Hugo Chávez dejó al país en una situación de quiebra técnica. El gobierno va, viene, paga sus cuentas pero todos saben que está quebrado. En esas condiciones lo único que puede salvarlos es una única condición que no tiene nada que ver con puntos en concreto por parte de políticos y empresarios: «la credibilidad». Por eso el diálogo no existirá, en parte porque unos pocos pero muy poderosos seguirán con aquello de que la «Revolución no se negocia», mientras que para los neozares, sus archienemigos internos, el peligro es que les descubran que son los nuevos dueños de Venezuela y muchos otros, sencillamente no pueden soportar la verdad, porque equivale a abrir sus libros y descubrir que inflaron la producción con la cual se vacilaron siempre a Hugo Chávez (a quien francamente le interesaba un comino) y hoy se vacilan al «nuevo», tan vacilado, que le dicen que el 40% de la producción se va de Venezuela, por lo tanto por parte de ellos de ninguna comisión emergerá «la verdad».
Luego tenemos a los terceros que no le interesa «la verdad incomoda», que no es otra que este país recibió en diciembre de 2013 la fantástica suma de 1,51 billones de dólares (millones de millones) o 18 planes Marshall (ajustados a la inflación) con los que -citando a Chávez- el gobierno pudo haber reconstruido Europa 18 veces y un simple cálculo de pulpero sugiere una única pregunta: Si Cadivi solo entregó a manos privadas $ 142 millardos para importaciones, otros 21 millardos para viajeros y ni con el Sicad y los bonos se llega a 250 millardos, ¿quién diantres gastó los otros 1,26 billones?
Pues los que no quieren que se conteste esa pregunta tampoco quieren el diálogo, pues la respuesta no es otra que $579 millardos (Casi el doble de lo entregado por Cadivi, los bonos y el Sitme) lo gastaron los nuevos zares y sus cuadros en contratos directos (40,63%) en los que se conoce que, «invirtieron» más en comprar plantas eléctricas, que todos los viajeros y remesas juntas. Hay que añadir que otros $187 millardos (13,14%) los gastó el chavismo directamente en contratos de importaciones públicas y hay que sumar también que gastaron $134,78 millardos en «gastos de la República», préstamos y regalos equivalentes a otro 9,46%. Así que 1,26 billones de dólares, los gastó directamente el chavismo y los que recibieron esos contratos son los menos interesados en que se sepa «la verdad».
Porque el dinero jamás fue entregado a los «Cadiveros», o a la Permuta sino a una clase denominada los «Caimaneros» (cuentas en islas Caimán) o a los Suiceros (cuentas en Suiza) y mucho menos a los viajeros o ahorristas, sino a los «andorristas» (cuentas en Andorra). Aquellos que manejaron en contratos la colosal cifra de $1,26 millones de millones que son los únicos que podrían tener los 250 millardos fugados que son a su vez, los que sostienen el mercado negro, los que fijan los precios de inmuebles o carros en dólares imperiales y los que disparan la inflación.
Pero la Comisión de la Verdad y del diálogo de Paz, puede ser tan «representativa como siempre», con una mayoría del grupo de «La revolución no se negocia», otro de los «neozares», otro de los caimaneros, suizeros y andorristas junto con uno que otro «sospechoso habitual» de la vieja guardia «opositora» que debería demostrar antes si sus familiares son bolichicos o porque pidió que un familiar consiguiera empleo en el gobierno, o que no le tienen un expediente con el que lo controlan o por qué se quedó callado tantos años y de que vivió durante su «voto de silencio». Y junto a ellos una exigua representación del empresariado «controlado», porque Cadivi no es otra cosa que un inmenso mecanismo de represión y control del Estado, por lo que pueden tener tantas buenas intenciones, como conflicto de intereses.
O Maduro puede escuchar a una Venezuela a punto de estallar como lo pide desde Ban Ki Moon hasta la UE y plantear una «Comisión de verdad» transparente, paritaria y llena de jóvenes cuyo único interés sea la verdad sobre la producción, la verdad sobre a dónde se fue el dinero, la verdad sobre dónde está la comida. Y los más interesados en que se sepa la verdad deberían ser los militares, quienes hoy reciben toda la responsabilidad mundial, porque no se dan cuenta que cuando gasean Altamira, lo hacen donde habita el 80% del cuerpo diplomático extranjero, sus esposas e hijos y en sus informes van las fotos que todos vieron o incluso tomaron ellos mismos, junto con otros que deben explicar que: «el 40% de la producción se fuga del país» (Maduro Dixit) y deben redactar que el Presidente sostiene que permiten que se fugue casi la mitad de la producción. La verdad es que ningún insulto de un chamo en una guarimba, se asemeja a tamaño agravio, cuando la posible verdad es que un bandido infló la producción y hoy culpan a los militares, a los que para colmo terminarán con causas penales en EEUU y Europa.
En fin que la verdad conviene a todos y la diferencia entre una Comisión de la Verdad o un Tribunal Penal Internacional está entre comenzar escuchando o terminar luchando.
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Por Thays Peñalver












