Hablar de una nueva sociedad es referirse a una sociedad deseable, que responda a las varias exigencias del ser humano como persona y en su convivencia ciudadana. Dada la condición histórica del hombre, en continuo devenir, no se puede pensar en una estructura política definitiva, terminal, sino en una configuración siempre abierta a un ulterior desarrollo. El movimiento puede pensarse aquí entonces como en dinámica asintótica, como proceso hacia un término siempre en cercanía.
El Concilio Plenario de Venezuela (2000-2006) —asamblea pastoral la más importante en los quinientos años de la comunidad eclesial nacional— produjo un documento (el 3.º de 16) precisamente con el título de Contribución de la Iglesia a la gestación de una nueva sociedad y el cual, por su metodología de ver-juzgar-actuar, constituye una especie de manual de Doctrina Social de la Iglesia (DSI) aplicada a nuestro país. Hablar de esta conduce, sin duda, a un tema de particular importancia en la actual circunstancia de nuestra nación, golpeada por terremotos y aquejada por una crisis global tan grave que urge una refundación nacional, como lo ha planteado repetidas veces el Episcopado.
La referida crisis ha envuelto no solo las instituciones de tipo constitucional, sino también las estructuras económicas, políticas y ético-culturales, como consecuencia de la aplicación de un proyecto de corte totalitario denominado Socialismo del Siglo XXI. Este ha llevado, entre otras cosas, a la eliminación, absorción, fraccionamiento y manipulación de partidos y otras organizaciones políticas en el marco de una estatización centralizada. Ello se dio luego de un pragmatismo empobrecedor y del vacío de una educación cívica en los últimos tiempos de la llamada “etapa democrática”.
En medio de la actual incertidumbre y de ambiguas y contradictorias propuestas, se abren, sin embargo, horizontes de cambio que generan esperanza y animan el compromiso ciudadano. En este sentido, el pueblo —“soberano”(CRBV 5)— manifestó en su última decisión electoral (28/7/2024) qué camino, constitucional, quiere para el país en línea pluralista, reconciliadora, democrática. Una vía distinta de la impuesta en lo que va de siglo por un régimen opresivo monopolizador.
En este escenario se revela de gran valor, utilidad y necesidad, lo que la Doctrina Social de la Iglesia ofrece para la construcción de una nueva sociedad venezolana, especialmente luego de la exposición actualizada y animadora hecha por el Papa León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas.
Antes de cualquier otra observación, valga recalcar los puntos siguientes:
1) La DSI no constituye un proyecto o programa político, sino que sirve de herramienta o material para ello.
2) No es propiedad exclusiva de ningún partido o movimiento, pues constituye propuesta abierta.
3) No conforma un conjunto teórico u operativo cerrado, sino en continua progresión y actualización.
4) Es de la Iglesia, pero no confesional, doméstica, sino abierta “a todos los hombres de buena voluntad” en línea humanizadora, servicial. Sobre si es “ideología” o no, la respuesta queda abierta por la equivocidad de dicho vocablo.
No es del caso exponer aquí los fundamentos y principios de la DSI. El citado documento del Papa es bien claro, sintético y pedagógico al respecto, especialmente en sus dos primeros capítulos, y bien actualizado por su lúcida ubicación en la nueva era digital. Sí quisiera subrayar la utilidad y oportunidad de dicha enseñanza en esta Venezuela que urge reencontrarse consigo misma para entrar sólida y eficazmente en el nuevo siglo y el nuevo milenio.
La DSI, abierta al mundo, interpela, sin embargo, en primer término, a los católicos, cristianos que creemos en un Dios Trinidad, Amor, que ha creado al ser humano para amar. Es bastante diciente lo que subrayó el Concilio Plenario de Venezuela: “Los cristianos no pueden decir que aman, si ese amor no pasa por lo cotidiano de la vida y atraviesa toda la compleja organización social, política, económica y cultural. Por ello se tiene que promover la civilización del amorcomo fuente de inspiración de un nuevo modelo de sociedad” (Doc. 3, 90).
Ovidio Pérez Morales








