En una terminal pequeña en Valencia, a dos horas de Caracas, se ha desviado gran parte del tráfico que llegaba al aeropuerto de Maiquetía, el principal aeropuerto internacional de Venezuela. La infraestructura ha sufrido daños en el edificio y también en la pista tras los terremotos que golpearon el norte del país. Aunque el régimen de Delcy Rodríguez no ha detallado la afectación ni explicado los planes de contingencia, las largas filas de pasajeros comienzan a desbordar los aeropuertos alternativos. Hay hasta tres horas de espera para poder sacar una maleta y retrasos de hasta 12 horas en los vuelos.
La información oficial es escueta, pero se sabe que las pistas de Maiquetía resultaron agrietadas por el doble sismo. Hace ocho días fue rehabilitada una de ellas para la llegada de los vuelos con rescatistas y ayuda humanitaria, que están bajo la coordinación de las fuerzas militares estadounidenses.
Las autoridades de aeronáutica venezolanas informaron en un comunicado oficial que los vuelos internacionales para aterrizar o despegar de suelo venezolano necesitarán una autorización previa. El NOTAM (aviso a aviadores), que inicialmente tendría vigencia hasta este viernes 3 de julio, fue extendido recientemente hasta el 9 de julio. El aviso oficial detalla que las restricciones aplican a las operaciones internacionales de aviación general; es decir, los vuelos privados, ejecutivos y otras operaciones no regulares.
El sector aéreo resultó seriamente afectado. Entre los residentes habituales de La Guaira hay pilotos, personal de apoyo, aeromozas y sobrecargos, en una región en la que el aeropuerto era el centro de la economía. No se sabe cuántos han sobrevivido, fallecido o se encuentran aún desaparecidos. Además de la recuperación física del edificio de la terminal y las pistas —que tomará al menos tres meses, de acuerdo con lo dicho a Bloomberg por especialistas estadounidenses que evaluaron la infraestructura—, la pérdida de personal crítico para la operación también hace difícil la reactivación, incluso a una capacidad reducida.
Por El País








