Durante la mayor parte del siglo XXI, el poder establecido transmutó al país en una colonia cubana. La paradoja es que los recursos económicos estaban acá mientras su control estaba allá. Una metrópoli pobre ejercía un poderío férreo sobre una provincia colonial, rica en términos comparativos. No es común eso. Es paradójico.
Los mandoneros de la supuesta revolución en nuestro país decidieron hacerse colonia de la gerontocracia antillana. Fidel se convirtió en el jefe indiscutido, representado por su pupilo y su camarilla y para que no hubiera dudas hasta virreyes hubo.
Razones de variada índole podrán alegarse para semejante atrocidad histórica. Para mí la clave está en que Fidel enseñó a su pupilo a mantenerse en el poder y en ese tenebroso período, la nación fue saqueada de punta a punta.
Lo cual continuó después del fallecimiento de Chávez y Fidel. Y en verdad se agravó, hasta que la farsa no se pudo seguir manteniendo, porque la olla quedó vacía, en medio de un latrocinio sin parangón en los tiempos modernos de la humanidad, y no exagero ni un ápice.
Ahora, luego de la extracción, y al tiempo que Cuba se hunde en el fondo de la historia, nuestro país sigue con la soberanía confiscada. La hegemonía de acá se acomoda sin disimulos a los dictados de Trump, muchos de los cuales pueden ser de beneficio para el conjunto de la población, pero ese no es el aspecto central de estas breves líneas.
Sí lo es, en cambio, el derecho que tiene Venezuela a reconstruir la república civil, democrática y soberana. Derecho aplastado en la larga época de la colonia cubana y derecho que debe hacerse valer como prioridad del interés nacional.
Se entiende que hay realidades que exigen estabilidad política y económica, y que la tragedia venezolana no es posible revertirla en un dos por tres. Pero precisamente por ello es que es indispensable la legitimidad democrática fundada en la soberanía popular. Otra cosa no sería, sino el protectorado de Washington que los mandoneros y sus cómplices ya aplauden como un destino ideal que les permita seguir medrando. Espero que se queden con las ganas.
Y los venezolanos de buena voluntad podamos reconstruir a Venezuela, con todo el apoyo internacional que haga falta.
Fernando Luis Egaña









