Somos la generación rota de Venezuela, la generación que no conoció a la patria que libertó a cinco naciones, el bastión de las ideas y la democracia anticipada. Somos la generación del adiós apresurado, del hambre desmedida y del «no hay» como leitmotiv diario ante una pasividad descollante de una realidad que denigra, entristece y enconleriza.
Somos la generación del llanto por la partida precoz, somos la generación que creció con el cáncer bolivariano, de la muerte insospechada, del gatillo alegre, de la vida que se acaba en un suspiro y que es arrebatada sin perdón. Somos la generación que dejó de soñar en la Venezuela Saudita, la del Gran Viraje o de la Ancha Base, nos cambiaron los sueños por una igualdad que nos empobreció, somos una generación nula de realidad y de cavilaciones famélicas.
Somos la generación sin juventud, la del toque de queda perenne, la de los tres Dios te bendiga antes de salir, la del «llámame para saber que llegaste bien», la generación del hampa, de la sangre que se cuela con el Río Guaire y se pierde entre la basura y desechos, como vidas sin fines. De la justicia ausente y erigida como tribunal suprema, del linchamiento en la esquina y de la pira que no se apaga con los sollozos de los familiares de los millones de víctimas por asesinato.
Somos la generación de las ideas sin luces, de los apagones y racionamientos de vida, somos la generación del ahorro obligado, de la desidia impuesta, la generación sedienta sin tener que beber, somos quienes dormimos para resguardarnos del mal, soñando en un mañana mejor, la generación obligada a ver una Venezuela mejor. Somos la generación enferma, la que su cura se pudrió en algún puerto por corrupción.
Somos la generación del sur, del este y occidente… Somos la generación del éxodo, la generación que conoció la Balza que en Aruba atracó con un cadáver de un soñador, de un venezolano que deseaba una tierra mejor. La generación de las amistades en la distancia, de las relaciones inconclusas, de los futuros romances inciertos, somos la generación de las despedidas.
Una generación de resentidos nos volvió, a la de nosotros, en una nigerrima, escueta, remedo de… Sueños pasivos, de haberes anhelantes.
Somos la generación del hambre, del mundo, del conocimiento y la tecnología. Venezuela está vacía de oportunidades, pero llena de balas y socialismo, de populista en la mañana, desdicha al mediodía y tristeza por la noche. ¡Buen provecho!
Jesús Alberto Martínez Vizcaya
@AlbertMViz












