El régimen, en un acto de grosero ventajismo electoral, o de supremo miedo, declaró el 8 de diciembre como el «Día de la Lealtad y el Amor al Comandante Supremo Hugo Chávez», según expresa el Decreto N° 541, publicado en la Gaceta Oficial N° 40.286, con fecha del 4 de noviembre de 2013.
Conforme al decreto en cuestión, el día de las elecciones municipales, se deben «Realizar actos y eventos conmemorativos en todo el territorio nacional de la República Bolivariana de Venezuela, que exalten su pensamiento bolivariano, el amor infinito con su pueblo y la defensa permanente de su legado y su ejemplo infinito». Además, el decreto presidencial exhorta al pueblo venezolano y a todas las instituciones a «honrar con acción y pensamiento la herencia y legado universal del máximo líder de la revolución bolivariana».
Por otra parte, El Universal en días pasados ilustra su primera página reseñando cómo la campaña del candidato oficialista a alcalde del municipio Libertador toma las instalaciones del Metro de Caracas.
En acción simultánea, el presidente de la AN, descalifica, amenaza a la oposición y al chavismo disidente; confiesa que graba y espía a los líderes opositores y pretende amedrentarlos; Nicolás Maduro hace lo mismo, y su discurso pareciera que pretende auspiciar al mejor estilo nazi el linchamiento de líderes opositores.
El CNE, bien gracias, se comporta como parte y no como árbitro. No hace nada.
El artículo 293 de la Constitución obliga al CNE a garantizar la igualdad, confiabilidad, imparcialidad, transparencia y eficiencia de los procesos electorales. El ente comicial se rige por el principio de independencia y autonomía funcional. El CNE, nuevamente, no está haciendo su trabajo. El país lo tiene clarísimo, por eso sus bajos niveles de confiabilidad.
Las encuestas adversas al oficialismo harán que la situación se torne más dura y preocupante. La solución democrática, es votar masivamente contra el régimen, esta es una razón de peso para activarse y demostrar que la oposición es mayoría y que el mejor antídoto contra la trampa es el voto. La adversidad se tiene que convertir en la fuerza del ciudadano preocupado y el mejor estímulo para votar, cuidar y defender el voto.
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Por Gerardo Fernández











