Lo que para el resto del mundo es una cifra insignificante, para millones de trabajadores y pensionados en Venezuela es una sentencia mensual. Al cumplirse cuatro años sin ajustes en el salario base, el ingreso mínimo legal se ha pulverizado hasta alcanzar los 0.27 dólares mensuales, una cifra que sitúa al país no solo en el último escalón de América Latina, sino en el foso de la economía global.
El «baipás» al Artículo 91 de la Constitución
La actual política salarial ignora de forma sistemática el Artículo 91 de la Constitución (CRBV), el cual establece taxativamente que «todo trabajador o trabajadora tiene derecho a un salario suficiente que le permita vivir con dignidad y cubrir para sí y su familia las necesidades básicas».
A pesar del mandato constitucional que obliga al Estado a ajustar el salario tomando como referencia el costo de la canasta básica, los 130 bolívares permanecen inamovibles. Este estancamiento no es solo una cifra estática; es una erosión constante de los derechos adquiridos, ya que este monto es la base para el cálculo de prestaciones sociales, vacaciones y bonos de antigüedad, dejando el patrimonio histórico del trabajador en niveles de inexistencia técnica.
La brecha entre la realidad venezolana y los estándares internacionales es, hoy en día, un abismo documental. Mientras el Banco Mundial y la ONU sitúan el umbral de pobreza extrema en $2.15 diarios, el trabajador venezolano percibe $0.009 al día.
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Estándar Internacional: $64.50 mensuales (pobreza extrema).
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Realidad Venezolana: $0.27 mensuales.
Esta diferencia del 23,800% evidencia que el salario mínimo en Venezuela ha dejado de cumplir su función económica para convertirse en un valor simbólico que no cubre ni el 1% de las necesidades calóricas de un adulto.
¿Qué se compra con 130 bolívares?
En la práctica, los 130 bolívares han dejado de ser moneda de intercambio para bienes esenciales. En el mercado actual, este monto no alcanza siquiera para adquirir un litro de leche o un cartón de huevos. El ciudadano se enfrenta a una economía donde el «salario» ha sido sustituido de facto por un sistema de bonificaciones que no impactan en los beneficios laborales a largo plazo, creando una masa de trabajadores activos en situación de mendicidad funcional.
El salario mínimo y la pensión en Venezuela hoy equivalen a 27 centavos de dólar americano, el más bajo del mundo.
Un pago de hambre estancado en 130 Bs. desde hace 4 años, que se devalúa día a día y es la base para calcular prestaciones, beneficios y demás pagos laborales.
Los… pic.twitter.com/MaDOKurZFB
— PROVEA (@_Provea) April 5, 2026









