Decálogo para erradicar la inflación: Una propuesta para el debate electoral

Decálogo para erradicar la inflación: Una propuesta para el debate electoral

 

Según el Observatorio Venezolano de Finanzas, la inflación de septiembre fue de 6%, la acumulada entre enero-septiembre sumó 159,4% y la anualizada entre septiembre 2022-septiembre 2023 llegó a 396%. Faltan menos de 3 meses para terminar el año y, de mantenerse esta tendencia, se desvanece la expectativa de lograr una inflación considerablemente menor al 234% de 2022.

 

 

En lo que resta de año será difícil remontar la caída promedio del 7% de la actividad económica registrada en el primer semestre de 2023. La Encuesta de Coyuntura Industrial de Conindustria registró una caída promedio de la producción industrial de 7,6% en el primer semestre y Consecomercio reportó una disminución de las ventas en torno al 40%.

 

 

82% de los venezolanos consideran que la inflación, la contracción económica, la falta de trabajo bien remunerado y el empobrecimiento generalizado son los problemas que más preocupan a los hogares venezolanos. La falta de trabajo estable y bien remunerado en el sector privado y la mayor precariedad de los sueldos en el sector público que -sumados salario, bono de alimentación y bono de guerra económica apenas sobrepasan los 70 dólares al mes-, sentencia que la mayoría de los hogares no puedan comprar los productos de la canasta básica familiar (CAF) que, según los cálculos del Cendas-FVM, registró un costo de 491 dólares en el mes de agosto.

 

 

Según la Encuesta Condiciones de Vida (Encovi) que realiza la UCAB:

 

 

81,5% no alcanza a cubrir la canasta básica y está en condición de pobreza.

 

53,3% no puede comprar la canasta alimentaria y está en pobreza extrema.

 

Depreciación vs Inflación

 

 

En 2023, la tasa de cambio oficial ha subido de 17,48 Bs/$ registrado el 1 de enero de 2023 a  34,8 Bs/$ registrado el 10 de octubre. Esto equivale a una maxi-depreciación del 100% de la moneda nacional que, aun así, no lograr corregir el rezago en comparación con la inflación que acumula 159,4% en lo que va de año.

 

 

El precio del dólar aumenta pero en un porcentaje menor que la inflación. En consecuencia, se aprecia el tipo de cambio real. El precio del dólar se abarata en comparación con el encarecimiento de los demás bienes y esa apreciación del tipo de cambio real se traduce en importaciones baratas que compiten ventajosamente con la producción nacional.

 

 

Cuando el BCV no puede contener la apreciación acumulada del tipo de cambio real, bien sea por falta de divisas para alimentar el mercado cambiario o porque hace pagos en bolívares a la nómina pública, proveedores y contratistas que inmediatamente tienden a convertir esos bolívares en dólares, entonces el tipo de cambio se dispara a grandes saltos.

 

 

Ante la certeza de que más temprano que tarde el precio del dólar pegará esos brincos, todo ingreso en bolívares tiende a convertirse en dólares. Y cuando finalmente el precio del dólar se dispara, entonces se recrudece la inflación.

 

 

Para frenar el precio del dólar, el gobierno aplica una política monetaria restrictiva con un elevado encaje legal que deja a los bancos sin liquidez para financiar la producción y el consumo privado, componente clave de la demanda agregada que mueve la economía. El gobierno impide la creación de dinero bancario pero sin dejar de emitir dinero sin respaldo para financiar su propio gasto.

 

 

Sin recuperación de los salarios será más difícil la recuperación económica

 

 

El costo del ajuste fiscal lo está pagando sobre todo la nómina de funcionarios públicos y jubilados cuyos salarios y pensiones permanecen congelados. En efecto, para reducir el déficit fiscal, el gobierno minimiza el peso de los salarios y las pensiones en el presupuesto nacional.

 

 

Esto castiga el consumo privado y repercute negativamente en la actividad económica que no encuentra mercado. Los bajos salarios limitan la demanda, contraen las ventas y agravan la caída de la producción agrícola e industrial.

 

 

La reducción del gasto público también se refleja en la falta de mantenimiento y desinversión en los servicios e infraestructura. La reactivación económica requiere servicios públicos de calidad, pero los frecuentes cortes de energía, el racionamiento de agua, la escasez de gas, la mala calidad de las telecomunicaciones, y la escasez de combustibles obligan a paradas no programadas de la producción y a incurrir en sobre costos que castigan la competitividad nacional frente a los productos importados.

 

 

Al no mejorar la recaudación de impuestos, el gobierno no puede aumentar la inversión pública, y así el gasto corriente y el déficit fiscal los financia con emisiones de dinero inflacionario. Cada vez que monetiza su déficit y lo financia con dinero inorgánico, en los hechos está aplicando un voraz impuesto inflacionario. Al inyectar esa masa de dinero a una economía contraída con altos índices de escasez, lo que hace es desquiciar los precios y recrudecer la inflación.

 

 

Un decálogo para vencer la inflación

 

 

Un decálogo al alcance de la mano para erradicar la inflación pudiera estar conformado por las siguientes medidas:

 

 

Nuevo marco legal y entorno institucional que garantice la seguridad jurídica, el respeto a los derechos de propiedad y la trasparencia en los trámites administrativos para estimular nuevas inversiones en empresas que compitan entre sí, en precios y calidad.

 

 

Superar los obstáculos estructurales que contraen la producción nacional a fin de generar una abundante oferta de bienes y servicios destinados a satisfacer las necesidades básicas y esenciales de la sociedad.

 

 

Erradicar los factores propagadores de la inflación derivados del financiamiento del déficit fiscal con emisiones de dinero sin respaldo en las reservas internacionales ni en la producción.

 

 

Implementar una política monetaria expansiva, que libere el encaje legal para reactivar el crédito a la producción y el consumo.

 

 

Dejar libre el precio del dólar hasta alcanzar una tasa de cambio que exprese la verdadera productividad y competitividad del aparato productivo nacional.

 

 

Racionalizar el arancel de aduanas y revisar la caótica apertura comercial en función de evitar la competencia desleal que desplaza y arruina a la producción nacional.
Incentivar la inversión privada para mejorar los servicios de agua, electricidad, gas, combustibles.

 

 

Ley de Concesiones a la inversión privada para repotenciar la infraestructura vial, ferroviaria, puertos y aeropuertos, así como la infraestructura nacional de telecomunicaciones.
Renegociar la deuda externa, incluyendo canje de deuda por participación accionaria en empresas públicas deficitarias, a fin de reinsertar a Venezuela en los mercados financieros internacionales.

 

 

Subasta de empresas expropiadas que terminaron quebradas por el burocratismo y la corrupción y dependen de las transferencias del gobierno derivadas de emisiones de dinero inflacionario.

 

 

Escuche el análisis completo en el nuevo podcast de Pedagogía Económica y Electoral https://t1p.de/0gx17

 

 

Víctor Álvarez

 

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