Hay muchas cosas que cambiar en la televisión venezolana. Esta puede, ciertamente, ser mucho mejor de lo que es, pero creo que los tiros gubernamentales van por el lado equivocado. Digo, si a lo que se aspira es de verdad una mejor televisión. En entretenimiento, información y educación, pautas claras de calidad y mucha libertad, y que cada quien ejerza su derecho a escoger lo que le gusta y lo que no.
El primer error es meter el debate sobre la televisión en la discusión con motivo del combate a la violencia. Mal comienzo. La violencia en la sociedad venezolana no es mediática, sino de la vida real, la cual es mucho más violenta que cualquier programa. La televisión no es culpable de la violencia. Y, en particular, no lo son las telenovelas. A uno pueden gustarle o no los llamados culebrones, no soy lo que se dice un fan del género, pero echarles la culpa de la inseguridad de nuestras calles es un disparate.
Como otras exportaciones, la telenovela es una industria venezolana que ha decaído y cedido mercado a las producciones de otros países, como Brasil y Colombia. Deberíamos más bien tratar de recuperar nuestra posición, porque la producción de telenovelas es una fuente de trabajo para un gentío; para los actores obviamente, pero también para personal de dirección y producción, para camarógrafos, luminitos, sonidistas, maquilladores, vestuaristas. Fuente de empleos, de esas divisas que ahora escasean y de proyección de la imagen nacional más allá de nuestras fronteras.
Hace mal el gobierno al agarrarla con la televisión; con la venezolana y con la que, gracias a la revolución tecnológica, ahora tenemos acceso a ver por suscripción. En este caso, no debería el gobierno tratar de sustituir la responsabilidad paterna. Existe la opción del bloqueo parental, mediante el cual padres y madres pueden bloquear la señal de aquellos contenidos de programación que no quieren que sus hijos vean. Es su derecho y su responsabilidad. El de los padres, no del gobierno.
Tiene el gobierno un magnífico instrumento para eso de marcar pautas, y es presentando una televisión pública ejemplar, de calidad y con sintonía. Ninguna de las cosas logra. Tiene cinco señales por lo menos. Aunque uno de los canales informativos tenga mejor nivel, no son ejemplo por su parcialización y manipulación. De resto, predomina la propaganda -en algunos casos parece ser la única motivación- y la promoción de la división y el enfrentamiento entre venezolanos.
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Por Ramón guillermo Aveledo











