El geólogo Eduardo Malagnino explicó que la energía liberada por el sismo de magnitud 7.5 fue equivalente a la de unas 260 bombas atómicas como la de Hiroshima.
Un movimiento sísmico de 7.2 seguido, en poco tiempo, por otro de 7.5 sacudió Venezuela durante la madrugada. El fenómeno afectó especialmente a Caracas y el estado de Guaira. El evento generó daños materiales y una gran incertidumbre en la población. Las autoridades confirmaron que se trató de dos sismos independientes y no de una réplica intensa del primero.
Malagnino detalló que, en este episodio, los dos sismos no corresponden al esquema habitual de un gran terremoto seguido de réplicas menores. “Es muy raro que las réplicas sean del mismo valor o superiores al sismo inicial. En este caso, lo más probable es que sean dos sismos, porque hay un arreglo tectónico bastante complejo en esta zona”.
Para dimensionar lo ocurrido en Venezuela, Malagnino precisó: “Un sismo de 6 equivale a una bomba atómica como la de Hiroshima; uno de 7 equivale a la energía que libera 35 veces la bomba de Hiroshima”. El sismo venezolano, de 7.5, liberó energía comparable a unas 260 bombas nucleares. Sin embargo, descartó que la Tierra se haya movido como no lo hacía en 1.200 años, como se había sugerido en algunos medios.
La escala de magnitud utilizada es logarítmica, por eso un incremento de un punto implica una energía mucho mayor. Malagnino subrayó que un sismo de magnitud 10 es prácticamente imposible en condiciones endógenas del planeta, ya que no existe capacidad para acumular tanta energía.
Predicción, réplicas y posibilidad de tsunamis
Sobre la posibilidad de anticipar sismos, Malagnino afirmó que la tecnología actual no permite prever la fecha exacta de un evento, aunque sí identificar zonas de riesgo. Explicó que existen indicadores geofísicos, como variaciones en el campo magnético, microsismos y deformaciones del terreno, que pueden aumentar la probabilidad de un sismo, pero todavía no es posible preverlos con precisión.
Respecto a las réplicas, el geólogo indicó que tras un gran sismo, el reacomodamiento de bloques provoca movimientos de menor intensidad. Estos pueden continuar durante días o semanas, pero tienden a disminuir en magnitud.

En este episodio, la alerta de tsunami se desactivó rápidamente porque la naturaleza del sismo no reunía las condiciones geológicas necesarias. Malagnino enfatizó que, incluso si se hubiera generado un tsunami, la velocidad con la que ocurre no habría dado margen para emitir una alerta efectiva.









