Entre promesas y asfalto: Gobierno anuncia nuevo plan de vialidad bajo la sombra de la crisis de infraestructura

Entre promesas y asfalto: Gobierno anuncia nuevo plan de vialidad bajo la sombra de la crisis de infraestructura

En un contexto marcado por el avanzado deterioro de las principales arterias viales de Venezuela, el vicepresidente de Obras Públicas, Juan Ramírez Luces, y la ministra de Transporte, Jacqueline Faría, anunciaron este fin de semana la creación de un nuevo “Plan de Obras Conjuntas de Vialidad y Transporte”.

Pese a la retórica de «optimización» y «transformación significativa» difundida en redes sociales, el anuncio carece de precisiones técnicas, fechas de ejecución o asignaciones presupuestarias, dejando en el aire si se trata de una solución estructural o de un nuevo paliativo mediático.

Articulación institucional: ¿Solución o burocracia?

Durante el encuentro, Ramírez Luces enfatizó que la «articulación» es la clave para garantizar servicios de calidad. Sin embargo, para los usuarios habituales de las autopistas nacionales y del sistema de transporte público, estas declaraciones contrastan con la realidad de vías a oscuras, fallas geológicas sin atender y una flota de transporte superficial diezmada.

“El objetivo es fortalecer la infraestructura de nuestro país”, afirmó Ramírez, sin mencionar cómo se abordarán las críticas de expertos sobre la falta de mantenimiento preventivo que ha llevado al colapso de puentes y alcantarillados en los últimos meses.

Prioridades bajo la lupa: ¿Vías nacionales o fachadas religiosas?

Mientras el Ministerio de Transporte busca proyectar una mejora en la «experiencia de viaje», el foco de la gestión también parece desviarse hacia proyectos estéticos y religiosos. Ramírez Luces adelantó que sus cuadrillas avanzan en la restauración de la Iglesia Nuestra Señora de Altagracia, en el centro de Caracas.

Si bien la preservación del patrimonio histórico es relevante, la ejecución de trabajos de «embellecimiento» en templos —en plena crisis de movilidad nacional— levanta interrogantes sobre la jerarquización de los recursos públicos.

  • El contraste: Mientras se destinan cuadrillas para «dignificar» espacios religiosos, los conductores en el interior del país denuncian que las troncales principales permanecen intransitables, afectando el traslado de alimentos y bienes básicos.

  • La constante: Al igual que en planes de obras anteriores, el hermetismo sobre las empresas contratadas y el origen de los fondos para el plan de vialidad sigue siendo la norma.

El éxito de este «Plan de Obras Conjuntas» dependerá de si los resultados trascienden la propaganda oficial en redes sociales. Hasta ahora, la «transformación significativa» prometida por Faría y Ramírez se enfrenta al escepticismo de una ciudadanía que padece diariamente el colapso de los servicios públicos y la desinversión en el mantenimiento del parque vial venezolano.

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