capacidad de resolver ninguno de los grave problemas que acosan a los venezolanos. Lo último fue la criminal desidia ante los terremotos del 24 de junio. Frente a la inflación, el castigo más severo y universal que azota a los venezolanos, carece de respuesta. No logra articular un plan coherente que les indique a los venezolanos cómo y cuándo podrá superarse esta crisis. Lo mismo ocurre con los demás problemas cruciales: la crisis de los servicios públicos, el agua y la electricidad en especial, la seguridad social, el transporte público, la generación de empleo y la reactivación de la economía. El régimen de Delcy Rodríguez depende de las inversiones en el área petrolera, gasífera y minera que Estados Unidos autorice. Más allá de estos parámetros, no sabe qué hacer.

La fragilidad y dependencia tan severa a la que está sometida Venezuela tendría que entenderla la delegación de la AN2015 que comparte el gobierno con el régimen de Delcy Rodríguez. Si cobra conciencia de esa debilidad, podría tomar mayores riesgos. Se plantearía abandonar el esquemático guion que le escribieron Donald Trump y Marco Rubio.

La delegación de diputados de la oposición que se encuentra en la mesa de acuerdos tiene la oportunidad de proyectar lo que podría ser un futuro gobierno de la oposición democrática: amplio, comprometido con los sectores más vulnerables del país y con la creación de instituciones transparentes, concebidas para rescatar el complejo tramado democrático.

Esta no es la sensación que quedó luego del cierre del primer ciclo del cogobierno. Esperemos que el período que comienza en septiembre sea mejor.

 

Trino Márquez

@trinomarquezc
 

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