Un tribunal rechazó este miércoles una petición de la Sociedad Rastafari de Kenia para permitir el uso de cannabis con fines religiosos, en un caso abierto en 2021 en el que esta comunidad alegaba que la prohibición vulnera su libertad de culto.
El juez Bahati Mwamuye, del Tribunal Superior de Kenia, desestimó la demanda, aunque no impuso el pago de costas a los peticionarios, según explicó a EFE Shadrack Wambui, uno de los abogados de la Sociedad Rastafari, a las puertas de la corte en Nairobi.
Según el magistrado, corresponde al Parlamento y a las instituciones competentes, no al Poder Judicial, decidir si el país debe avanzar hacia una reforma de su política sobre el cannabis.
Aunque rechazó la petición, el tribunal ha abierto la puerta a un debate público sobre el futuro de la marihuana en el país, al señalar que su consumo se ha extendido en Kenia y que la situación actual parece difícil de sostener.

Una práctica «espiritual»
«El tribunal ha desestimado la petición. Está claro por las caras de la gente que no están contentos con el fallo», afirmó Wambui tras la lectura de la sentencia.
El abogado adelantó que la comunidad presentará en los próximos siete días un recurso contra el fallo ante el Tribunal de Apelaciones.
«La esperanza no se ha perdido. Esta es solo una de las etapas que teníamos que agotar», subrayó el letrado, quien defendió que la cuestión puede llegar incluso al Tribunal Supremo, máxima instancia judicial del país.
Los rastafaris impugnaban varios artículos de la Ley de Estupefacientes y Sustancias Psicotrópicas, una norma de 1994 que castiga la posesión de marihuana con penas de hasta diez años de cárcel y elevadas multas.
La Sociedad Rastafari sostenía que la marihuana, conocida localmente como ‘bhang’, forma parte de su práctica espiritual y pedía una despenalización limitada para su uso en espacios de culto y ceremonias religiosas.
Sin embargo, el juez consideró que los demandantes no lograron demostrar suficientemente que la prohibición de esa sustancia vulnerase sus derechos constitucionales ni la centralidad del cannabis en su práctica religiosa.

«Nada por lo que sonreír»
Unos treinta rastafaris acudieron este miércoles al tribunal, algunos con gorros y camisetas con los colores representativos de esa comunidad (rojo, amarillo y verde), y esperaron el fallo en los pasillos.
Algunos también corearon consignas en favor de la libertad al ritmo que marcaban cinco tamborileros a las puertas del tribunal.
«No hay nada por lo que sonreír», declaró a EFE Mwendwa Wambua, portavoz de la Sociedad Rastafari de Kenia y primer peticionario del caso, tras conocer la decisión.
«Llevamos seis años aquí buscando justicia. Los rastafaris somos buenas personas. No vinimos a pelear ni a matar a nadie. Vinimos a los tribunales a luchar por justicia», añadió.
Wambua aseguró que la comunidad continuará su batalla legal porque «cuando una puerta se cierra, otra se abre».
«Sólo queremos que el Gobierno nos dé nuestra libertad. La paz llega cuando hay justicia, y negarnos nuestros derechos es injusticia», afirmó otro miembro de la sociedad.

Una identidad reconocida por la justicia
Los rastafaris consideran el cannabis parte de sus prácticas de meditación y denuncian que la legislación actual facilita el acoso policial, los registros arbitrarios y las detenciones por pequeñas cantidades.
Kenia reconoció de facto la protección religiosa de algunos elementos de la identidad rastafari en 2019, cuando un tribunal sentenció que expulsar a una alumna de una escuela por negarse a cortarse las rastas vulneraba sus derechos religiosos.
El movimiento rastafari, nacido en Jamaica en la década de 1930, tiene una fuerte dimensión panafricanista y considera al antiguo emperador etíope Haile Selassie I (1930-1974) una figura divina.
En Kenia, algunos miembros de la comunidad también vinculan sus rastas con la memoria de los Mau Mau, combatientes anticoloniales que lucharon contra el dominio británico en los años cincuenta y sesenta.
Aunque rechazó la petición, el tribunal abrió la puerta a un debate público sobre el futuro de la marihuana en el país, al señalar que su consumo se ha extendido en Kenia y que la situación actual parece difícil de sostener.









