Una universidad para el porvenir (parte II)

Una universidad para el porvenir (parte II)

 

 

Y las ocasiones se esfumaban tan rápidamente que era necesario aferrarse en seguida a una decisión. Eso le hacía a uno pensar, porque pensar era algo valioso que lograba resultados…”. William Golding, El señor de las moscas

 

 

Alguien que ha perdido la fe y sobran en nuestra Venezuela distópica, me señalaba la grave situación que vivimos y me preguntaba si realmente yo creía que valía la pena, en el otoño de la vida, seguir persiguiendo esos molinos de viento y apuntaba, a otra universidad a encontrar y construir.

 

 

Tratándose de un amigo de muchos años, ensayé una respuesta que retuve para compartir. “Mientras viva, seré fiel a mis amores, a mis ideas, a mis retos”. Discúlpenme por evocar esta experiencia personal, pero creí ver en ella el drama de la Venezuela que nos va dejando secos, pobres, solos, aislados y desesperanzados.

 

 

Sin sueños, sin valores, nos animalizamos, nos despersonalizamos, nos deshumanizamos y por eso inicio esta segunda entrega -como ofrecí al terminar la primera- presentando una lista de elementos del espíritu que pesan tanto o más que lo material, que parece preocuparnos más. Para inventar ese mundo que viene, deberemos abrazarnos a presupuestos éticos y a compromisos del conocimiento y del necesario culto a la inteligencia y el saber, pero sin perder el alma en el intento.

 

 

Por eso es menester asumir y lo propongo, algunos y concomitantes parámetros que describo de seguidas:

 

Concientizar supone un ejercicio psicosocial que pondera, delibera e interioriza a la sociedad y sus cuerpos intermedios, con base en un ideal que nos hacemos de lo que debe ser, de lo que vendrá, para nutrir la voluntad colectiva de una convicción que empape las acciones subsecuentes. Hay que remar en la misma dirección; pero, previamente, hay que, pensando, responder la interrogante del por qué hacerlo.

 

 

Compromiso es responsabilidad. Es mucho más que acordar, convenir, ofrecer la palabra, obligarse a un “dare” o “facere” dirían los romanos. El compromiso del ciudadano universitario es y debe ser una expresión de genuina eticidad. Cada cual y así todos, respondemos de lo propio y de lo comunitario. Trabajaremos, con metas apreciables por la ciudadanía universitaria, rindiendo cuentas y atentos a la evaluación que nos haremos y se nos hará.

 

 

Innovación y actualización. Se trata de crear o perecer, parafraseando al intelectual Andrés Oppenheimer. Se estructura una visión desde la asunción de la misión, como una progresión en perspectiva. Me explicaré de seguidas.

 

 

A cada rato nos impresiona el mercado con una oferta diversificada y mejorada. Los productos que nos anuncian cada año sorprenden por su novedad, utilidad, celeridad de la prestación y costos asequibles para todas las clases sociales. Debemos incorporarnos urgentemente a esa manera de pensar y actuar. Es menester hablar ahora del futuro haciéndolo nuestra cotidianidad.

 

 

Es una cultura la que hay que auspiciar y elaborar. Ello comprende no solo una planificación, sino incluso un lenguaje a propender un cambio que supere las naturales resistencias a los mismos y también una estética emergente que complete el esfuerzo epistemológico a ultimar. La universidad es para eso. Actualizarse no es suficiente, es adelantarse, anticiparse, liderar. Aunque esto resulte de entrada fantasioso, que luzca utópico, es solamente un cielo por alcanzar, un confín a superar. Otro país, otra universidad. Otra ciudadanía.

 

 

Excelencia: El lema será que, si no es perfecto, debe ser perfectible y allí radica el reto constante y reiterado. Si de alguna manera resumo yo la experiencia de los últimos 25 años en Venezuela es como el ascenso de la mediocridad que nos llevó de ida y de vuelta hacia el pasado.

 

 

Es indispensable dejar eso atrás, promover y premiar, el mérito al esfuerzo y la prevalencia del saber eximio, navegando hacia la excelencia, permanentemente, además. Vamos por lo mejor.

 

 

Sustentabilidad: El planeta y ergo, nuestro país, conoce un momento álgido de peligros reales e inminentes. Ha sido depredado hasta comprometerlo como nuestro hogar y dificultando el uso que hacemos de sus recursos por abuso constante e inconsciente. Nuestro país en particular fue y es víctima de todos los desmanes por el extractivismo irresponsable de los que lo han conducido. El daño ecológico en el sur con el Arco Minero y en nuestro litoral, por hablar solo de dos latitudes, pero igualmente en las cuencas de los ríos y lagos contaminados es grosero y criminal. El abandono de los Parques Nacionales, el desconocimiento y la transgresión normativa en el Ávila, Los Roques, Mochima, Morrocoy, son prueba de lo que afirmo. Acabamos viviendo, sin ordenación territorial ni urbanística.

 

 

Otro modo económico de vida y mejoramiento del colectivo comunitario tendrá en cuenta, desde la guía universitaria, una auditoría sistémica y una regeneración como programa regular de nuestra sociedad. Constitucionalmente estamos obligados a un desarrollo sustentable que solo puede tener lugar si lo acometemos como se señala en la carta magna.

 

 

Articulados en los principios mencionados, resaltaremos, pero con un carácter enunciativo, algunos aspectos programáticos esenciales. La universidad debe disponerse al cambio de orientación y a su reajuste, de manera a equiparse y ajustarse a los nuevos requerimientos.

 

 

Para eso, para construir, necesitamos toda la fuerza de la Universidad y traigo una consideración a guisa de resumen sobre nuestra gente en la UCV. Me referiré a los jubilados específicamente y por cierto constituyen más de la mitad de los integrantes de nuestro contingente. Son un capital de importancia y no son tratados ni convocados al esfuerzo debidamente. Me referiré al tema más largamente el próximo viernes Dios mediante.

 

 

Del modelo curricular: iniciaremos este título recordando la necesaria conexión que debe haber entre las distintas etapas del proceso educativo. Ni el preescolar, ni la escuela primaria, ni la educación media pueden estar segregados el uno de las otras.

 

 

Destaca un gran obstáculo entonces que hará más difícil el asunto de la educación universitaria para el cambio y, me refiero a la estrepitosa caída del nivel de la educación en general, que atraviesa transversalmente el espectro todo del cosmos formativo venezolano.

 

 

Maquillaje o simulación de un cambio entre los modelos curriculares tradicionales hemos tenido en estas deletéreas décadas recientes hasta la saciedad tóxica. Se habló de conductismo, constructivismo y el más reciente cognitivismo, pero entre tropezones y revisiones, lo cierto es que el rendimiento académico ha desmejorado tanto que explica y encadena con otros patógenos por así denominarlos, el aburrimiento y la consecuente deserción masiva como repitiente fenómeno que afecta la matricula gravemente. Las evaluaciones para aprobar han perdido seriedad y es más difícil ser aplazado que aprobado.

 

 

Quizá por esa razón conviene llamar la atención a la sociedad toda sobre un descalabro que se visibiliza de no reaccionar destacando que la más importante reforma, más bien diríamos revolución pendiente, es la de la educación. Esa profunda transformación supone sustituir un orden normativo e institucional por otro y, ello tocará hacerlo de “lege ferenda” en la universidad y todavía más significativo, en el Estado, la organización social y en el salón de clases con el maestro.

 

 

La semana pasada se manifestó en esta dirección ese venezolano de excepción y sacerdote jesuita Luis Ugalde proponiéndole al país una alianza para encarar el desafío de cambiar la educación para darle al país una oportunidad que hoy no se ve en el horizonte. De eso se trata en lo estratégico y lo repetiremos hasta la saciedad.

 

 

Seguiremos la semana próxima, si Dios quiere, con la meditación en curso, pero, por razones de espacio, es menester detenernos aquí y gracias a los lectores por compartir la inquietud y por tener paciencia.

 

 

 Nelson Chitty La Roche

@nchittylaroche

nchittylaroche@hotmail.com

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