Sadio Garavini Di Turno: La batalla cultural

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Sadio Garavini Di Turno: La batalla cultural

 

Por eso el auge de las más absurdas teorías de la conspiración, que vienen difundidas, en esta era de la posverdad, por la explosión de los medios alternativos en las redes sociales y fortalecidas por los algoritmos

En 1932, el filósofo francés Henri Bergson, habló del advenimiento de una “civilización afrodisíaca”.

Bergson evidentemente anticipaba el tiempo por venir, En efecto, vivimos una sociedad que está impregnada por el materialismo, el relativismo, el egoísmo y un hedonismo promiscuo. Desde la Ilustración se creyó ingenuamente que el progreso científico habría liberado al hombre de las creencias irracionales, en cambio parece que la tecnología está produciendo un hombre casi más “credulón” que el de los mal llamados “siglos oscuros” de la Edad Media.

Por eso el auge de las más absurdas teorías de la conspiración, que vienen difundidas, en esta era de la posverdad, por la explosión de los medios alternativos en las redes sociales y fortalecidas por los algoritmos. El “homo sapiens” se está transformando aceleradamente en el “homo videns” de Sartori, que lee poco y mal, ve muchas imágenes, pero maneja muy escasos conceptos.

Una verdadera “videocracia” que se enriquece por la infinita (Einstein dixit) estupidez humana. Se trata de una sociedad caracterizada por el consumismo. Una cultura que identifica a la persona con lo que está en capacidad de procurarse para conseguir placer. Juan Pablo II, en su “Centesimus annus”, nos advierte:

“No es malo el deseo de vivir mejor, pero es equivocado el estilo de vida que se presume como mejor, cuando está orientado a tener y no a ser, y que quiere tener más no para ser más, sino para consumir la existencia en un goce que se propone como fin en sí mismo.” Se está formando una humanidad “novólatra y cuantofrénica” que, como el hombre necio de Antonio Machado, confunde valor y precio. Una sociedad vulgarmente conformista, que está pendiente de la última imbecilidad, que sale de la boca de algún “influencer” o “tiktoker”.

También se advierte un creciente anticristianismo militante muy presente en el cine, la TV y los medios en general. En una reciente y exitosa serie “Los Vikingos”, la heroína buena es una sacerdotisa de los dioses míticos y los malos e hipócritas son los cristianos.

El “wokismo” y la mal llamada “corrección política”, llevada a veces a niveles francamente ridículos, como identificar a la mujer como “ser menstruante” y utilizar el término “ser procreador”, para evitar la palabra madre. También los excesos grotescos de las fiestas del “orgullo gay”, con niños disfrazados de condones y el feminismo más extremista de las llamadas “feminazis”, han creado las condiciones para una reacción cultural conservadora nacionalista, que defiende la religión, los valores de la familia tradicional, y, en general, de la civilización cristiana occidental, frente al globalismo wokista.

En esta reacción que está adquiriendo, cada vez más fortaleza, hay obviamente diferencias. Alexander Duguin, el intelectual ruso muy apreciado por Putin y Steve Bannon, que fue asesor de Trump, coinciden en un modelo francamente autocrático de este nacionalismo conservador cristiano.

En cambio, Giorgia Meloni, en Italia, se ha caracterizado por una conducta sensata y moderada, su defensa de los valores tradicionales de la familia, la religión y un sano patriotismo, se combinan con una clara oposición a la autocracia. Ojalá que la mayoría de esta reacción cultural conservadora se oriente por el camino democrático.

 

@sadiocaracas

 

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