Los lobos cazan en manada

Posted on: noviembre 13th, 2022 by Maria Andrea No Comments

 

Los liderazgos de oposición compiten entre sí por la candidatura presidencial. La gente -es decir, ese conjunto tan variopinto que es el electorado- está muy confundida

 

 

Hay pocos lobos solitarios. De hecho, los que lo son tienden a una corta vida. La subsistencia y la fortaleza está precisamente en que son animales que entienden el poder de la manada.

 

 

Los liderazgos de oposición compiten entre sí por la candidatura presidencial. La gente -es decir, ese conjunto tan variopinto que es el electorado- está muy confundida. Al lío de varios partidos con la misma nomenclatura (algo que deberia estar claramente prohibido, si el CNE y la sala electoral del TSJ hicieran su trabajo por el que muy bien se les paga), se suma el no menos enrevesado percance de los Tityus discrepans (léase, alacranes), de los trashumantrs que se han mudado de organización política y, también, para completar la enrediña, los lobos solitarios.

 

 

Juan y Pedro y María y Juana y un largo etcétera no entienden nada. Y cuando entienden, pues prefieren esperar que alguna vez se pongan de acuerdo los aspirantes, los partidos, las ong.

 

 

Como éramos muchos y parió la abuela, ahora, dentro de los partidos, hay pleito por la candidatura a las primarias. Y el lío es cualquier cosa menos elegante. El electorado ve con grima el lío y se pregunta, con justa razón, a dónde diantres fue a parar la razón.

 

 

En la manada de lobos hay uno que es reconocido como el líder. No es por cierto el más grande, el más hermoso, o el que aúlla más fuerte. Es el que tiene las dotes para dirigir las acciones, el que se preocupa y ocupa de la manada, el que la protege, el que sabe cómo hacer de la cacería un acto conjunto. Cuida de los cachorros, de los débiles y las madres, y se asegura que de aquello que cacen se alimenten todos.

 

 

Tampoco el oficialismo, o como lo quieran llamar, está trabajando con la inteligencia e intuición de los lobos. Entre ellos también hay pleitos inútiles. Tienen a su favor que están en el poder. Pero tampoco hay un líder de la manada. Hay a lo menos tres o cuatro dedicados a las zancadillas.

 

 

Un lobo alfa se convierte en el líder cuando ordena sus prioridades. Cuando entiende que lo que importa es la manada.

 

 

Soledadmorillobelloso@gmail.com
@solmorillob

 

 

Estamos rotos, pero vivos

Posted on: septiembre 17th, 2022 by Maria Andrea No Comments

 

 

Durante estos largos meses escuché a muchos decir “nadie me entiende”. Pues yo sí lo entiendo y he vivido de manera muy próxima varias veces esta terrible experiencia de batallar contra el cáncer. Y de eso va “No te rindas”

 

 

Hace meses a mi marido le diagnosticaron cáncer. Muy severo. Y ahí comenzó un calvario. La vida, que luego de la pandemia habíamos conseguido reorganizar, se nos puso patas arriba. Me refiero a toda la vida, cada día, cada minuto, cada segundo, cada kilómetro, cada metro, cada centímetro.

 

 

Quizás porque escribir es mi oficio, decidí que poner en negro sobre blanco lo que ocurría día tras día era la única manera de cauterizar mi angustia. Así, una noche empecé a escribir. Como una suerte de bitácora de lo que pasaba y de lo que yo iba sintiendo. Escribía en mi teléfono celular. En noches y madrugadas lluviosas. En las salas de tratamiento. En pasillos en los que esperaba resultados de exámenes.

 

 

Mi marido tuvo varias crisis, varias hospitalizaciones y pasó por tratamientos extremadamente fuertes. Todo eso lo fui narrando. Escribí exactamente lo que yo sentía en cada escollo. Me prometí no alterar luego el texto, bajo el banal, baladí y tan fatuo argumento de “pulirlo para que el lector se enamore de él”. Me juré ser honesta y sincera. Y me comprometí a no esconderme tras las palabras.

 

 

A mi marido todavía no lo han dado de alta. Pero las largas y penosas semanas de radioterapia y quimioterapia ya culminaron, al menos por ahora. Y ya con un poquito de tiempo libre logré organizar esas notas y convertirlas en un libro: “No te rindas”. Es un relato crudo, desvestido de prurito, doloroso de escribir. Narra lo que nos pasó. Y conjugo en la primera persona del plural, porque el enfermo es mi marido, pero el cuidador también cae por el despeñadero. Yo caí tantas veces como él cayó.

 

 

No es un libro de autoayuda. Muy al contrario de lo que algunos predican, yo creo que el enfrentarse al cáncer como paciente, como cuidador de ese paciente y como profesional de la salud requiere mucha, muchísima ayuda profesional, personal y espiritual. El cáncer no es solo una enfermedad del cuerpo; contamina el alma. Y estoy segura que eso que llaman autoayuda es como suponer que la sed se puede quitar bebiendo unas cuantas gotas de agua.

 

 

Este libro no es para mí. Es para ayudar a pacientes y cuidadores. Y también a los que se fajan a curar. Durante estos largos meses escuché a muchos decir “nadie me entiende”. Pues yo sí lo entiendo y he vivido de manera muy próxima varias veces esta terrible experiencia de batallar contra el cáncer. Y de eso va “No te rindas”.

 

 

Mi marido y yo estamos finalmente saliendo de esta selva intrincada. Estamos rotos pero vivos.

 

 

 

Soledad Morillo Belloso

Soledadmorillobelloso@gmail.com
@solmorillob

La crisis tiene sus excepciones

Posted on: septiembre 24th, 2021 by Laura Espinoza No Comments

El sector de los educadores despertó la semana pasada con la novedad de un bono especial acreditado en las cuentas del personal. El monto fue de algo así como 1$

En 1989, El Diario de Caracas, periódico en el cual escribí como articulista algún tiempo, publicaba una frase: “La crisis tiene sus excepciones”. Se refería a una boda a todo trapo en Caracas, en medio de lo que ya se aceptaba como una crisis socioeconómica de magnas proporciones. Había ocurrido la toma de posesión presidencial, también desproporcionada y totalmente fuera de lugar dado lo que avecinaba con un paquete de medidas que se entendía era inevitable para poder “estabilizar la situación”. A los días de estos dos festejos se produjo ese asunto del 27 y 28 de febrero, que algunos tenemos muy fresco en la memoria, porque lo vivimos, nadie nos lo contó. La prensa nacional e internacional tituló con la frase “El día que bajaron los cerros”.

 

 

 

2021. En Venezuela hay la peor crisis política, social y económica que cualquier venezolano vivo pueda recordar. Y además estamos padeciendo el efecto de una pandemia que no se ha podido controlar y que sigue cobrando vidas. Los estudios de organizaciones de la sociedad civil y universidades ponen de bulto la mayor gama de calamidades. Susana Raffalli dice una verdad que para algunos es punzo penetrante, dolorosa: millones de venezolanos están lentamente muriendo de hambre.

 

 

El sector de los educadores despertó la semana pasada con la novedad de un bono especial acreditado en las cuentas del personal. El monto fue de algo así como 1$.

 

 

 

Pero el domingo las redes amanecieron inundadas con las reseñas muy descriptivas de una boda. Automáticamente recordé 1989 y aquel matrimoniazo que reseñó la prensa como una bofetada en los rostros de los millones que sufrían.

 

 

 

Llueven argumentos. A cuál más banal. Excusas a granel de lo injustificable. El sifrinismo es elocuente y gusta de darse bomba. Lo era en 1989 y lo es hoy en 2021. Santos Discepolo versaba su famoso tango “Cambalache” con la frase “despliegue de maldá insolente”.

 

 

No aprendemos. Ahora en 2021, está visto que sigue siendo vigente aquella frase de “la crisis tiene excepciones”.

 

 

 

El segundo capítulo, supongo, será la reseña de la luna de miel, que no creo vaya a ser en una posada de una estrella.

 

 

En fin, “… Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé. En el quinientos seis, y en el dos mil, también…”.

 

 

 

Panchito Mandefuá se asoma por la esquina, a ver si le dan sobras.

 

 

 

soledadmorillobelloso@gmail.com
@solmorillob

El barranco infinito

Posted on: julio 31st, 2021 by Laura Espinoza No Comments

Es bueno que los que están en el poder en el régimen y los que están en posiciones de liderazgo en la oposición (en los varios pedazos que hay) sepan y entiendan que están todavía a tiempo

Supongamos que de aquí a unos meses logramos salir de esta pandemia, tarde, pero lo logramos. Será entonces tiempo de enfrentarnos con la cruda realidad.

 

 

El nuevo presidente de Fedecámaras, paisano, se estrena. Pasados los momentos de recibir las palmadas en el hombro, y luego de quedarse a solas, imagino que le llegó el momento de angustia. Porque por mucho entusiasmo que sienta, sabe él que el panorama no es nada auspicioso, ni para el empresariado ni para el país.

 

 

Es rigurosamente cierto que el régimen puede hacer cosas para destrabar el juego. Para empezar, puede tomar decisiones menos ideológicas. Hablamos de derribar barreras que el mismo régimen creo y que hoy son su peor enemigo. Claro, muchos en su propio círculo de asesores le advierten que tenga cuidado con cambiar el discurso y la narrativa, pues al hacerlo puede empezar a parecerse a la oposición. Eso no es cierto.

 

 

Vietnam. Luego de una guerra horrorosa, el régimen impuso su ideología. Así fue durante años. Hasta que llegó el momento de entender que así no se lograba nada. Y si bien no renunciaron en ese régimen al diseño político, pues rediseñaron el modelo económico. Hoy Vietnam no es ni parecido a lo que era en tiempos de la posguerra. Y seguramente de aquí a unos años, habrá además una reforma política que permita algo que se parezca más a un sistema democrático que a ese absolutismo de un partido que todavía priva.

 

 

No sabemos qué es primero, si el huevo o la gallina. No voy a decir que Maduro es capaz de conducir el viraje que necesita dar Venezuela. De veras que me parece que le falta lo elemental: conocimientos, destrezas y liderazgo. Pero me pregunto cómo acortar el camino de la reforma que obviamente necesitamos. Si me fijo en los que hablan de esperar un revocatorio o las elecciones presidenciales en la fecha que “tocarían”, bueno, entonces tengo que apuntar que de aquí a allá el deterioro del país va a ser mucho peor que el que padecemos. Bien. Entonces hay que, o acortar los lapsos, o, lograr que las reformas económicas que son urgentes se produzcan antes que los cambios políticos.

 

 

Maduro no quiere soltar el coroto. Puede ser que los acontecimientos le pinten un escenario muy complicado. No son dos conchas de ajo lo que puede ocurrir en la CPI. Y nadie me va a convencer que en Miraflores y Fuerte Tiuna no están angustiados. Lo están. Pero también saben que eso, un posible proceso en esa instancia judicial, tomará tiempo. No es la escena de una película, es una película larga y de muy compleja producción, con muchos actores.

 

 

Bien. ¿Qué hacemos? ¿Nos encerramos en nuestras casas y nos plantamos? Si hacemos eso, pues morimos. De mengua.

 

 

Las elecciones del 21N me dan grima. Son un pichaque. Y no hay un solo candidato que me mueva el piso. Para completar el tedio, el CNE anuncia que habría penalización con cárcel para aquellos ciudadanos que incumplan su “deber” de actuar como miembros de mesa, en caso de haber sido seleccionados para tal función. La torpeza de ese anuncio no hay cómo adjetivarla. Han sumado así una razón más al portafolio de razones para no votar. Porque a juro, nada. Ni votar ni ser miembro de mesa. Sin embargo, aún sin haber tomado una decisión en firme, es probable que yo el 21N vote. Y espero que de aquí a ese día algo inspire a las organizaciones y los candidatos para que digan algo mínimamente interesante y espero, también, que el CNE deje de hacer amenazas estúpidas y los rectores tengan un discurso menos cursi y relamido.

 

 

No sé si habrá negociación en México. Espero que sí. Y espero que esas conversaciones no se vuelvan un torneo de quién grita más o quién construye la declaración más escatológica. Es bueno que los que están en el poder en el régimen y los que están en posiciones de liderazgo en la oposición (en los varios pedazos que hay) sepan y entiendan que están todavía a tiempo. Qué si el país se termina de hundir, pues los arrastrará al hueco. Y ese hueco es un barranco infinito.

 

 

soledadmorillobelloso@gmail.com
@solmorillob

El lenguaje del débil

Posted on: julio 10th, 2021 by Laura Espinoza No Comments

Las relaciones internacionales son cruciales para cualquier país. Y más ahora que el mundo ya no es ni ancho ni ajeno. No hay que estar de acuerdo en todo, pero sí intentar llevar las diferencias en sana paz

Se dice, y se dice bien, que los países no tienen amigos, tienen intereses. Que la diplomacia es el arte de hacer coincidir esos intereses, generar alianzas, amainar los disgustos y las diferencias y evitar (o cuanto menos aliviar) los conflictos.

 

 

Durante algún tiempo, Venezuela tuvo fama y reputación de ser un país que sabía tejer lazos. Era vista como una nación más bien apaciguadora y que no caía en aspavientos irritantes. Nuestra Cancillería y nuestro cuerpo diplomático se comportaban con prudencia y, cuando tocaba hablar acaso un poco más fuerte, pues lo hacían con elegancia, delicadeza y sindéresis. A nuestros embajadores y cónsules los conocían en el mundo como una orquesta que sonaba bien. Incluso en momentos difíciles en los que no concordábamos con países de la región o más allá, el lenguaje siempre era de altura. Acaso por eso la sangre no llegaba al río.

 

 

Las relaciones internacionales son cruciales para cualquier país. Y más ahora que el mundo ya no es ni ancho ni ajeno. No hay que estar de acuerdo en todo, pero sí intentar llevar las diferencias en sana paz. No se trata tan solo de evitar guerras. Puede que no esté planteado llegar a eso, pero incluso las discordias cuestan progreso y negocios contantes y sonantes. A veces, esos desencuentros se traducen en posibilidades truncadas. La política de puentes rotos termina dando al traste con oportunidades. Y cuando un país pierde una oportunidad, pues otro sacará provecho y al país que la perdió no le resultará nada fácil recuperarla.

 

 

Venezuela hoy tiene relaciones defectuosas con casi todos los vecinos y con muchos países importantes de la región y más allá de los océanos. No están totalmente rotos los nexos pero con muchas naciones tenemos relaciones mal avenidas que tienen pinta de divorcio. No tienen esas naciones interés alguno en un pleito con Venezuela. Pero, como me explicó un embajador acreditado en Venezuela y cuyo nombre me reservo, todo lo que tiene este país lo hay en otras partes y muchas naciones no practican la política de insultos por micrófono y redes.

 

 

Estas relaciones interrumpidas con ciertos países de nuestra cercanía nos han hecho, por ejemplo, tener que recurrir a obtener vacunas de lugares tan distantes como China y Rusia, obtener gasolina del lejanísimo Irán. Hacen que perdamos buenas tajadas en exportaciones. Que la comunicación aérea, sea complicadísima. Y en esta circunstancia de pandemia, ha empeorado lo ya estaba bastante mal.

 

 

Los jerarcas del régimen gustan de la pelea insensata. Del lenguaje hosco y desagradable. Bajo el argumento de la soberanía, la autodeterminación y el más lerdo concepto de orgullo, la realidad es una: se han peleado con medio mundo y le han caído a mandarriazos a relaciones de muchos años. Es como el tío malgenioso e insoportable, que se ha peleado con toda la familia y que toma cualquier oportunidad para insultar a toda la parentela. Llega el momento en que o no lo invitan más, o simplemente le darán fecha, hora y lugar equivocada del ágape. Y que se pierda.

 

 

Alguien, no sé quién, ni quiero saberlo, convenció a los jerarcas miraflorinos que es bueno decir pestes de los países y las organizaciones y organismos internacionales. Eso ya ocurría en tiempos de Chávez pero los de ahora parecen haber conseguido una nueva edición del diccionario de injurias. Cada declaración dinamita caminos. “Y así, con ese lenguaje, pues no se puede”, me apunta el embajador.

 

 

Hay un proceso de negociación. El mundo está atento. Pero sobre todo tienen los oídos bien abiertos los diplomáticos, que son los que tienen que “traducir” a sus respectivos gobiernos.

 

 

El insulto – y esto vale para todos – es el lenguaje del débil, de quien no tiene argumentos.

 

 

soledadmorillobelloso@gmail.com
@solmorillob 

 

 

 

Para decidir no votar siempre habrá tiempo

Posted on: junio 12th, 2021 by Laura Espinoza No Comments

 

 

Yo no tengo hoy la menor idea de si voy a votar el 21 de noviembre. Sé sí que voy a estar preparada para hacerlo. Y creo que todos debemos estar listos

Al cantante Raphael lo prepararon para un transplante de hígado. Estaba muy desesperanzado y cada día más deteriorado, pero igual lo preparaban para la posibilidad de que apareciera un donante. Una noche, inesperadamente, un muchacho sufrió un accidente, gravísimo, que le produjo muerte cerebral. Y entonces, esa noche, de la nada, surgió la posibilidad. Los padres del muchacho, a pesar del hondo y denso dolor, aprobaron la donación de sus órganos. Del hospital llamaron a Natalia (la esposa). A Raphael lo llevaron de urgencia y lo operaron esa misma noche. Si no hubiera pasado largos meses en preparación, no hubieran podido hacerle el trasplante. Cuatro meses después, recuperado, España lo aplaudió en el escenario.

 

 

El “under study” (así se llama al suplente) de un musical de Broadway ensayaba todos los días su parte. Cada noche se iba a la cama sin actuar. Sí, triste, con la ilusión hecha pedazos. Pero aun sin encontrar entusiasmo, todos los días ensayaba. Un día, el principal sufrió un accidente cruzando una calle. Algo menor, pero que le impedía actuar. Llamaron al “under study”, quien porque se había preparado estaba listo. Al día siguiente la prensa alabó su actuación y destacó los aplausos del público. En la temporada siguiente, fue protagonista de otro musical.

 

 

Los miembros de las fuerzas élites entrenan todos los días y hacen ejercicios de simulación de operaciones especiales que pudieran tener que enfrentar. Su operatividad y su éxito depende de eso.

 

 

La rutina hace la perfección. Eso piensa el bailarín que cada día realiza ejercicios y ensayos extenuantes. Eso piensa el deportista que cuida su alimentación y ejercita diariamente su cuerpo y su mente.

 

 

La democracia es eso, rutinas. Rutinas cotidianas para estar siempre preparado. Si no estamos preparados para votar, cuando podamos, puede darse que lleguemos a la posibilidad de votar, pero no estemos preparados para hacerlo.

 

 

La tiene muy dura y compleja Roberto Picón porque dentro de ese “nido” hay alacranes, ratas, culebras y toda clase de bichos. Pero él no tiene que ceder, tiene que empecinarse. Empezó con retraso y con falencias comunicacionales, pero lleva días con notables mejoras. Picón es un buen tipo y un técnico extremadamente conocedor de la materia electoral. Es un profesional capaz y bien preparado que quiere hacerlo bien. Y eso es oro en polvo. Quizás (porque es un venezolano muy decente) se confundió al principio. Creyó que la maldad se vence con bondad. Y no es así. Se vence con inteligencia.

 

 

Yo no tengo hoy la menor idea de si voy a votar el 21 de noviembre. Sé sí que voy a estar preparada para hacerlo. Y creo que todos debemos estar listos. Todos los días reviso la página del CNE para certificar que sigo ahí en el Registro Electoral. Votar es mi derecho. Caray, ni siquiera estoy segura que estaré viva para esa fecha. Y por supuesto que estas elecciones me parecen insuficientes. Deploro las declaraciones de un rector que habló de “medianamente transparentes”. Pero que él sea medianamente mediocre no me hace contagiarme de su mediocridad y mentalidad de conformismo. Soy inmune a esas enfermedades. A mí nadie me desvía de mi concepto de trabajar para la excelencia.

 

 

Le digo a los jóvenes y no tan jóvenes que no están inscritos en el RE que lo hagan.

 

 

Hay que preparar todo y prepararse para votar. Para decidir no votar siempre habrá tiempo.

 

 

 

Soledad Morillo Belloso

soledadmorillobelloso@gmail.com
@solmorillob

Cuando yo digo “No es No”

Posted on: agosto 7th, 2020 by Maria Andrea No Comments

 

Esto no se trata de elaborar sobre el día siguiente de lo que sería un proceso electoral ilegítimo, ilegal e inmoral. Se trata de liderar un proceso de “no participación” desde ya

 

 

Julio de 1942. Aquel caluroso día de verano en la Francia ocupada unos setenta y cuatro mil judíos fueron detenidos y llevados a empellones al Vél’ d’Hiv’ en el 15° arrondisement de París. Allí fueron retenidos por largos días, sin alimentos y en las más precarias condiciones sanitarias. No había baños disponibles y se veían obligados a hacer sus necesidades en las esquinas del velódromo. Los vecinos de la zona cerraban las ventanas, tal era el hedor que inundaba el aire. Pasados unos días estos miles de judíos, en su inmensa mayoría de nacionalidad francesa, fueron enviados a otras ciudades del país y luego de allí transportados a esos campos de exterminio que los nazis habían instalado en la Europa del Este. Muy pocos sobrevivieron. El “episodio” es recogido por la historia como uno de los actos más vergonzosos. Fueron oficiales y policías franceses al servicio del gobierno de Vichy quienes comandaron y ejecutaron aquella redada. Y fueron muchos los conciudadanos franceses quienes miraron hacia otro lado.

 

 

Narro esta página deplorable de hace ya muchos años como prólogo de lo que me asalta cada noche cuando el insomnio me impide poner en sedación mi angustia.

 

 

 

El mariscal Petain había sido el gran héroe de la Primera Guerra Mundial. Era extremadamente respetado y apreciado. Y sin embargo fue él quien aceptó la cohabitación con los nazis en la Francia ocupada. Usó todo tipo de convincentes artimañas y argumentos para acceder a aquel pacto inmoral que condujo a esa página de indecencia que fue el gobierno de Vichy. Por cierto, los jerarcas franceses de ese gobierno vivieron muy bien durante esos años. Los nazis se aseguraron que no pasaran privaciones y gozaran de comodidades casi impensables en medio de la guerra. Incluso recibieron muchos de los bienes que les fueron incautados a los judíos y a otros grupos que también fueron víctimas de persecusiones. Y entretanto, el pueblo soportaba penurias.

 

 

Petain y otros voceros nacionales y regionales de aquel gobierno de Vichy tenían buena labia y no fueron pocos los franceses que compraron sus planteamientos y engañifas. No faltan aún hoy pretenden defender aquello. Pero Francia entendió luego de aquel monumental error ortográfico en su historia que una negociación que denigra a la República no es una negociación, es una transacción, es un negocio inmundo.

 

 

La dignidad no es una simple palabra almibarada presta para discursos y textos publicados en medios y redes. Para saber de ética y moral no es necesario tener elegantes estudios. Se trata al fin y al cabo de saber distinguir el bien y el mal y no creer que es posible y decente zambullirse en la mediocridad sin que ello tenga consecuencias nefastas. La mal llamada Mesa de Acuerdo Nacional tiene el mismo olor indigno e indecente de aquel obsceno gobierno de Vichy en la Francia ocupada. En aquel momento de la historia, no todos los franceses fueron dignos, decentes y morales. No es cierto que todos los venezolanos sean gente ética y de bien.

 

 

27 partidos han anunciado su negativa a participar en la farsa de elecciones que es un acuerdo entre los usurpadores (iguales a los nazis invasores) y la Mesa de Acuerdo Nacional (copia del gobierno de Vichy). El comunicado que anuncia la decisión aporta suficientes argumentos de peso. No voy a repetirlos en este espacio. Ahora falta que se explique con sencillez y claridad a la población la enorme diferencia que existe entre “no participación” y “abstención”, conceptos que no son sinónimos, aunque algunos quieran decir que son lo mismo. Falta también que esa “no participación” se convierta en un poderoso hecho político, que vaya mucho más allá de un comunicado de cientos de palabras. Ya han empezado a publicarse los apoyos internacionales. Eso es necesario pero no basta.

 

 

Esto no se trata de elaborar sobre el día siguiente de lo que sería un proceso electoral ilegítimo, ilegal e inmoral. Se trata de liderar un proceso de “no participación” desde ya. Activo, no pasivo. El pueblo rebelándose. El pueblo gritando “cuando yo digo No, es No”.

 

 

Petain y sus farsantes fueron juzgados y condenados por traición a la patria. Y aún hoy la sola mención de sus nombres produce repulsión en los franceses.

 

 

soledadmorillobelloso@gmail.com
@solmorillob

 

La nueva trampa

Posted on: julio 31st, 2020 by Periodista dista No Comments

 

Hay mucho sufrimiento metido entre pecho y espalda. Mucha angustia y desesperación. Todo duele. Se hacen cuentas. Los activos despedazados. Y los pasivos son enormes

Hay fracasos indisimulables. Eso es lo que pasó en Venezuela en el pueblo que alguna vez apoyó esta Revolución delirante por el poder que cacareó como gallina clueca un amor que en realidad era incapaz de sentir. Esa relación, esa juntura, esa simbiosis se desintegró; las ilusiones no sobrevivieron en un trágico mar de falsedades y mentiras. El amor entre la Revolución y el pueblo murió porque la Revolución jamás amó al pueblo.

 

 

Pero el país está ahí, herido, adolorido, con el corazón hecho pedazos, necesitado de nosotros sus buenos hijos. La Revolución nos hundió en un pantano, nos volvió una nación asfixiada por la destruccion. Pero hizo algo mucho peor: nos aisló de nosotros mismos, nos convirtió en un territorio en el que nos perdimos, un espacio en el que no nos reconocemos Ahora nos toca armar el rompecabezas de las piezas rotas. Nos toca formalizar el divorcio de la revolución. Nos toca romper todas las cadenas que nos convirtieron en esclavos.

 

 

El problema está en cómo disolver en los hechos lo que ya ocurrió en las emociones. Eso es un trámite complejo. Al fin y al cabo, solo hay dos tipos de divorcios, los malos y los peores. Y éste es de los peores.

 

 

Hay mucho sufrimiento metido entre pecho y espalda. Mucha angustia y desesperación. Todo duele. Se hacen cuentas. Los activos despedazados. Y los pasivos son enormes. Están las cuentas por pagar, las deudas y las hipotecas, los millones de papelitos que recibieron como respuesta millones de promesas que fueron a parar a un cuarto oscuro en los sótanos de Miraflores. Todo eso está ahí sobre las pieles heridas de millones de venezolanos convertidos en víctimas.

 

 

¿Qué tenemos hoy? Una nación plagada de deudas, hundida en una pestilente riada de negocios truculentos, con servidores públicos contaminados a quienes se les dio la orden de mirar para otro lado cuando vieran los bochornosos robos al erario regional. Y hay que salir de este círculo vicioso. ¿Cómo?

 

 

No hay fórmulas mágicas ni rápidas. Pero hay que estar alertas, tener mucho cuidado. Hay quien pretende ahora vendernos una agenda de pragmatismo pecaminoso, un plan de mediocridad, la obscena propuesta de “pasar la página”, como si eso fuera decente o mínimamente etico. Unos paladines de la vulgaridad están ahí, en las redes, en los medios, en mesas, con su lenguaje cargado de citas célebres, infiltrados como parásitos. Quieren hacer cambios en los que ellos puedan hacerse de poder.

 

 

La recuperación de nuestro país no será asunto de coser y cantar. Eso lo sabemos. Nadie en su sano juicio se cae a cobas. Pero no se puede comprar la procaz agenda que le plantean al país y al mundo estos traficantes. La solución no está en ese pragmatismo que pretenden imponernos unos que se dicen oposición y no son sino oportunistas. La solución está en abrir los cinco sentidos, dejar de cometer estupideces, no comprar palabrería de churriguerrescos rufianes. Hay que limpiar de crápulas las posiciones de decisiones.

 

 

Somos hoy un país capaz de pararse frente al espejo y emprender una nueva vida. Es decir, un país que con la mirada en el futuro -y habiendo dejado ya de supurar vergüenzas- trabaje con denuedo por curar las heridas del pasado y se dedique a armar un porvenir válido y valioso. Yo creo que sí se puede. Pero atención a las triquiñuelas de asaltantes de caminos. Están al acecho. Detrás de esas sonrisas, esos versos almibarados y esos discursos pegostosos está la nueva trampa.

 

 

soledadmorillobelloso@gmail.com
@solmorillob

Y esa hora llegará

Posted on: mayo 30th, 2020 by Laura Espinoza No Comments

 

 

Algo que luce fuerte en realidad no lo es y en un momento cae -sí, basta un segundo- con estrépito y dejando por un tiempo el aire cargado de partículas

 

 

Hay un número casi infinito de chats de WhatsApp operando en Venezuela. De todo tipo, sabor, color y olor. Y tendencia. Se nos dice hasta el cansancio que borremos las notas incómodas, esas líneas o mensajes de voz – personales o de trabajo – que nos pueden poner, digamos, en situación comprometedora. Lo hacemos. Y creemos, tontamente, que estamos a salvo de infidencias de cualquier contertulio. Pero internet es un invento que los seres humanos no podemos controlar. Es una tecnología en cuyo uso intervienen la razón y la emoción. Y todo deja rastro. MacLuhan, hasta hoy el mayor genio en materia de comunicación (el resto, me perdonan, a pesar de sus muchos y tan rimbombantes títulos, son meros principiantes comparados con él), lo advirtió: que maravillosa la aldea global sería, pero que tendría sus pros, muchos, y sus contras, muy amenazantes contras; que nos haría muy fuertes y, también, paradójicamente, mucho más débiles y vulnerables.

 

 

Basta con que alguien comente con otro alguien lo que alguien dijo o escribió en otro chat. Basta usar esa función del “copy&paste”. Basta usar la función “compartir”. Siempre le he aconsejado a empresarios y políticos con quienes he trabajado que no digan o escriban “en privado” algo que no puedan decir o escribir “en público”. Que uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice. Ah, pero los farsantes de oficio, esos de insoportable pedantería, esos traficantes que se creen superiores, dueños y señores de la comarca, suponen que sus parrafadas se quedarán “entre panas”, o entre cómplices, diría yo más bien. Como si su autocongratulada situación los convirtiera en intocables. La petulancia del régimen nazi, ese estar pagados de sí mismos, los llevó a que filmaran, fotografiaran y detallaran en pormenorizados reportes las atrocidades cometidas. Esos elementos se convirtieron en evidencias que engrosaron los sumarios de los juicios a los que fueron sometidos. No cupo entonces el “yo no fui”. No hubo lugar a la negación de la indiscutible evidencia.

 

 

Políticamente, Venezuela está hoy por hoy dividida en varios toletes. Está lo evidente: Maduro y su banda de usurpadores y secuestradores del poder versus Guaidó, la Asamblea Nacional y su legítimo grupo con vasto apoyo nacional e internacional. Si es cierto aquello de “no basta con que tengas la razón; es indispensable que te den la razón”, pues el segundo grupo no solo la tiene, además se la dan. Sin embargo, en la escena de esta tragedia de muchos centavos hay otros grupos. Hay los extremistas de siempre, que nada de raro tienen y que, por cierto, no esconden sus posiciones, planteamientos e intenciones. Son elementos conocidos. Tirios o troyanos, todo el mundo sabe quiénes son. Tienen al menos la honestidad y la gallardía de no esconderse.

 

 

Pero hay individuos y grupos sinuosos, maquillados, con caretas. Operan en la trastienda, entre bambalinas, agazapados tras gruesos telones de cobardía. Expertos en medias tintas, en lenguaje almibarado, en discurso guabinoso, en ser voces que repiten lo acordado prevalidos de artificiales conglomerados de bots. Y son, para decirlo en tono de calle (nunca voy a renunciar a mi modo parroquiano de hablar y escribir) “cara e tabla”. Llenan medios y redes con frases cuchis con las que pretenden lucir como caballeros y damas de altura, que sudan Chanel #5, con un refinamiento cultural y social que no es sino una flaca capita de “pancake” académico. Y fingen. Simulan sorpresa y estupor ante las barbaridades del régimen, aunque no solo las conocen antes de que ocurran sino que, para peor, en muchas participan como cercanos asesores estrategas. Acabamos de ver un ejemplo de esa impostura. El buque iraní, a pocas horas de arribar a territorio venezolano, comienza a trasegar (¿gasolina, fuel oil?) a un barco cubano. A los pocos minutos en redes aparecen frases grandilocuentes (siempre churriguerescas) aparentando sorpresa y reclamando. Lo hacen con la desvergüenza del farsante. Su calculada táctica busca colocar tablas para caminar sobre arenas movedizas.

 

 

¿Cuánto tiempo ha de transcurrir antes que este tinglado caiga? Es una pregunta para la que nadie tiene respuesta precisa. Se llama fatiga del metal. Algo que luce fuerte en realidad no lo es y en un momento cae -sí, basta un segundo- con estrépito y dejando por un tiempo el aire cargado de partículas, una nube densa que dificulta la visión.

 

 

Piensan los farsantes que cuando eso ocurra, en medio de la confusión, esos tuits de falsa indignación les bastarán para el conveniente ejercicio del “yo no fui”. No sacan bien las cuentas. Muchos de sus comentarios escritos en privados grupos de WhatsApp de panas han sido escrupulosamante guardados, con fecha y hora, y están a buen resguardo. Y serán expuestos cuando llegue la hora de sacar cuentas. Y esa hora llegará.

 

 

soledadmorillobelloso@gmail.com
@solmorillob

 

 

Dos señoras, pizza y una propina

Posted on: junio 29th, 2019 by Laura Espinoza No Comments

 

Los tipos de las policías que me vigilan en todo lo que hago deben estar aún pensando cómo hacer publicidad con este asunto, buscando destruir mi reputación, mientras yo sigo ahogada de la risa.

 

 

De este país se puede uno cansar, hartar, desenamorar, quejar, desesperar, desilusionar y muchos más verbos. Pero jamás se dejará de asombrar. De haber sido un venezolano de estos tiempos tan estrafalarios, Ionesco no pasaría de ser un escritor costumbrista si de narrar las cosas que aquí ocurren se tratara.

 

 

El domingo fui a almorzar con una muy querida amiga que se hallaba de visita por estos lares margariteños. Mi marido se quedó en casa y yo ya hacia las tres de la tarde fui a buscarla. Escogimos ir a comer pizza, que es una comida que para ambas tiene amables recuerdos de domingo, ella por razones de cuando era estudiante universitaria y yo de memorias de tiempos de la primera adolescencia cuando el papá de una de mis más queridas amigas nos llevaba a comer esa exquisitez en el club italo venezolano de Caracas, para aquel entonces apenas en inicios de construcción. Allí, en una suerte de galpón, servían una pizzas que cuando las rememoro se me hace la boca agua.

 

 

La tarde estaba preciosa y particularmente agradable. En la pizzería – un lugar de una sencillez placentera – había suficientes comensales como para que el local no luciera depresivo. El mesonero fue gentil al atendernos y degustamos las pizzas disfrutando de darle a la sinhueso en una amena conversa. El tiempo corrió demasiado rápido y cuando menos acordamos caía la tarde.

 

 

A la salida nos detuvimos en la caja para hacer el pago de la propina, pues nos había sido solicitado que lo hiciéramos aparte de la cuenta y en un punto de venta electrónico habilitado para tal propósito. Así lo hicimos, llevé a mi amiga a su casa y me regresé a la mía donde me esperaba mi marido con la noticia del triunfo de xxxx sobre xxxx en la Copa América. Hasta ahí el cuento no tiene nada de singular y usted, amigo lector, no entiende a santo de qué le puede importar que está escribidora haya ido a comer pizza con una amiga una tarde de un domingo de junio en Pampatar. Lo bueno, créame, viene a seguir.

 

 

La mañana del lunes recibí en mi correo electrónico el reporte detallado de la operación bancaria, que revisé por mera disciplina. Copio a seguir lo que leí en el comprobante de la operación correspondiente a la mencionada propina.

 

 

Mercantil informa las operaciones realizadas en puntos de venta con tus Tarjetas Mercantil: OPERACION 01 CANAL: PUNTO DE VENTA MAESTRO OPERACION: CONSUMO NOMBRE DEL COMERCIO: ORGASMOS SEXSHOP NUEVA ESPARTAVE NUMERO DE TARJETA DE DEBITO: -*****06XX CUENTA DEBITO: CUENTA CORRIENTE -*****35XX MONTO: BS. 8.000,00 FECHA DE LA OPERACION: 23/06/2019 HORA DE LA OPERACION: 17:31:29 PM NRO. DE AUTORIZACION:0415XX NRO. DE OPERACION:60307XX

 

 

Mi marido puede dar fe del incontrolable ataque de risa que me hizo casi convulsionar.

 

 

Claro, la “aneda” que es de antología, la compartí de inmediato con familiares y amigos. Y recibí varios comentarios que bien vale la pena compartir con mis lectores, aunque sólo sea porque no todo en esta tierra puede ser que hasta las a cujies lloren de dolor. Mi marido: “No quiero ni imaginar qué clase de servicios merecieron esa propina”. Un compadre: “Veo que fue un almuerzo con final feliz”. Una amiga: “mija, dime dónde es esa pizzería”. Un amigo muy pana: “valió la pena esa tarde”. Otro compadre: “Comadre, eso es lo que yo llamo pizza con ñapa”.

 

 

Los tipos de las policías que me vigilan en todo lo que hago deben estar aún pensando cómo hacer publicidad con este asunto, buscando destruir mi reputación, mientras yo sigo ahogada de la risa.

 

 

No me digan que Venezuela no es única…. Ja, ja, ja.

 

 

 

soledadmorillobelloso@gmail.com 

@solmorillob