Querido Maduro, te recuerdo el sorprendente proverbio chino: ‘El pueblo llega a perder el miedo a la muerte cuando le cuesta demasiado vivir’.
Oyendo gritar (casi sinónimo de desgañitarse) al señor Maduro y viendo cómo emplea la fuerza para tratar de deshacerse de sus opositores recordé dos pensamientos que tengo anotados en mi vieja libreta de apuntes. El primero dice que a medida que se suben los decibelios bajan los argumentos, que, expresado de manera elemental, suena así: mientras más grites, menos razón tienes, o el que tiene razón no necesita gritar. El segundo pensamiento viene nada menos que de Juan Domingo Perón, otro caudillo, que decía: “La fuerza es el derecho de las bestias”.
Llegado a este punto decidí escarbar en mi memoria para encontrar otros consejos y máximas que es bueno recordar a los gobernantes. Agradezco al señor Maduro, cuyos extraños procederes como presidente de un país me dieron pie para traer a cuento estos consejos a los grandes de la Tierra.
Fenelon, encargado de la educación del duque de Borgoña, sobrino de Luis XIV y que estaba destinado a sucederlo, le dio este consejo, fundamental para un gobernante: “No muestres confianza sino al que tenga el valor de contradecirte de frente”. Rescato de la misma libreta este resabio (o sea muy sabio, para rebajarme al nivel de los que así maltratan el castellano) consejo a los que mandan: “Cuando un súbdito te hace un elogio de 100 por ciento asume que realmente era del 10 por ciento, y cuando se atreva a hacerte una crítica del 10 por ciento entiende que era realmente del 100 por ciento”.
Un escritor decía que “gobernar es hacer descontentos”. Dag Hammarskjöld, uno de mis pensadores preferidos, escribió: “No intentes averiguar a dónde te lleva cada uno de tus pasos; solo quien ve a distancia acierta el camino”.
El gran Clemenceau decía: “La política me recuerda a una grúa muy grande a la que se han agarrado muchos hombres para levantar una mosca”. Rossi, que nunca supe quién es o quién fue, decía: “La política es el adiestramiento de mentirosos más grande que existe”. Isidro Stone decía casi lo mismo: “Todos los gobiernos están guiados por mentirosos”. ¿Es verdad, Maduro, que Chávez te habla directamente o por medio de pajaritos?
Fortebraccio escribió: “Nuestros hombres de gobierno no solamente no saben gobernar, sino que ni siquiera saben avergonzarse de ello”. El admirable Jacques Cousteau escribió: “Los gobiernos son siempre los últimos en comprender lo que sucede en sus países. Si no se lo explican con una revolución, no lo entienden”. Enzo Biagi así sentenció: “Me cae bien la democracia, pero aquí el que decide es uno solo: yo”.
Jouvenel decía sabiamente: “Un pueblo de borregos acaba engendrando un gobierno de lobos”. Por “penúltimo”, querido Maduro, te recuerdo el sorprendente proverbio chino: “El pueblo llega a perder el miedo a la muerte cuando le cuesta demasiado vivir”. Y por último, te declamo una estrofita simpática:
Tú te ríes porque tienes
por el mango la sartén.
Cuida que no te la quiten
y un sartenazo te den.
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Nada que ver. Hablemos de cosas amables. El Banco de Occidente sorprende cada año al país con un libro fabuloso sobre Naturaleza. El de este año se titula Cañones de Colombia. Y Villegas Editores, el librero mayor de Colombia, con sorprendentes fotos de Santiago Harker, publica un libro en el que hábilmente reproduce los dibujos de la Comisión Corográfica, colocándoles al lado fotografías similares hechas con personas, lugares y situaciones actuales. Es un libro espectacular. Ambos, el Banco de Occidente y Villegas Editores, merecen el agradecimiento de Colombia, de los historiadores, de los naturalistas, de los ecólogos, de las sociedades científicas y humanistas y de la gente culta.
Andrés Hurtado García












