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Milei, o el regalo de Argentina para la mafia criminal del «Socialismo del Siglo XXI»

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Milei, o el regalo de Argentina para la mafia criminal del «Socialismo del Siglo XXI»

 

No están las clases medias de América Latina que por lo general son las que nutren las filas de partidos, organizaciones y movimientos políticos democráticos, habituadas a tropezarse con líderes furibundos como este que el domingo se impuso con un 32 por  ciento en la intención de voto para alzarse con la presidencia de la República Argentina.

 

Hablamos de Javier Milei, un economista de 52 años, cuya carta de presentación podría empezar aclarando que se trata de un político “outsider”, llegado a limpiar los establos de Augias de la política ríoplatense y un milagro más del quehacer que se plasma en militancia, disciplina y formación ideológica en el vagabundeo que es típico de un país pródigo en gauchos, payadores y compadritos.

 

Para arrimar más exotismos recordemos que Milei fue baterista de un conjunto de rock, arquero de  un equipo de fútbol y un joven quinceañero en la fatídica década de los 80, veinteañero cuando Menem dolarizó la economía e reintrodujo el primer atisbo de economía de mercado que se había quedado en la segunda mitad en el siglo XIX y provechoso alumno de economía en la Universidad de Belgramo cuando 11 años después, el mismo Menem, de La Rúa y Cavallo dejan un país en ruinas, con el regreso a un peso en hiperinflación, una deuda impagable, la declaratoria de default y la vuelta en el 2001 de los radicales peronistas que parecían evaporados en el movimiento Montoneros, pero no, estaban escondidos, agazapados y esperando el fracaso del modelo capitalista para ahora implantar el “socialismo a la cubana” en forma.

 

Estos recién venidos tienen nombres, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner,  y se trata de un matrimonio, abogados los dos, que no cumplen la cuarentena de años, y que dicen haber participado en la “Guerra Sucia” desde las aulas de la secundaria y que su destino es restaurar el “peronismo primigenio”, el de “Perón y Evita” y que primero volverá a arder Troya antes que los liberales y los capitalistas vuelvan al poder en la Argentina.

 

En otras palabras, que parecía cosa de locos y condenada al fracaso, sino hubiera sido porque en Venezuela, un país situado al norte de la América del Sur, estaba gobernando desde hacía un año un teniente coronel, Hugo Chávez, quien proclamaba que tenía a Perón entre sus principales inspiradores y que su objetivo era restaurar en la América de Bolívar y San Martín “el socialismo que había quedado enterrado en los escombros del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Sovietica”.

 

Vale decir que, mejor tabla de salvación no se podía encontrar, porque se trataba de unir las ilusiones, los odios, las esperanzas y las furias de un país rico, que nadaba en petrodólares legados por 40 años de gobiernos socialdemócratas, con otro arrasado por 11 años de dolarización y un conato de neoliberalismo que no pudieron contra una cultura de la corrupción instalada desde el primer día que Perón tomó el poder a  comienzos de los 40.

 

De ahí que pueda afirmarse que a partir de este encuentro, el de los esposos Kirchner con Chávez, nace otra Argentina y otro peronismo, el que se conecta con la aventura subcontinental que nace con “El Foro de Sao Paulo” (1990) y continúa con el ascenso al poder de Chávez (1998) y sigue con el de Lula, Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega y la consolidación de la dictadura de los hermanos Castro en Cuba que ya contaba 60 años.

 

En cuanto a este estado novo  peronista y argentino, que secunda a Chávez y a Lula en la expansión del socialismo y, de paso, encuentra un nuevo aliado en las FARC de Marulanda para incluir al país de Gardel en la internacional del narcotráfico, no hay una oposición formal ni en la izquierda ni en la derecha, ni en socialismo ni en el capitalismo que pueda hacer frente a los vientos que están llevando al país a un nuevo abismo.

 

Y es en este tramo, mediados de los 2000 más o menos, donde aparece un nuevo actor, músico y futbolista a medias, Javier Milei, pero con buena formacion de economista, llevado por un paleolibertario gringo, Murray Rothbard, a conocer  los textos sagrados de la Escuela Austriaca (Mises, Hayek, Ropke), donde encuentra todo el arsenal de ideas para atacar al estado, al colectivismo, la socialdemocracia, los políticos y defender la  propiedad, la libertad, la individualidad y la democracia sin interferencias marxistoides ni keynesianas.

 

Pero ¿dónde comunicar todo esto y a quién, si Milei no tiene partidos, ni periódicos, ni círculos de amigos, ni apóstoles que prediquen su evangelio?
Milei mira a su alrededor y consigue que una radio le transmita un programa, funda un partido (“La Libertad Avanza) y poco a poco empieza a ser llamado desde los canales de televisión de Youtube que, dada la quiebra de los canales de TV públicos y privados, se convierten en las nuevas voces desde las cuales se puede hablar de todo. En estos desvaríos escribe una obra de teatro y la escenifica el sólo y ¡oh, sorpresa!, en cuanto audiencia, es un rotundo éxito.
De modo que, de estas andanzas, lo que queda claro es que Milei, al igual que Mussolini, Castro o Chávez, es un tremendo actor  y como el “kirchnerismo”, al aliarse con el “Socialismo del Siglo” le ofrece una audiencia continental, es un conductor de programas cuyo talante e ideas se siguen con interés en Brasil, Perú, Colombia, Venezuela y Estados Unidos.

 

Algo más importante: no hay un solo país en América y Europa donde no se quieran oir insultos gruesos, fuera de lo políticamente correcto, lenguaje de arrabal (en porteño), contra el peronismo kirchnerista y el “ Socialismo del Siglo XXI”, y ahí estaba Milei para expresarlos y a gritos.
Por eso, en las elecciones  del domingo pasado (que mide la intención de voto para la primera vuelta del 22 de octubre próximo), el imposible Miley se alzó con dos votos por encima de Patricia “Pato” Bullrich de la centro derecha y con tres para derrotar a, Sergio Massa, de la coalición oficialista de Alberto Fernández y Cristina Kirchner.

 

¿Qué pasará el próximo 22 de octubre cuando haya que tener maquinaria para llevar electores a votar y después para contar los votos y hacerlos valer?
Es evidente que ahí, en ese momento, muchos analistas, encuestadores e investigadores desconfían de las posibilidades de Milei y se preguntan si no estamos frente a un nuevo Vit Jedlicka, aquel checo utopista a ultranza que descubrió que en la exYugoeslavia, entre Servia y Croacia, habían quedado ocho kilométros sin asignar a ningún país, y él, Jedlicka, se los asignó a sí mismo y fundó  un nuevo país, Liberland, e invitó a todos los libertarios del mundo a que se mudaran a este paraíso sin precedentes en el mundo conocido y muchos fueron, pero  al poco tiempo volvieron a sus patrias de origen, alegando que no podían vivir sin pagar impuestos, sin tener propiedad, ni estado.

 

Otras ideas en la línea de “Liberland” fue crear una “nación virtual”, que funcionaría en el ciberespacio, con todas las características de la “Utopía” de Tomás Moro, salida del estudio de la arquitecta iraquí Zaha Hadid, quien murió hace algunos años en Miami, o “El libertarismo en Alta Mar”, que funcionaría con barcos inslatados en alta mar donde sus habitantes harían vida marítima y cuyo fundador es Patri Friedmann, nieto del Nóbel, Milton Friedmann.

 

Se equivoca, sin embargo, quien piense que Milei está solo y no tenga detrás un personaje como Carlos Kikuchi, asesor que fue de Domingo Cavallo, o a Ricardo Bussi, su gran aliado de Tucumán, e hijo de Antonio Domingo Bussi, condenado por crímenes de Lesa Humanidad durante la dictadura de Videla.

 

Es cierto que aún no se conoce la opinión sobre Milei de neoliberales argentinos tradicionales como Marcos Aguinis, Alberto Benegas Linch, Mariano Grondona y Antonella Martí, pero dado que en su mayoría apoyaron a Macri, no se descarta que ahora estén con Patricia “Pato” Bullrich.

 

 

Pero no son  detalles que en absoluto le quiten el sueño a Milei, pues le basta con saber que tiene detrás a la nueva subcultura política, nacida de los talk shows y mainstreams de los canales televisivos de Youtube, donde hablar mal, literalmente, despotricar de la izquierda, la derecha y el centro en todas sus expresiones, es lo habitual.

 

Programas donde el trumpismo es la estrella polar y todo lo que rechace el orden establecido y propicie búsquedas que no se sabe exactamente a donde conducirán.

 

Manuel Malaver

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