Torturas e inteligencia artificial

Torturas e inteligencia artificial

 

 

Mientras a diario se habla sobre los desarrollos tecnológicos que no dejan de sorprendernos, como el caso de los inimaginables recursos que ofrece la inteligencia artificial, en Venezuela perduran los métodos más atroces de torturas que contrastan con esos significativos inventos que impulsan el progreso que caracteriza al mundo en la actualidad.

 

 

Así tenemos que mientras en Dubái (Emiratos Árabes Unidos) se levanta el imponente Burj Khalifa, un modernísimo edificio de 828 metros de altura, catalogado como el zigurat más ambicioso construido por el hombre hasta este día en que escribo esta crónica, en Venezuela se habla de La Tumba, una de las cárceles más emblemáticas de la revolución del “Socialismo del Siglo XXI”. En Dubái corre el petróleo tanto como se extraía en Venezuela en esos tiempos dorados para las empresas de hidrocarburos, pero ocurre que allá siguen incrementando la producción, mientras que aquí, en Venezuela, en vez de desarrollar la industria petrolera, lo que se consolida es una temerosa corporación del crimen organizado.

 

 

Las universidades van desplomándose progresivamente, muchas se sostienen a fuerza del pundonor de sus trabajadores y académicos que no se rinden ante el desgano con que son tratadas esas casas de estudios por la administración revolucionaria, que más bien provoca deserción de educadores y declive de la matricula estudiantil. Otra gran desproporción si la cotejamos con la esmerada atención que el régimen madurista le dispensa a las cárceles en las que se incrementa en número de detenidos en condición de presos políticos civiles y militares.

 

 

Un caso reciente que evidencia que esa tendencia represiva continua en crecimiento, es la detención del estudiante ucevista Jhon Álvarez, acusado con pruebas forjadas de “conspiración y asociación para delinquir”, que ha sido víctima de torturas, por lo que su madre se vio en la necesidad de apersonarse en la sede de la Defensoría del Pueblo, exigiendo que su director Alfredo Ruiz “ejerza su poder”, para que evite que su muchacho termine como Fernando Alban (torturado y asesinado en La Tumba).

 

 

Mientras que en la mayoría de los países del mundo se utiliza la electricidad para poner a funcionar computadoras y máquinas de última tecnología que dan cuenta del avance espectacular de la inteligencia artificial, en Venezuela la poca electricidad que funciona la utilizan para aplicarle corrientazos en los genitales, en la rodillas y costillas a los presos políticos, como es el caso narrado por la madre de Jhon Álvarez, al que también le propinan, según su versión, “golpes muy inteligentes”, todo lo cual configura un crimen de lesa humanidad.

 

 

Basta ya!

 

 

Por Mitzy Capriles de Ledezma.

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