Todos como Simonovis

Todos como Simonovis

“Ustedes los venezolanos están viendo cómo les construyen la jaula que nosotros padecemos desde hace 58 años, luchen ahora por la libertad mientras puedan porque de lo contrario empezarán a esperar que alguien les lleve agua y alpiste.” Yoani Sánchez (1974), disidente y periodista cubana que ha alcanzado notoriedad mundial por su blog Generación.

 

El comisario Iván Simonovis está nuevamente hospitalizado. Su frágil salud, mermada por 9 años de injusto presidio, no da para mucho más. Hasta el Papa Francisco ha intercedido por una medida humanitaria para Simonovis, quien ha narrado en su autobiografía El Prisionero Rojo, el trato inhumano que ha sufrido como chivo expiatorio de un crimen que jamás pudieron comprobarle pero cuya condena exculpa a los verdaderos responsables cercanos al régimen.

 

Por eso, es una burla contra la justicia, contra los presos políticos, contra el país que sufre toda clase de calamidades aquello de “Corazón de mi Patria”. ¿Cual corazón tiene el gobierno que dejó morir a Franklin Brito, que consideró buenos los crímenes y agresiones contra opositores, que ha dormido indiferente ante la masacre hamponil contra los venezolanos, que se burla del obligado exilio de más de un millón de compatriotas, que sin remordimientos ha sembrado división y odio en las familias y que quiere a toda costa imponernos un disfraz comunista calcado de una isla miserable a la que regala los dólares que no da a los venezolanos? Un poquito de por favor Simonovis es la representación de esta Venezuela enferma, presa y castigada por la injusticia.

 

El gobierno, al igual que con Simonovis ha tratado de “quebrar” la voluntad, la libertad, la iniciativa, la propiedad de los venezolanos que se resisten a ser sus pordioseros, que quieren vivir en una país democrático, en un estado de derecho con libertades individuales garantizadas.

 

El proceso de implantar el comunismo ha sido mucho más lento que en Cuba, por la resistencia y por las comunicaciones que ponen al régimen y sus desmanes en la mitad de la calle. Políticamente han sido exitosos en imponer una dictadura constitucional, anulando la separación de poderes (¿o no vieron a los honorables magistrados gritando “¡Viva Chávez, carajo!” en la apertura del año judicial?), destruyendo las instituciones, acosando y sacando del aire a los medios independientes, legislando para crear un cerco cada vez más pequeño a cualquier actividad personal, comercial o agroindustrial.

 

Los resultados están a la vista, Venezuela carece de todo lo que este mal gobierno expropió: cemento, azúcar, harinas, mantequilla, aceites, leche, arroz, papel tualé. El país ocupa los últimos lugares en cualquier ranking internacional de desempeño económico. Y todavía hacen la finta del “yo no fui” y buscan culpables para que paguen su propia torta.

 

Los venezolanos estamos presos de un régimen que ha coartado nuestro acceso a la libre información, que nos quita la comida de la mesa cuando expropia industrias y tierras, que privilegia la importación por encima de la producción nacional, que tiene una campaña cerrada contra el comercio sin importarle la quiebra, el desempleo y el desabastecimiento.

 

La plana comunista no está funcionando en Venezuela y a pesar de los pañitos calientes y de las reuniones con gremios, el desastre está anunciado. Por una sencilla razón: han exterminado la producción nacional con su política de castigos y controles, por lo cual no tenemos productos nacionales para autoabastecernos y mucho menos para exportar. Solo producimos petróleo, en volumen insólito para un país que dice tener las mayores reservas del mundo.

 

Hay aquí una sola verdad: el gobierno está cerrando drásticamente el chorro de los dólares porque no hay ni siquiera para honrar los inmensos compromisos (cerca de 48.000 millones de $) contraídos por estos irresponsables interna y externamente a cuenta de una revolución de pacotilla que ha arruinado a Venezuela. Les echo el cuento cortito para que entiendan por qué recortaron los dólares viajeros, las remesas, han hecho cuatro devaluaciones en menos de un año y se niegan a reconocer la deuda externa de comerciantes que importaron a dólar libre para abastecer al país.

 

Venezuela está perdiendo en estos momentos el mercado norteamericano. Desde la semana pasada la empresa canadiense TransCanadá comenzó a bombear 520.000 barriles diarios de crudos que irán a las refinerías estadounidenses de la costa del golfo de México, lo cual podrá independizarlas de las compras a Venezuela y al Medio Oriente. Los verdaderos expertos petroleros venezolanos, que andan regados por el mundo gracias al finado, vienen dando alertas acerca de que Estados Unidos en los últimos tres años subió la producción doméstica de 5.8 millones a 8,1 millones de barriles diarios. Y ahora con este oleoducto canadiense sólo necesitará el 40% de lo que importaba de Venezuela hasta ahora.

 

El gobierno revolucionario bajó de la primera a la cuarta posición como suministrador de crudos a Estados Unidos, un cliente que paga su factura a 30 días. Mientras los americanos mejoraban calladitos su capacidad de producción, el chavismo se desbocaba en insultos hacia nuestro mejor cliente, llegando el finado a romper relaciones con las palabras más groseras que haya pronunciado gobernante alguno en los últimos siglos.

 

China desde hace tiempo lleva los supertanqueros que carga en Venezuela hasta las cercanas refinerías norteamericanas del golfo, hechas por cierto con tecnología venezolana y se lleva sus productos ya procesados. Y los chinos no pierden de vista a su principal deudor del continente que gracias a su terrible conducción del negocio petrolero, ha pasado a ser importador de combustibles. Dicen que desde el 4 de enero hay 18 funcionarios chinos de alto nivel revisando las finanzas de PDVSA, que es su única garantía de pago de la milmillonaria deuda con los asiáticos.

 

Los venezolanos son llevados a un holocausto económico, con inseguridad, sin alimentos y entrampados en un país que cada vez cierra más sus fronteras. Técnicamente, los economistas dicen que las finanzas nacionales está al borde de un default, que las señales de rectificación que da el gobierno son tan débiles que los mercados no las creen, hay una cesación en los pagos a los acreedores no financieros, las líneas de crédito a sectores públicos y privados desde el exterior están suspendidas y hasta las líneas aéreas han iniciado acciones para retirarse de la operación nacional.

 

Más de 14 años de hostilidad hacia la inversión, una torpeza tan enorme como su ineptitud y la sordera implacable ante millones de venezolanos perjudicados que quieren enderezar el rumbo del país, hacen que la salida a esta crisis sea un cambio imperativo y radical en el rumbo político que ha hundido la economía nacional.

 

¿Cuándo sabremos que el Titanic se va a pique definitivamente? Cuando Polar, empresa a la que ya Cadivi debe 463 millones de $, cierre o reduzca dramáticamente su producción. Después de eso, el naufragio.

 

Charitorojas2010@hotmail.com

Twitter:@charitorojas

Aquí entre nos

*Si alguna dependencia gubernamental había mejorado la calidad de sus servicios era el SAIME mientras Dante Rivas fue su director. Sobre todo en las oficinas de Caracas se notó el paso de una mano organizativa, aunque en el interior persistían fallas fundamentalmente debidas a la pésima infraestructura y condiciones en las que funcionan. Pero ahora con la transferencia al CNE el retroceso ha sido de años. Las citas de los pasaportes las dan para 9 semanas después como regla; igualmente después de tramitarlo, se tardan 9 semanas más en entregar el documento.

 

Todo un parto. Total, cuatro meses y medio, cuando el SAIME llego a tener un récord de entrega de pasaportes hasta de 15 días después de la tramitación. Dicen que hay escasez de material, pero no la hay para las mafias que resucitan cuando la organización y puntualidad fallan. Quien necesite viajar y su pasaporte tenga una fecha de vencimiento inferior a seis meses debe pagar gestores y mordidas de entre 8 y 12 mil bolívares. Me han denunciado nacionalizados que requieren renovación, que les piden hasta 18.000 bolívares. Eso sí, se los entregan en menos de una semana. Toda restricción genera escasez y ésta corrupción. El SAIME perdió y los ciudadanos también.

 

* Nadie responde por el paradero de ese patrimonio que le costó a la Nación casi 100 millones de dólares en su momento. El avión presidencial está desaparecido y hasta el momento la única respuesta que ha dado el principal velador de los bienes del país que es el presidente, es que lo va a donar a Conviasa.

 

¿Por qué y con la autorización de quién? ¿Bajo cual criterio un avión de lujo con tan poco tiempo de uso es desincorporado? Los rumores dicen que el 001 (es decir, el llamado popularmente “chupadólares”) fue modificado como una clínica ambulante al servicio del entonces enfermo presidente, pero sin participarlo al fabricante para que éste hiciera bajo rigurosos parámetros la modificación, por lo cual la nave perdió la garantía; en consecuencia, al parecer la empresa francesa Airbus se negó a dar mantenimiento o a responder por garantía alguna. Como siempre, la improvisación de los ineptos provoca graves daños patrimoniales al país, sin que siquiera rindan las debidas cuentas.

 

* El Parque Fernando Peñalver, que siempre ha sido un oasis de seguridad para sus visitantes, fue violentado la semana pasada por un hampón que acuchilló a una señora que trotaba en sus caminerías. Este atentado ha mermado la asistencia hacia nuestro hermoso parque, pero la respuesta no debe ser retirarse sino organizarse.

 

Hace años, cuando un malhadado gobierno rojo atropelló ese espacio, organizamos el movimiento Guardianes del Parque, bajo cuya presión los valencianos pudieron plantar cara e impedir las agresiones. Es el momento de reactivar la vigilancia ciudadana sobre un patrimonio de todos. Los dolientes del Fernando s vamos a reunirnos este sábado 1º de febrero a las 9 y 30 de la mañana en la plaza de la bandera, junto a la entrada sur, para organizarnos y poder seguir disfrutando de uno de los bienes más preciados de la ciudad.

 

Por Charito Rojas

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