Se cuenta y todavía cuesta creerlo. Salvador Allende prefirió la dignidad de la muerte, antes que aceptar la realidad de un fracaso general que culminó en Augusto Pinochet
Después de décadas de retórica vociferante en contra de Washington, y después de haber malogrado la gran oportunidad histórica del siglo XXI, en nombre de una farsa revolucionaria que ha saqueado y tiranizado al país, ahora resulta que Trump y Rubio son los jefes supremos, con la particular connivencia del poder establecido.
Se cuenta y todavía cuesta creerlo. Salvador Allende prefirió la dignidad de la muerte, antes que aceptar la realidad de un fracaso general que culminó en Augusto Pinochet.
Para los mandoneros del poder, este es lo único que cuenta. Siempre fue así, pero ahora todo se hace tan grotesco que no hay elucubración de «analista académico» que valga.
Lo único que vale son los billones de dólares que los mandoneros y sus satélites se han robado, a costa del pueblo. No es una tragedia griega sino caribeña. La más profunda y extendida de la historia. Lo digo sin ningún ánimo de exagerar.
Nunca la viabilidad del país había estado encadenada a la Casa Blanca. Nunca. Y la ironía máxima es que tal naufragio es consecuencia del llamado «socialismo del siglo XXI»…
El titánico desafío es el renacimiento de una República Civil y Democrática y soberana. Luchemos para que las vueltas del destino no sigan castigando a la patria, sino que impulsen caminos para el cambio de raíz que se anhela con justicia y libertad.
Fernando Luis Egaña








