La temporada de Semana Santa en Venezuela está a la vuelta de la esquina, pero en el litoral central la controversia crece más rápido que la sombra de los árboles que hoy faltan. A través de la plataforma Paseo Macuto, la activista Carmen Rondón ha encendido las alarmas al denunciar lo que califica como una «poda salvaje» en este emblemático balneario de La Guaira.
El conflicto: Técnica vs. Oportunismo
Según la denuncia, las jornadas de mantenimiento vegetal que se ejecutan actualmente en las costas venezolanas carecen de todo criterio técnico y ambiental. Rondón enfatiza que el cronograma es, por decir lo menos, inoportuno:
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El momento ideal: Las podas deberían realizarse entre septiembre y octubre.
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El beneficio: Este margen permite que la vegetación se recupere y recobre su frondosidad para las temporadas de Carnaval y Semana Santa.
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La realidad actual: Al podar de forma radical a días del asueto, se elimina la protección natural contra el sol justo cuando más se necesita.
La sombra como mercancía
La crítica de la activista apunta directamente a un trasfondo económico que afecta el bolsillo del temporadista. La tesis es clara: si no hay árboles, el usuario está obligado a pagar.
«Hacer estas podas radicales a pocos días de la Semana Mayor solo expone la voracidad de quienes monopolizan las concesiones de alquiler de toldos», afirmó Rondón.
Al eliminar las ramas que tradicionalmente cobijan a las familias de forma gratuita, el bañista pierde su alternativa natural y queda a merced de los precios de la sombra artificial, los cuales suelen dispararse durante los picos turísticos.
Un llamado a la fiscalización
La denuncia va más allá de las ramas cortadas; señala un problema estructural en la gestión de las playas:
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Falta de control gubernamental: Una ausencia de supervisión sobre quiénes y cómo ejecutan estas labores.
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Concesiones «hereditarias»: Se cuestiona la gestión de espacios públicos por grupos que, presuntamente, priorizan el lucro sobre el equilibrio del ecosistema.
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El debate está servido: ¿Es el turismo en Venezuela una actividad sustentable o un terreno donde el disfrute del mar se convierte en un privilegio exclusivo para quien puede costearlo? La protección de los «pulmones vegetales» costeros es, ahora más que nunca, una cuestión de derecho ciudadano.
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